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Juan Villoro: “Dejar de leer para hablar sobre libros es una paradoja”

Juan Villoro
(Ulises Ruiz/EFE)

por Verónica Maza Bustamante

Juan, ¿qué opinas de esa tendencia de comparar autores consagrados pero jóvenes o a nuevos talentos con viejos autores ya clásicos? ¿Por qué tiene que haber un nuevo Vargas Llosa, un nuevo García Márquez, un nuevo Monsiváis?

A la gente le encanta comparar. Con un excesivo orgullo se dice que el ser humano es “la cosa pensante”, pero más bien somos “la cosa que compara”. Nos gustan las disyuntivas: ¿te gustan las rubias o las morenas? ¿Le vas a las Chivas o al América? ¿Vino tinto o vino blanco, pollo o pasta en el avión? Estamos todo el tiempo haciéndolo.

Viendo la agenda de la FIL, descubriendo que estás en muchas presentaciones, propias y de otros, tú, ¿eres el nuevo Monsiváis?

A Carlos Monsiváis yo lo quise mucho, creo que hay grandes autores contemporáneos que pueden reclamar su herencia, por ejemplo, Fabrizio Mejía Madrid. Yo espero que Monsiváis me haya influido, aunque nunca escribió ficción ni crónicas, nunca libros para niños (de hecho, los odiaba) ni de futbol, pero escribió muchísimos libros con temas que yo no domino. A mí me gusta escribir crónicas de ideas, no solo de lo que ocurre. Carlos lo hacía de los sucesos más que de las reflexiones sobre ellos.

Pero eres ajonjolí de todos los moles...

Lo soy, en buena medida, por las exigencias de la industria, aunque trato de no caer en ello fuera de la FIL.

Este es el lado B de la escritura. Los nuevos autores poco saben sobre el gran ‘marketing’ en torno a la literatura

Vivimos inmersos en la sociedad del espectáculo, como dijo Guy Debord, y desgraciadamente ciertas cosas solo circulan a través de plataformas comerciales que tienen que ver más con la industria que con la literatura. Yo apelo a que haya un circuito más cultural, por eso en lugar de estar en una enorme editorial trasnacional, estoy con Almadía en México. Inevitablemente ambas circunstancias se cruzan. Creo que es peligroso para el autor hacer una vida en función de la promoción editorial. Dejar de leer para hablar sobre libros es una paradoja. Yo trato de tener un equilibrio entre estos dos mundos pero, siempre después de la FIL, acabo ruralizándome, quiero ver una vaca, un campo, un bosque. Necesito aislarme.

Comenzaste haciendo dramaturgia cuando eras casi un niño, ¿cierto?

Empecé escribiendo dramaturgia, pero no publiqué nada. Fue en 1970 cuando un grupo de amigos hicimos un colectivo para escribir una obra que se llamaba Crisol, muy inspirados por Alejandro Jodorowsky, pero eso no trascendió. Era un proyecto muy ingenuo, dimos muchas funciones, la gente nos soportó, pero la primera obra que publiqué fue hace cinco o seis años: Muerte parcial. Escribí mi primera obra a los 14 años y la segunda pasados mis 50.

¿Por qué te tardaste tantos años en volver a ese primer amor?

Escribir teatro es muy complejo, no solo se trata de atreverte a hacer una obra, sino a luchar por ponerla en escena. Rodolfo Usigli le dijo a Ibargüengoitia que por su apellido tan largo nunca iban a haber letras suficientes en las marquesinas para ponerlo. Hasta en eso tienes que pensar. Tener que lidiar con todo un equipo, con una producción, me alejó. Luego me involucré en el cuento y la crónica.

¿Por qué nunca has escrito un libro de poesía?

Porque no tengo talento. Todas las artes, como dice Octavio Paz, aspiran al efecto poético. Puedes encontrar la poética en un pintor, en un novelista, pero la poesía es esa decantación del efecto poético, ese resumir el mundo en un verso para tener una dimensión de sugerencias que un narrador solo puede lograr después de una larga historia, un personaje, su psicología. Admiro la poesía, escribí El testigo, que trata de Ramón López Velarde. Estoy cerca como lector, pero no tengo capacidad de ejercerla.

Sin embargo, me parece que en Conferencia sobre la lluvia hay poesía.

Qué bueno que lo dices y te lo agradezco, porque en la buena literatura debe haber elementos de poesía. No sé si eso es lo que yo escribo, pero leo la prosa de Navokov, de Borges, de Calvino, y encuentro efectos poéticos. Yo necesito de muchas páginas para llegar a eso. Conferencia sobre la lluvia es, en buena medida, un homenaje a la poesía.

Y tú, tan futbolero, ¿ya tienes favorito para el Mundial 2014?

Claro: voy con Brasil y después con Alemania y Argentina. Ya estoy preparado para ir. Tengo muchos proyectos el próximo año, pero en medio de todo, siempre estará el Mundial de Futbol.

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