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Las viejitas que se dieron su toque

Mundos para-lelos
(Fotoarte: Karina Vargas)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Rafael Tonatiuh

“Tres abuelitas fuman mariguana por primera vez
El trío fumó hierba por primera vez en una pipa de agua y después en un vaporizador. Con mucho sentido del humor describen lo que las hace sentir y cómo sienten menos tensión en su cuello”.
MILENIO DIGITAL. 19/11/2014.

Mike, el director del video, sentó a Paula, Dorotea y Deirdre frente a una mesa blanca, sobre la cual había golosinas, agua y un mazo de cartas. Las tres mujeres de edad avanzada habían aceptado fumar mariguana por primera vez, frente a una cámara.

“¿Para qué es esto?”, preguntó Paula ligeramente inquieta. “Para documentar que la hierba no es dañina”, respondió Blaine, el productor, mientras encendía la pipa con un trozo de cannabis, dándole unas caladas. “Así fomentamos su legalización en otros países”. Luego le pasó la pipa, pero la anciana dudó: “Perdone que me eche para atrás, joven, pero tengo miedo. Nunca he perdido mis cabales”, sus compañeras también se estremecieron. Blaine le pasó la pipa a Mike, quien fumó para inspirarles confianza: “No se preocupen, señoras; no les pasará nada. Como pueden ver, nosotros también fumamos y somos un equipo profesional, con más de 10 años en el mercado. No tienen por qué temer”.

Dorotea quiso darse valor, sacando su licorera de gin, pero Blaine se la retiró con suavidad. “No es aconsejable que mezcle alcohol con mariguana, sobre todo cuando es la primera vez. Podría acarrearle terribles dolores de cabeza”, le dijo, pasándole un botellín de agua. La anciana sonrió, complacida por la manera en que se preocupaban por su salud.

Paula realizó un par de aspiraciones profundas para tranquilizarse y luego le pidió la pipa a Blaine. Mike le guiñó el ojo a Jason, el camarógrafo, y le retiró la pipa, para rolarla a las abuelas.

Dorotea y Deirdre fumaron. Transcurrieron cinco minutos. Mike preguntó: “¿Y bien?”. Dorotea dijo: “Siento cierto cosquilleo y… mi lengua… se enreda, como… si hubiera bebido un poco de gin”. Paula preguntó: “¿Por qué los automóviles tienen palanca de velocidades? No tiene sentido”. Deirdre dijo: “¿Podrían abrir un poco la ventana? Para que se salga el frío”.

Quince minutos después Mike preguntó: “¿Y bien?”. Las tres damas permanecieron observándolo en silencio durante 29 minutos con 29 segundos, hasta que se acabó la capacidad de la tarjeta y tuvo que reemplazarse. Mike, Blaine y Jason gastaron tres tarjetas más y cambiaron la pila, grabando a las mujeres que, catatónicas, miraban la cámara en silencio antes de que Blaine preguntara nuevamente: “¿Y bien?”. “¡Soy inocente! ¡Un chico nos dio la droga!”, chilló Paula. “¡Somos personas de la tercera edad y nos protege la Ley de Cuidados para la Salud del presidente Obama!”. Deirdre entrecerró sus ojillos y miró con desconfianza a Blaine: “¿Quién eres tú? Tú no eres Kevin, mi nieto, ni tampoco Arnold, el chico de los bíceps duros y morenos que trae la harina cuando Rose Marie sale a cavilar sobre los huevecillos del sindicato”. Dorotea tomó del brazo a Deirdre y le susurró: “Yo sé quien es éste, es el pervertido que quería emborracharnos para  disfrazarnos de Teletubbies y grabarnos en poses paganas, para vendernos como pornografía en Tailandia”.

“¡No, yo…!”, protestó Blaine, pero Paula le dio un balazo en la pierna izquierda, haciéndolo rodar, sangrante, por la alfombra del estudio. Mike quiso auxiliarlo pero Paula lo encañonó: “Tranquilo, cowboy, no querrás acompañar al viejo cuervo a la tierra de las mil danzas”. Las tres ancianas rieron y también Jason, el camarógrafo, quien se había fumado todo el contenido de la pipa. “¡Esto se está poniendo groovy, como dicen los hippies hoy en día!”, exclamó Deirdre.

Con las manos en alto, Mike balbuceó con voz temblorosa: “Señoras, yo las exhorto a que volvamos a una forma de diversión más relajada y positiva, se trata de demostrarle al mundo que la hierba es benéfica, incluso para mujeres como ustedes”.

Las tres ancianas intercambiaron miradas. Dorotea dijo: “Nos llamó decrépitas”. “¡No!”, protestó Mike, “¡solo digo que la mariguana es buena a cualquier edad!”. “¡¿Qué quieres decir con cualquier edad?!”, gritó histérica Deirdre, mientras le daba un fuerte rodillazo en los testículos. “¡¿Acaso te crees un bebé?!”. Paula le puso la pistola en la sien y le ordenó a Dorotea: “Tráeme las golosinas de la mesa, veamos cuántas es capaz de comer el bebé por la nariz antes de que padezca lo que yo padecí en Vietnam, cuando fui enfermera del batallón 833”. “¿Y qué hacemos con el mazo de cartas?”, preguntó Deirdre. Jason sugirió: “Pueden colocarlas en forma de pentagramas”, mientras colocaba un celofán rojo a la lámpara de iluminación, con el fin de crear una atmósfera más satánica. “Únicamente sé bordar borreguitos”, dijo Paula, quien dejó caer su pistola cuando Blaine, arrastrándose por el piso, le mordió el tobillo. Dorotea y Deirdre patearon a Blaine, pero Mike las apartó, jalándolas de los cabellos. “Cool”, dijo Jason, grabando la batalla campal, creyéndose una especie de Lars Von Trier del YouTube. Viejitas y videoastas quedaron desparramados y fatigados por el piso. Jason rellenó la pipa y la pasó entre todos, quienes poco a poco fueron recuperando el buen humor.

Así se grabó la última tarjeta, la que conoció el mundo, donde las abuelitas hablan de sus deseos de sonreír y cómo sintieron menos tensión en el cuello gracias a la benéfica mariguana  

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