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Lesley Gore: Es su fiesta (y llora si quiere)

Lesley Gore
(Waldo Matus)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Miguel Cane

Si existe una figura en la constelación de la música pop anglosajona que fue el equivalente a nuestra Angélica María a nivel popularidad en su época de oro, sin duda esa es Lesley Gore.

Rubilinda y ojiazul, Lesley (nacida Lesley Sue Goldstein en Brooklyn el 2 de mayo de 1946, aunque criada como niña bien en un suburbio de clase alta en Nueva Jersey, en el seno de una familia judía no practicante dedicada a los textiles) fue descubierta por el gran Quincy Jones —revolucionario de su era y uno de los productores favoritos de Frank Sinatra en su madurez, a quien le debemos también fenómenos como Michael Jackson— a los 16 años de edad, cuando todavía estaba en preparatoria y prestó su carita de ángel, y peinado de harto crepé, para poner imagen y voz a lo que resultó ser una canción emblemática.

En abril de 1963, la Mercury Records lanzó el single de 45 revoluciones It’s my party, canción pegajosa y eminentemente bailable que trata acerca de cómo a la narradora su noviecito, un tal Johnny, va y le pone los cuernos con una zorra llamada Judy en plena fiesta de cumpleaños, dejándola humillada y bañada en lágrimas. La canción se convirtió en un exitazo que llegó al número uno del hit parade. El coro, inolvidable, que reza It’s my party and I cry if I want to, cry if want to, you would cry too… if it happened to you! muy pronto se incorporó al lexicón popular y desde entonces la canción ha sido covereada por todo Dios y su vecino —incluyendo al mismísimo dandy de Roxy Music, Bryan Ferry, que en su versión no cambió el género de la letra, haciéndola interesante—. Fue tal el éxito, que no solo acabó en himno para una generación de jovencitas y algunos adolescentes homosexuales, también hizo que Lesley tuviera que continuar sus estudios por correspondencia (las giras y presentaciones la apartaron de la escuela, para disgusto al principio de sus padres, que soñaban con una adolescencia ligeramente más convencional para su guapa princesa), ese mismo año apareció en la radio una canción “secuela” —algo muy común en ese entonces, adecuadamente titulada Judy’s turn to cry, en que la narradora le aplica la venganza a la joven mancornadora y se cobra a lo chino las muchas lágrimas derramadas en su arruinada fiesta de cumpleaños—. Otro gran éxito de ese tiempo fue You don’t own me, balada extrañamente sombría en tempo de valse, considerada uno de los primeros temas protofeministas del pop-rock, en la que busca establecer su independencia y personalidad, señalándole al galán en turno que no es su juguete y que no puede mangonearla ni prohibirle que salga con otros muchachos que, uno presume, son menos controladores que el sujeto en cuestión.

Popular entre la tropa, Lesley siguió teniendo éxitos radiales hasta fines de la década, cuando su estilo dulce y virginal comenzó a ser opacado por nuevas tendencias: el folk elegante de Joni Mitchell, la sofisticación lisérgica de Grace Slick (la líder de Jefferson Airplane cuya inquietante White Rabbit se convertiría en la canción tema por excelencia de adictos a los alucinógenos alrededor del mundo), la belleza mecánica de Nico (la del Velvet Underground), la cadencia abundante de Mama Cass Elliot o el alarido primario y blusero de esa criatura del señor llamada Janis Joplin.

Como ya no pegaba tanto como antes, Lesley —que coquetearía con un rock más denso y también con la música country— decidió aprovechar que todavía era joven y estaba a tiempo de (semi) retirarse para dedicarse a lo que le diera la gana; en este caso, reanudar su educación y así fue cómo se matriculó en la Universidad Sarah Lawrence, donde se tituló con honores en la carrera de Literatura Inglesa y Estadunidense.

En 1980, y en mancuerna con su hermano menor, Michael, escribió algunas canciones originales para la banda sonora del exitoso musical cinematográfico Fama —¿lo recuerdan?— incluyendo la canción que cantaba Irene Cara y I sing the body electric, himno escolar y emocionante, con alusión a las poesías de Walt Whitman, que cierra la película con un gran moméntum. Por esto, fue nominada a un Oscar de la Academia.

Otra de las razones por las que se apartó de la fama fue para explorar plenamente su sexualidad y desde 1982 y hasta su muerte fue pareja de la diseñadora de joyería Lois Sasson. Nunca habló abiertamente del tema hasta 2005 cuando en una entrevista salió “oficialmente” del proverbial clóset, si bien su familia y amigos estaban al tanto de su orientación desde mediados de los 70, cuando asumió su estilo de vida sin rendir cuentas a nadie.

Lesley Gore falleció a los 68 años de cáncer de pulmón, pero seguía aún activa —trabajaba en tv pública hablando de temas LGBTI y componiendo música—. La imagen de la jovencita adorable, que conquistó al mundo al decir que era su fiesta y lloraba si quería, permanece para la posteridad. M

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