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K-Pop: el imperio musical de Asia

K-Pop
(Fotoarte: Martha Castillo)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Guillermo Guerrero
@guillermo_ga

Su música es pegajosa, bien pensada y de buena manufactura, además, utilizan la experiencia de productores de todo el mundo. Su imagen, quizá su punto más fuerte, está cuidadosamente estudiada.

 

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Son las 3 de la tarde de un lunes y decenas de chicas esperan afuera de una sala de conciertos de la Ciudad de México; vienen de todos lados de la República: Monterrey, Puebla, Campeche o Tlaxcala. El espectáculo está programado para las ocho de la noche pero no paran ni un minuto de gritar y echarle porras a sus ídolos, cinco chicos alrededor de los 25 años.

   Algunas viajaron cientos de kilómetros para esa cita, aunque es poco en comparación con lo que viajó la producción de la banda Mblaq: ellos vienen de Corea del Sur, animados por el éxito que el K-Pop (o Pop Coreano) ha tenido en nuestro país. Un fenómeno tan grande que hay que estar presente para verlo.

   Desde hace unos años es común encontrar que las tiendas de discos mexicanas tienen un espacio para la música coreana: el éxito mundial de Psy, con su “Gangnam Style”, dio el empujón que se necesitaba para que el mundo volteara a la nación asiática. Pero las verdaderas fans saben que, si bien Psy es el cantante más conocido, no es el mejor representante de este movimiento que comenzó a gestarse desde la década de los noventa: bandas como Super Junior, Big Band, Girl’s Generation, Shinee o los mismos Mblaq, ofrecen mejor espectáculo. Grupos que han llenado estadios por toda Asia y Latinoamérica.

   Y es que en nuestra lejana juventud oíamos a The Cure, Guns N’ Roses u Oasis, grupos que venían de Estados Unidos o Inglaterra. Vaya, nuestro referente pop es Michael Jackson, Britney Spears o Justin Bieber. Pero eso se acabó. ¿Cuándo el K-pop se volvió parte importante del mundo de los espectáculos, al grado de armar giras mundiales? Es sencillo: cuando los empresarios se dieron cuenta que dejan ganancias millonarias. Y eso es algo que los coreanos saben hacer bien.

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¿De qué manera conocía usted en su juventud a bandas extranjeras? Raúl Velasco, en los ochenta, era quien decidía quién era popular en nuestro país: por Siempre en Domingo pasaron desde los Hombres G o Menudo hasta Los Prisioneros y Mecano. Era la época en la que la televisión dominaba el mercado; después saltar a la radio comercial era sencillo: con una buena base de fans, cualquier grupo de pop argentino, español o chileno (¡la facilidad del idioma!) podía triunfar en nuestro país.

   Internet rompió este esquema, al no necesitar un intermediario que te dijera cuáles grupos son los buenos: ahora las recomendaciones se basan en tu círculo de amistades. Corea ha aprovechado esto para exportar su industria de entretenimiento, siguiendo una fórmula que es casi una receta de cocina. El éxito está en la planeación: la escena musical de ese país es un campo de batalla en el que pelean más de 60 bandas cada año. Las más fuertes sobreviven y obligan a las disqueras a que entrenen a sus idols para ampliar y conservar su base de fans a toda costa: además de cantar, son adiestrados para saber modelar y desenvolverse en varios idiomas para enfrentarse al mercado global ¿hay que dar una entrevista en inglés o chino? sin problema y también pueden hacerlo en español.

   Su música es pegajosa, bien pensada y de buena manufactura, y utilizan la experiencia de productores de todo el mundo. Su imagen, quizá su punto más fuerte, está cuidadosamente estudiada: además de lucir en videos musicales, las alianzas comerciales con smartphones, televisiones o tablets, permiten que sus rostros estén en todos lados.

   Corea del Sur quiere conquistar al mundo: no solo en la música o la tecnología, sino que su gobierno da todas las facilidades necesarias para lograr el intercambio cultural entre países. El grupo mexicano Reik fue invitado para ir al lejano oriente y asegurar que aquellos grupos pudieran venir a México. Como muestra, el año pasado la boy band Super Junior, abarrotó la Arena Ciudad de México con boletos que iban de los 450 a los 3 mil pesos y que se agotaron a las pocas horas.

   ¿Tenía usted idea de esto?

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Platicaba con una mamá que esperaba a sus hijas afuera del concierto de MBLAQ.

—Yo traje a mi hija, que es muy fan de ese grupo.

—¿No le resulta extraño que usted escuchaba a Flans o Pandora y ellas a un grupo del otro lado del mundo?

—Pues sí, pero es cosa de Facebook ¿sabes? Ahí se organizan y comparten las noticias de sus grupos. Yo también veo los doramas (telenovelas coreanas) que ellas ven y me gustan más que las de acá. Están más entretenidas.

—¿Dónde las ve?

—Por internet.

   Dentro de la sala de conciertos, un papá esperaba a su hija que gritaba cerca del escenario. “A mí me gusta mucho la música en general, ve mis pulseras, he ido a más de 140 conciertos en mi vida: Megadeath, Metallica. Fui a ver a Guns N’ Roses cuando vinieron por primera vez a México. Kiss, los Rolling. Pero a mi hija le gustan estos grupos coreanos y la traigo, ¿por qué no? Es música”. Observo a las chicas que se saben las canciones y las coreografías. Gritan, aplauden y estoy seguro de que entienden la letra: muchas gritan frases en coreano y los chicos de Mblaq lanzan besos, bailan y cantan apoyados por un impecable juego de luces y pantallas coordinadas.

   Otra mamá venía de Puebla.“Tengo tres hijas y las tres ya están estudiando coreano. Lo hablan más o menos bien. Una de ellas tiene una convivencia con el grupo así que la estoy esperando: yo traigo un tendón lastimado, pero no importa, acabando esto nos regresamos en la camioneta. Creo que esta vez estuvo mal organizado porque solo va a poder tocarles su mano y a tomarse una foto. El año pasado estuvo mejor. La traje porque es su cumpleaños”.

   En la calle, decenas de vendedores ambulantes esperan ansiosos que las chicas salgan del concierto para venderles una playera, una gorra o el póster de 10 pesos. Muchos de ellos no saben ni siquiera qué cantan, “pero no importa, porque se vende mucho”, me dice uno. Los policías que movilizan el tráfico en los alrededores tampoco saben de qué se trata. “Es un concierto de chicas, nos mandaron para cuidar ya que muchas de ellas acamparon, pero se portaron bien. Es una cosa de moda”.

   Una moda que está cuidadosamente planeada y que al parecer va en aumento. Corea sabe lo que hace.

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