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Los perros de Adrián Curiel Rivera

En "Día franco" ofrece cinco historias de hombres y mujeres sumidos en la que llama “la edad pantanosa de la madurez”.
En "Día franco" ofrece cinco historias de hombres y mujeres sumidos en la que llama “la edad pantanosa de la madurez”. (Carolina Depetris)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Verónica Maza Bustamante


El escritor mexicano presenta Día franco, colección de relatos donde se mete en la piel de perros salvajes, en la de un autor frustrado, un anciano, un homosexual y una mujer amante de los canes, acercándonos a lo extraordinario de lo cotidiano.


Platicar de cualquier cosa con Adrián Curiel Rivera es una delicia, porque tiene un sentido del humor particular que te invita a compartir la risa mientras, a la vez, se apropia de su faceta de académico para explicar asuntos relacionados con la literatura. El escritor de obras como Blanco Trópico, Vikingos y Bogavante, actualmente es director del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM, en Mérida, lo cual no lo ha llevado a dejar la escritura, sino por el contrario: su nuevo libro de cuentos ha sido editado por Difusión Cultural de la UNAM y está a la venta.

En Día franco ofrece cinco historias de hombres y mujeres sumidos en la que llama “la edad pantanosa de la madurez”, individuos que pretenden tomar las riendas de las circunstancias hasta que éstas los hacen sus víctimas. Todos ellos aparecen rodeados en mayor o menor medida por perros que, “como en la vida misma, a veces parecen surgir de la nada, colman la rutina con su presencia, rompen los silencios con sus aullidos”.

En el primero, que da título al libro, un hombre homosexual se toma una jornada libre pero se ve sumergido en varias tragedias, unas más cotidianas que las otras, que enfrenta con aceptación y valentía. En “Salida número catorce” —una de las mejores historias—, un hombre casado ve rota su rutina por la presencia de una atractiva mujer que lo invita a reencontrarse y una oleada de perros sublevados.

También somos partícipes, en "Influyentes", de las reflexiones de un escritor insomne, padre primerizo, que rumia sus fracasos ante el injusto éxito ajeno. En “Te extraño, bestia”, conocemos a una mujer que decide liberarse de su promisorio futuro con un doctorado para vivir al día como mesera, mientras sostiene conversaciones telefónicas con su perro Filomeno. Al final, conocemos a un ex periodista en su vejez, víctima de una familia poco comprensiva en una ciudad de Mérida en donde está nevando.

En entrevista, Adrián Curiel Rivera nos cuenta cómo es su proceso creativo y los motivos que lo llevaron a escribir este volumen, que se lee en una sentada pero cuyo recuerdo se disfruta durante mucho tiempo más.

Si publicar una novela es difícil, ¿lo es aún más tratándose de un libro de cuentos?

Ahora se tiene un prejuicio sobre el cuento, y no sé por qué, pues forma parte de la tradición latinoamericana y tiene muchos lectores. Se tiene la idea de que la gente lo que quiere leer son novelas, cuando el cuento puede tener una lectura mucho más reposada y relajada. Pero sí, en general es difícil hoy en día publicar lo que sea, aunque pareciera que no es así por la cantidad de libros que salen al mercado.

Tú eres novelista y cuentista. ¿Hay una diferencia para ti entre los géneros en tu proceso de escritura?

Yo me considero un narrador en general, y me atrae transitar de la novela al cuento y viceversa. También me gusta el ensayo, como una posibilidad más de hacer y hablar sobre literatura. El cuento es un trabajo más artesanal, más de orfebre, no porque en la novela se pueda decir cualquier cosa, también hay que cuidarla, pero es más dilatada. Cortázar decía que la novela era una pelea de resistencia y el cuento una que tenía que ganar el boxeador por knock out.

Tus cuentos en "Día franco" rescatan lo asombroso de lo cotidiano. Son personajes como cualquiera de nosotros, que encierran dramas que, al ser comunes, no lo parecen.

Siempre me ha interesado mucho la cotidianidad en sus distintas facetas, lo extraordinario que hay en lo ordinario. Esto parte de toda una tradición de la narrativa estadunidense y me gusta explorar cómo el asunto más trivial puede generar una empatía con el lector porque es una experiencia que ha vivido y está a su alcance.  No siempre reacciona pensando que pudiera haber hecho lo mismo, quizá reflexiona en la posibilidad de una experiencia contraria. A pesar de lo común, hay toques de ficción en el libro.

En “Salida número catorce” se plantea una epidemia de perros que raya en lo fantástico pero, a la vez, lo demás suena habitual, por lo que no sabes si es una alucinación del personaje o un símbolo de sus propios miedos representados como perros atados que de pronto se sueltan.

Es mi cuento favorito. He escuchado cometarios de lectores que me preguntan por qué lo incluí si no es realista y los demás sí lo son. Les respondo que es más realista que los otros. Uno de los puntos es el abandono de las convicciones, de la familia, sin que se sepa por qué, como suele suceder.

Creo que cada uno de tus cuentos podría volverse novela. Me gusta que en tan pocas páginas puedas atrapar al lector y hacer que quiera seguir sabiendo más sobre los personajes que los habitan.

Hubo un esfuerzo de mi parte por plantear estos relatos creando pequeños mundos autosuficientes. Pero lo que pedía el material que estaba trabajando era convertirse en relatos, en historias breves, y así quedó. Día franco se puede conseguir en Fomento Editorial de la UNAM y en varias librerías.


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