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La Mataviejitos

Mundos paralelos
(Fotoarte: Karina Vargas)

MUNDOS PARA-LELOS
Rafael Tonatiuh


“UNA ORGÍA DE VIEJITOS EN BÉLGICA DEJÓ OSCURO BALANCE DE SIETE MUERTOS”
Cerca de 200 personas de la tercera edad participaron en el encuentro. El hecho tuvo lugar en la ciudad de Charleroi, Bélgica, y solo estuvieron presentes personas mayores de 65 años. La fiesta, según el periódico belga Nord Presse, se convirtió en la orgía más grande de ancianos en Europa.”
www.pulzo.com 13, octubre, 2014.


La nonagenaria belga Isabelle Koninck, catedrática de filosofía en la Universidad Católica de Lovaina, sorprendió a sus amistades de Facebook cuando respondió al reto de enlistar sus diez cosas por las que vale la pena vivir, contestando: “El gofre de Lieja, el impresionismo alemán, el mar Mediterráneo, los cuberdons de frambuesa, el canto beneventano, la pintura de Roger van der Weyden, la Catedral de Notre Dame, la cerveza de abadía, La divina comedia, las exégesis de Maimónedes y Los Pitufos”, pero nunca mencionó “el orgasmo”, a pesar de haber tenido numerosas parejas y amantes.

Su alumna Anne Marie le preguntó por inbox la razón de tal omisión, y la anciana le respondió amablemente que “a todos los había amado en esencia, espiritual e intelectualmente, pero que nunca había logrado con ellos tal experiencia”.

Anne Marie le comentó la situación a su marido Étienne, de ocupación sexólogo, quien le dijo que una mujer podía experimentar un orgasmo a cualquier edad, siempre y cuando estuviera en la actitud adecuada; también le informó de la orgía para personas de la tercera edad en Charleroi, a la cual podía inscribirse, poniendo a disposición de la venerable maestra la capacitación de Nathalie, asistente de Étienne, experta en desbloqueo erótico.

Tras inscribirse, Isabelle se puso en manos de Nathalie de inmediato, quien le recetó ejercicios de reconocimiento de su cuerpo, sensibilización y autoestima, inculcándole conocimientos básicos de tantrismo y danzas eróticas, acompañándola a comprar perfumes, cosméticos y lencería. Nada podía fallar.

Cuando llegó la gran noche, Isabelle deslumbró con su belleza a la vetusta concurrencia de casi todas las edades (de los 65 años para arriba, salvo un mocoso de 55 años, quien se había colado falsificando su identificación oficial), exhibiendo su impresionante cabellera platinada en un fastuoso peinado alto y brillante vestido imitación piel de leopardo, exudando penetrantes aromas orientales, moviéndose felinamente.

Al iniciar formalmente la fiesta, abuelos y abuelas corrieron hacia Isabelle, quien con un categórico ademán los paró en secó, pero Patrick, enardecido por tener nuevamente una erección desde la Crisis del Congo de 1960, se abalanzó con la lengua de fuera y los ojos inyectados; lamentablemente, las cataratas que nublaban su vista, complicadas con su alzhéimer, hicieron que introdujera el miembro viril dentro de un rallador de zanahorias, pereciendo en el acto (y no precisamente en el acto sexual).

Para que no decayera ese ánimo por la presencia del Ángel Gélido, Isabelle subió a la barra del bar y realizó la Danza de los siete velos (que se convirtió en la Danza de las cuatro velas, cuando tuvieron que velar a Marc, quien falleció de un paro cardiaco por la impresión).

Aullando de emoción, varios participantes le imploraron acceder a su petición para tener relaciones sexuales, dándose el lujo de escoger a quienes consideraba más atractivos y con el instrumento firme, así formó un cuarteto con Philippe, Michele y Chistian, quienes para su fortuna tenían una gran experiencia en las artes amatorias. Los decrépitos amantes, dando lo mejor de sí, la fueron orillando al máximo placer carnal, Isabelle gemía y gritaba: “¡Así, así! ¡Oh, casto señor san Vicente, que me vengo, que me vengo! ¡Oh sí, oh sí!”, pero cuando estaba a punto de alcanzar el clímax, sus compañeros del placer perecieron fatigados, lanzando el último suspiro sin colmar a la excitada catedrática de filosofía, ahora convertida en un manojo de sensaciones que no alcanzaban a explotar.

Isabelle decidió incluir mujeres en su acto tumultuario, por lo que a Jean Pierre y Patrick se sumaron Jacqueline, Marie Louise, Christiane y Monique, quienes la acercaron bastante al paraíso del goce supremo, cercano al Nirvana de los místicos, pero también entregaron la vida antes de satisfacer a la mujer más sexy de la orgía.

Dicen que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, así que los ancianos más cautos se alejaron prudentemente de la excitante dama, pues prefirieron contar con algunos años más de vida para disfrutar de sus respectivas pensiones, para convivir con su familia, hacer paseos y realizar actividades propias de su edad, más no fueron de esa idea Daniel, David, Marie Louise, Catherine y Nicole, quienes acudieron al llamado ardiente de aquella hembra en celo, clamando por su orgasmo, falleciendo en el intento.

Cuando los organizadores del evento cargaron a la cuenta de Isabelle los consumos de los viejitos que fallecieron sin pagar, murió de un infarto. Cuenta la leyenda que desde entonces, a las 12 de la noche, en ese lugar se aparece un espectro femenino lamentándose: “¡Ay, mi orgasmo! ¿En dónde te hallaré?”.

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