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Lucy en el cielo con galletas

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(Karina Vargas)

“LA NIÑA SCOUT QUE SE PUSO A VENDER GALLETAS FRENTE A UNA CLÍNICA DE MARIGUANA.
Esta semana una joven de San Francisco, en California, ha demostrado que la intuición para los negocios de los scouts no conoce limites, utilizando una original y exitosa estrategia comercial. En apenas dos horas vendió 117 cajas de galletas.”
Jaime González. BBC Mundo. Viernes 21 de febrero de 2014.

Ron salió frustrado de la clínica: a pesar de pertenecer al programa Medicare, en el dispensario se habían agotado ya las reservas de marihuana. Era la tercera vez que hacía fila en vano.

En la puerta de entrada, una chica de 12 años en uniforme scout vendía galletas en un puesto. La imagen de aquella chiquilla inocente y radiante le devolvió un poco de alegría a su ánimo desolado y decidió llevar una caja, como premio de consolación.

La niña le preguntó: “¿Desea llevar de las normales, las especiales, las premium o las ultrapremium?”. Ron se desconcertó. Al notar su titubeo, la sonriente scout le solicitó su receta; cuando le echó una hojeada al papel con sello oficial, lo devolvió y sentenció: “Le conviene llevarse al menos tres cajas de las especiales, y aparte le doy de regalo una caja de las normales: mantequilla, vainilla o chocolate, la que usted prefiera. La clínica de atrás tiene mucha demanda y siempre hay desabasto; para conseguir la cantidad de cannabis que usted requiere tendría que desplazarse hasta Washington y, créame amigo, gastará tanto que no tendrá sentido contar con el Seguro de Salud a Bajo Precio”.

Ron se quedó pensativo unos instantes, mismos que la ninfa de mirada de cordero aprovechó para ofrecerle una muestra gratis. Saboreando el jengibre con regusto semiamargo, aclaró: “Pero la Administración de Alimentos y Medicamentos solo aprueba el tratamiento de glaucoma con gotas, no mediante la digestión”. “¡Pamplinas!”, replicó la pequeña. “Un médico de Tijuana, México, descubrió que la ingesta de cannabis acelera el proceso regenerativo del nervio óptico. Salió en el Blog de Medicina Alternativa”.

Los efectos de la galleta hicieron un increíble efecto en su organismo, pues desaparecieron sus molestias y sintió un inusitado entusiasmo. “¿Qué galleta es esa?”. “Una de nuestra línea Premium, enriquecida con alcaloides naturales de la selva amazónica. Cuestan un poco más, pero nuestros clientes quedan satisfechos y prácticamente todos han mejorado sus vidas”. “Quizás lleve diez cajas”. “Diez cajas, mmm…, excelente idea, amigo, pero no tengo esa cantidad ahora mismo, aunque si no tiene usted inconveniente podemos ir a nuestra bodega scout, se encuentra a media cuadra de aquí. Vamos, tome otro pedazo”. Ron dudó, pero la niña lo animó: “Usted tiene receta. Los Estados Unidos y la DEA castigan delincuentes, no a ciudadanos enfermos”.

En fracción de segundos, la scout colocó sobre el puesto un letrero que decía: “Salí a hacer una fogata”, y dando brinquitos encaminó sus pasos hacia una cercana fábrica abandonada, seguida por el alegre Ron. Llegaron a una salida trasera de emergencia, la chica tocó un timbre oxidado, una dulce voz con timbre femenino sonó a través de un interfón: “¿Quien es?”, la chica respondió: “Lucy”. “¿Qué desea?”. “Compartir con usted una información sobre el libro de Baden Powell”. Sonó un chirrido y la puerta se abrió.

Traspasaron tres puertas metálicas, que Lucy abría tecleando códigos de seguridad, hasta llegar a una enorme área donde varias scouts fabricaban y empaquetaban galletas. En un rincón, dentro de una jaula, se encontraba una sensual mujer adulta, vestida con uniforme scout, detrás de un escritorio con computadora, rodeada con monitores que mostraban todos los accesos a la bodega. “Es la Vieja Loba”, explicó la chiquilla, “nuestra recepcionista, secretaria y administradora”. La mujer le sonrió a Ron y lo saludó desde lejos con la mano. Lucy prosiguió: “¿Sabe? Nuestro negocio de galletas ha prosperado y tuvimos necesidad de contratar gente mayor; aunque el negocio está libre de impuestos no queremos problemas con el Tío Sam”.

Ron alzó la vista y detectó otras scouts adolescentes que custodiaban desde el primer piso, portando armas de alto poder. Al notar su desasosiego, aclaró guiñándole el ojo: “Es nuestra Manada de seguridad. En las transacciones callejeras manejamos dinero en efectivo, no falta el maleante que nos vigile, nos siga y quiera pasarse de listo, haciéndonos una desagradable visita”.

Enseguida, varias scouts dispusieron una mesa con charolitas de galletas de diversos colores. Lucy lo invitó a la degustación. “Un caballero que se lleva un mínimo de diez cajas tiene derecho a probar nuestro bufet selecto, para que escoja el material de su preferencia: Hidroponica, Blue Berry, Moby Dick, White Widow, Skunk, Jack Herer, Sensei Star, Chocolope, AK-47, Somango y, dentro de las ultrapremium, tenemos El Golpe de Hulk, con extractos de pasto Durba, cosecha de altura del Tíbet, pero de esa solo podemos ofrecer un gramo”.

Sonó el timbre. La Manada de Seguridad cortó cartucho. Ron se intranquilizó. La Vieja Loba atendió la visita a través de una diadema con micrófono: “¿Quien es?”. “Lucy”. “¿Qué desea?”. “Compartir con usted el mapa del Pueblo Diminuto de las Rocas”. “¡Vete a pasear! Dile a tus papis que la fábrica se desmanteló”.

Lucy suspiró y calmó a Ron: “Agentes infiltrados enviados por la industria farmacéutica. No pueden entender que un grupo de frágiles niñas scout los estén desplazando”.

Ron probó diversas galletas que le hicieron sentir poderoso. “¿Y si quiero llevarme más de cien cajas?”. Lucy silbó. “Es posible, si es que trae tarjeta bancaria”.

Ron entregó su plástico lleno de impaciencia, comiendo galletas a puños. Dando brinquitos, Lucy ingresó a la jaula de la Vieja Loba y realizó la venta.

Increíblemente mejoró la visión del enfermo de glaucoma, quien con los sentidos agudizados, no perdía un solo movimiento de la Vieja Loba, quien cruzaba las piernas, meneaba sus pechos y levantaba su grupa, como si hiciera un discreto espectáculo de table dance.

Cuando Lucy le devolvió su tarjeta, el intoxicado Ron, con los ojos inyectados, temblando y babeando, preguntó: “¿Cuánto por montar a la Vieja Loba?”. Parpadeando con ingenuidad, Lucy carraspeó: “Ejem… ¿Perdón?”. Ron gritó: “¡¿Cuánto por hacer aullar a esa hembra enjaulada con uniforme scout?!”.

Enseguida, varios agentes SWAT ingresaron al área, apuntando a Ron con sus armas. El capitán le ordenó: “¡Al piso! ¡Manos sobre la nuca!”. Ron desconcertado y temeroso, musitó: “Soy inocente, poseo receta”. Lucy rió: “Fue un grave error hacerle propuestas indecorosas a una niña scout. La policía grabó la evidencia”.

Los agentes catearon a Ron y lo esposaron. A pesar de que se le advirtió que guardara silencio, pues cualquier declaración suya podría ser usada en su contra, preguntó: “¿Y mi cargamento?”, recibiendo como respuesta un culatazo.

Lucy regresó a su puesto y vendió galletas hasta el anochecer.  

 Rafael Tonatiuh

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