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Descubriendo el Reino Hachemita de Jordania

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Verónica Maza Bustamante


Nada te prepara para viajar desde México a Jordania, una nación que está muy lejos del estereotipo que aquí tenemos de lo árabe. Su riqueza natural es inacabable, comparable apenas con la del alma de sus habitantes. Aquí, el inicio de una serie de crónicas sobre la increíble tierra de los beduinos bondadosos y sus camellos desalmados


Fueron diez los días pasados en Jordania, pero parece que se transformaron en meses, en años recorriendo una tierra de Dios, un cúmulo de ecosistemas habitados por una amalgama de seres humanos capaces de transmitir sus sentimientos y emociones como pocos en el mundo.

En una semana y media, un grupo de reporteros y bloggeros especializados en temas de turismo, todos mexicanos, recorrimos de norte a sur y de este a oeste el Reino Hachemita de Jordania, en una suerte de tour de force lleno de emociones inenarrables de la mano de un guía medio español, medio jordano, que fue maestro y amigo. Una suerte de Moisés contemporáneo para un puñado de forasteros ansiosos por saber.

Elegir un destino favorito para comenzar la narración es imposible teniendo como opciones el desierto de Wadi Rum con su arena de color terracota, el Mar Muerto y la posibilidad de flotar en su agua salada, los arrecifes de Aqaba, las ruinas de Jerash, los castillos de Karak y Ajloun, el desierto de Feynan con su irrepetible hotel ecológico, las cascadas de Hammamat Maín, esa maravilla de la humanidad llamada Petra, las calles de Amán —la ciudad capital—, el mítico Monte Nebo y el sagrado río Jordán. 

Por eso, los invito a que recorran conmigo el mismo trayecto organizado por el Jordan Tourism Board, y se dejen llevar por lo que aquí les cuente, aunque mis letras nunca alcancen a plasmar la magnitud de pasear en un lugar tan alejado de nuestros estereotipos y tan cerca de Alá.

Acá les sirvo un café con cardamomo o, si lo prefieren, un té de menta o artemisa bien caliente. Acomódense en sus cojines con estampado de las Mil y una noches. Ajústense bien su hatta o turbante jordano para no acalorarse de más. Abran sus sentidos. Bienvenidos sean. 


#viveJordania

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