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Los beneficios eróticos del chuchuluco

EL TRUMPÓDROMO

El Doctor Trumpóniko


Desde mi torre del centro de Manhattan observo a la gente que camina por la Quinta Avenida de esta ciudad que me pertenece. Se ven insignificantes, y lo son. Hombres y mujeres que no tienen un sueño, que van y vienen sin entender que lo que necesitan es ser gobernados por un hombre de verdad, fuerte y gallardo, como yo. Un hombre que les cumpla sus sueños para que alcancen la grandeza que les pertenece. Por eso, reflexiono en las alturas que mi mejor legado será regalar, durante mi campaña, un chuchuluco rubio a cada votante que quiera descubrir los beneficios eróticos de este indispensable artilugio del amor.

A mí me ha resultado. Gracias a mi peluquín he podido ligarme a muchas mujeres de todas las nacionalidades, bellezas cuyo corazón he ganado no por mis cuentas bancarias, sino por mi peinado de galán otoñal que pasa sus vacaciones en la Costa Azul en lugar de en Malibú, playa que se ha convertido en semillero de frijoleros, by the way. No, señores, ustedes no necesitan verse como la plebe, sino como yo, y un cabello postizo será el comienzo de una ilusión erótica que les durará cuatro años cuando menos, se los prometo. 

Ninguno de los suspirantes a llegar a la Casa Blanca podrá ofrecerles esta meta. El espacio erótico está aquí y ahora, solo necesitan votar por mí, recibir su implante quitapón y aprender a utilizarlo para las artes del placer. Tengo 62 años y lo que sé del amor lo aprendí con mis rubios pelos postizos encima de mi cabeza. ¡Que suenen guitarras distorsionadas, que necesitamos rock! Enciendan sus ánimos, arrejúntense a sus mujeres o admiren a mi hija Ivanka (la cual nunca estará a su nivel, losers, pero se pueden hacer chuchulucos mentales pensando en ella) y prepárense para su iniciación como aprendices (¡qué bueno es volver al camino ya recorrido!).

Lamentablemente el sueño americano está muerto. Pero si resulto electo presidente, haré que Estados Unidos vuelva más grande y mejor, más fuerte que nunca antes. Como decía Michelle Obama… no, perdón, como decía Barak… no, como decía Jolopo… ¿o era Juan Gabriel? En fin, como decía alguien, el sol nace para todos y se entrega con amor, no distingue las fronteras ni las razas ni el color. Bueno, las razas sí, pero para eso construiré un muro más alto que la Torre de Babel…

Regresando a lo erótico, yo, su verdadero líder universal, les recomiendo que se pongan el cuchuluco donde quieran. Por supuesto, el look original es en la cabeza, pero si quieren ponérselo en la otra cabeza, adelante. El chiste es sentir el power, la enjundia que otorga. 

Tengo una fortuna de ocho mil millones de euros, pero eso no sirve salvo para comprar el lote de peluquines que les regalaré. Lo importante es que se sientan más fuertes que un chino, más chambeadores que un mexicano, más excitantes que un paisano en vacaciones en Los Cabos, mientras portan el artificio del amor. Ahí está, es suyo, úsenlo.

No olviden votar por mí. Soy su terapeuta erótico, pero también seré su futuro presidente. In God we trust, hermanos (las hermanas no me importan, a menos que tengan buenos implantes). Hasta la próxima.


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LAS TRUMPAS DE FALOPIO

Para la clase de anatomía del día de hoy, les presentaré una lámina en donde podrán ver la manera en que voy a ligar las trumpas de falopio de los chinos, los japoneses y los mexicanos.


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MELANIA, MI AMOR

Quiero aprovechar esta tribuna para decirles que mi esposa busca humanizarme, no ridiculizarme. En su bello cuerpo de tentación que tanto me costó, lleva un alud de detalles íntimos, tiernos y vulnerables que la llevan a apoyarme como puede, pero como aún no hay silicona que agrande las ideas, mi chica contrata plagiadoras y repite lo que ellas escriben sin chistar. No es su culpa, ella es más bonita que cabrona.

Yo soy mejor que la kryptonita y ella lo sabe. Viene de un pequeño y hermoso país comunista de Europa central, pero luego de que la rescatara de la ignominia en esa tierra de nadie, me defiende como un perro. Sabe que soy su hombre, tu hombre, el hombre de todos. También que me pongo duro… perdón, que soy duro cuando debo serlo.

¡Gracias, baby! Mañana te deposito para que te compres tus bolsitas Chanel y la gargantilla Tiffany que te gustó. ¡Muack!

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