QrR

Luis de Tavira: “Hay que aprender qué cosa es la esperanza”

Entre ciudadanos, autoridades y guardias divididos, Luis de Tavira recibió la presea Vasco de Quiroga en Pátzcuaro por su trabajo al frente del Centro de Arte Dramático de Michoacán.
Entre ciudadanos, autoridades y guardias divididos, Luis de Tavira recibió la presea Vasco de Quiroga en Pátzcuaro por su trabajo al frente del Centro de Arte Dramático de Michoacán. (Alegría Martínez)

Entre ciudadanos, autoridades y guardias divididos, Luis de Tavira recibió la presea Vasco de Quiroga en Pátzcuaro por su trabajo al frente del Centro de Arte Dramático de Michoacán.


Esta semana la noticia proveniente de Michoacán tuvo que ver con el teatro. El  28 de septiembre por la tarde, dos centenas de sillas al centro de la Plaza Vasco de Quiroga, en Pátzcuaro, fueron ocupadas por madrinas de las fiestas conmemorativas, estudiantes, amas de casa, jóvenes, niños, profesionales, autoridades estatales, municipales, regidores, el gobernador saliente, un enviado del entrante y hasta un exgobernador, incluidos soldados, fuerza ciudadana y policía municipal. Luis de Tavira, fundador del Centro de Arte Dramático de Michoacán (Cedram), recibió la medalla que lleva el nombre del primer obispo de Michoacán, por haber concebido y hecho realidad, hace diez años, un centro de formación escénica y un teatro rodante que ha llevado este arte a más de 560 comunidades de la entidad solo en los últimos cinco años.

Profesionales de la escena, formados en el Cedram, dirigen, actúan, diseñan vestuario y escenografía, conducen, arman el tráiler llamado Rocinante, que despliega su escenario y gradería para ofrecer funciones de teatro a comunidades enteras que descubren en la escena, a lo largo de más de 106 mil kilómetros recorridos, “una imagen privilegiada de los sufrimientos y alegrías comunes”, como dijo el galardonado.

A los pies del monumento en honor al humanista nacido en 1470, la banda de guerra interpretó el Himno Nacional, al término de los honores a la bandera presididos por una escolta de soldados armados. Acompañado de su familia, el maestro, dramaturgo, pedagogo y director de escena fue abrazado individualmente por quienes conformaron esa diversidad de seres humanos, reunidos ahí para celebrar la entrega XXXIII de la presea Vasco de Quiroga, otorgada por decreto a “personas, instituciones o asociaciones que se hayan distinguido por sus actividades humanísticas, artísticas y científicas, o que por sus virtudes cívicas hayan honrado a México, Michoacán o la ciudad de Pátzcuaro”.

El grupo de danza tradicional Eréndira, ataviado con sus huanengos (blusas bordadas en punto de cruz), faldas tableadas (rojas para las señoritas y negras para las señoras), su faja, delantal y su cabello trenzado con listones de colores, esperó paciente que terminaran fotos y abrazos de los hombres trajeados para poder acercarse al recipendiario de la medalla, que detonó un hondo suspiro de aprobación general cuando después de los discursos oficiales, hizo referencia a una alteración del ánimo alojada hace tiempo la población.

“Dicen que alguna vez alguien salió al ancho mundo para aprender qué cosa era el miedo. Los tiempos que vivimos han conseguido que semejante aprendizaje se adquiera con la mayor facilidad y sin necesidad de moverse. Ha llegado el momento de salir al encuentro de los otros para alcanzar un sentimiento que responda a nuestras inquietudes y aspiraciones: hay que aprender qué cosa es la esperanza.”

Bajo el vuelo de las palomas que cruzaban la plaza rodeada de construcciones blancas con techos de teja, estructuradas en la  típica retícula cuadrada del Renacimiento, a unos pasos de la  Basílica de Nuestra Señora de la Salud, con veladoras sin llama que encienden su luz al recibir una moneda, cerca de la Casa de los Jesuitas —hoy Casa de Cultura—, del Templo del Sagrario con su piso de madera y muy cerca de la mezcalería El Carajo y de las hermosas artesanías de chuspata, barro, textiles y bordados de ensueño, hubo quienes detuvieron su paso, sin dejar de saborear su helado de pasta, para escuchar al homenajeado: “A veces doliente o lacónico, sonoro o profético, a través del esfuerzo de los hombres, esfuerzo de corazón y del espíritu, en la emulación de las ideas y de las sensaciones, más allá de las voces estridentes, agotadoras y agotadas del mercado y de las demagogias, estancado o próspero, el teatro permanece”, remató.

ALEGRÍA MARTÍNEZ


< Anterior | Siguiente >