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Luminarias del progresivo en tierra azteca

Los excesos, la filigrana, el manierismo, la rimbombancia del rock progresivo. Parecían prácticas condenadas al olvido. Digo, el punk buscó eso, aniquilar, acabar con el virtuosismo, pero la historia es conocida: no se acabaron las demostraciones de musicalidad, solo brotaron en pastos más fértiles.

El rock progresivo siempre ha sido denostado, pero luego de más de 40 años vida, la necedad se mantiene como su mayor cualidad. Por eso la frecuente formación de nuevas agrupaciones y proyectos como The Aristocrats y Transatlantic.

Guthrie Govan llegó tarde a la cita, pero valió la pena. El guitarrista (brillante profesor, dicen su alumnos de la Guildford’s Academy of Contemporary Music y ex integrante de Asia) fue llamado de último momento para cubrir el lugar de Greg Howe al lado del bajista Bryan Beller (Steve Vai, Mike Keneally, entre otros) y el baterista Marco Minnemann (de amplio palmarés) para un único concierto.

La historia no tiene nada de sobresaliente, pero sí sus resultados. Los tres se dieron cuenta de la cohesión y así nació The Aristocrats, una banda de fusión en donde el centro es el progresivo, y de allí deriva al jazz, y hasta el metal en algunas ocasiones.

Cuenta Govan: “La química fue tan grandiosa que cuando bajamos del escenario dijimos que deberíamos grabar”. Varios meses después se reunieron en Chicago y luego de dos semanas tenían un álbum epónimo en donde las influencias de los clásicos (King Crimson, Return to Forever, Frank Zappa), se tienden la mano con los  guitar heroes (Steve Vai, Joe Satriani).

“Usamos —dice Beller— nuestras influencias para escribir para cada uno de nosotros. Compongo piezas con la guitarra de Govan en mente y viceversa”. The Aristocrats giraron con frecuencia durante 2012 y resultado de ello fue Boing, We’ll Do it Live, CD/DVD en donde el concepto solidificó. Un año después, Culture Clash, la segunda placa del trío vio la luz. Como su predecesor, es un trabajo en el cual abunda la fusión y los solos, principalmente de Govan, pero en donde básicamente brilla la integración de tres elementos que pueden iluminar cualquier rincón en el cual posen sus pies y que hacen de The Aristocrats una banda sin fisuras.

TRANSATLANTIC: LA REUNIÓN DEL SUPERGRUPO

Neal Morse (teclados), Mike Portnoy (batería), Pete Trewavas (bajo), Roine Stolt (guitarra) y Daniel Gildenlow (teclados) conocen de excesos. Ya saben, giras maratónicas, largos conciertos, abundantes solos, etcétera. Ellos cinco, como Transatlantic, fueron capaces de componer  “The Whirlwind”, tema desafiante para estos tiempos con sus 79 minutos y 52 segundos de duración.

El quinteto es un supergrupo formado por  elementos que han tocado, o aún lo hacen, con Spock’s Beard, Flying Colors (Morse), Dream Theater, Flying Colors (Portnoy), Marillion (Trewavas), Flower Kings (Stolt) y Pain of Salvation (Gildenlow), al tiempo que mantienen proyectos solistas; músicos que no necesitan probar nada, pero con ganas de divertirse.

Si uno logra sobreponerse a lo mastodóntico de una composición como “The Whirlwind”, entonces entrará a un atractivo universo, porque cuando estos cinco dominan los egos, entonces son capaces de gestar rock progresivo de altos vuelos. El grupo grabó SMPT:e (2000), considerado “de “lo mejor que se ha escrito en rock progresivo” (All Music Guide); Live in America y Bridge Across Forever (2001), antes de que Morse decdiera encauzar su vida hacia la música cristiana, con lo cual la banda entró en un largo periodo sabático.

En 2009 se volvieron a reunir y de allí surgió The Whirlwind (2009), al cual siguió el CD/DVD An Evening With Transatlantic. Whirld Tour 2010, con sus cinco horas de duración. Expansivos, incapaces de detenerse, los integrantes de Transatlantic forman una extraña mixtura. Por un lado tenemos la sobriedad de Trewavas y Stolt, quienes difícilmente se mueven en el escenario, pero que no por ello dejan de ser muy expresivos, especialmente el guitarrista que dialoga ampliamente con el teclado de Morse, músico de innegable talento y mucha imagnación cuando llega el momento de desplegar un solo.

Gildenlow, por su parte, es la personalidad que aporta los vientos de frescura. Es el más joven, pero no el menos experimentado. Sus aportes balancean, imprimen equilibrio, a él se deben muchos de los toques de extravagancia que aparecen diseminados a lo largo de la obra de Transatlantic y su empuje en vivo (en realidad él es un integrante para los directos) es determinante. El show, la espectacularidad, van de la mano de Portnoy, baterista salvaje, tal vez no con la mejor de las técnicas, pero sí con mucho brío. Sus flirteos con el metal son conocidos y sin duda buena parte de la estamina irradiada por la agrupación se debe a él.

Ahora, Transatlantic arriba a suelo mexicano con una nueva obra Kaleidoscope, un trabajo, adivinaron, marcado por el exceso. Sin embargo, ¿podría ser de otro modo?

The Aristocrats, 28 de enero, Sala Telefónica Roberto Cantoral, 21:00 hrs. (habrá una clase magistral a las 16:00 hrs. el mismo día); Transatlantic, 11 de febrero, Teatro Metropolitan, 21:00 hrs.  

David Cortés

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