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Joe Cocker, ese 'mad dog'

Joe Cocker
(Fotoarte: Tacho)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Hugo García Michel


Aunque el lugar común asocia a Joe Cocker con su extraordinaria y visceral versión de “With a Little Help from My Friends”, de Lennon y McCartney, que deja en calidad de tonada bobalicona a la original de los Beatles, la realidad es que el nacido en Sheffield, Inglaterra, en 1944, era mucho más que aquella su presentación ante el mundo en el mítico festival de Woodstock de 1969. Porque fue ahí, en Woodstock, donde nació la leyenda de aquel vocalista extrañísimo que al cantar engarrotaba las manos y agitaba los brazos como un enfermo de mal de San Vito, mientras de su garganta surgía un vozarrón negroide y desgarrado, casi gutural; sin embargo, para llegar a semejante escenario había que tener una carrera previa, por breve que esta fuese.

Aunque empezó a cantar desde la adolescencia, Joe Cocker hizo sus verdaderos pininos en el rock en 1963, cuando bajo el nombre artístico de Vince Arnold abrió un concierto de los Rolling Stones. El tal Vince Arnold era una especie de imitador de Elvis Presley que no tuvo mayor repercusión y el joven tuvo que replantear su naciente carrera, por lo que al lado de su gran amigo de toda la vida, el tecladista Chris Stainton, en 1966 formó The Grease Band y ya con su nombre real empezaron a tocar en toda clase de escenarios. Dos largos años tardarían en lograr el éxito, un éxito que los lanzaría a las grandes ligas del rock, gracias al singular arreglo que hicieron de la canción “With a Little Help from My Friends” de los Beatles, a la cual transformaron en una lenta y acompasada pieza de soul, llena de garra y fuego, que sacudía a todo aquel que la escuchaba. La manera de cantar de Cocker, muy en la vena de su admirado Ray Charles, sorprendió a propios y extraños y el tema fue aclamado por la crítica y el público, aunque su verdadera trascendencia internacional la logró cuando él y su grupo aparecieron en el escenario del festival de Woodstock, en 1969, y la interpretación fue incluida tanto en el álbum triple que sobre el evento apareció a las pocas semanas, como en el largometraje que se filmó sobre el mismo, ambos con el título de Woodstock. Gracias a ello, el nombre de Joe Cocker se conoció en todo el planeta y así, de un solo golpe, el hombre se convirtió en superestrella del rock.

  Para ese entonces, ya había grabado su primer álbum y de inmediato le ofrecieron hacer un segundo, el excelente y homónimo Joe Cocker (1969), para el cual Paul McCartney y George Harrison, impresionados por su versión de “With a Little Help…”, le pidieron que incluyera “She Came in Through the Bathroom Window” y “Something”, aunque el verdadero hit de ese plato sería “Delta Lady”, una composición de Leon Russell, quien acababa de convertirse en el nuevo director musical del cantante.

  No obstante, el gran despegue de Cocker se daría al año siguiente, cuando con Russell reunió a una enorme troupée de treintaitantos músicos para conformar la banda Mad Dogs and Englishmen, con la cual realizaría una larga y agotadora gira que se traduciría en un sensacional álbum doble y en una espléndida película. Con gente como el propio Russell, su entrañable Chris Stainton, la cantante Rita Coolidge, el saxofonista Bobby Keys, el trompetista Jim Price, el baterista Jim Keltner y una larga lista de talentosos instrumentistas y coristas, Cocker encabezó a la efímera pero hoy mítica agrupación y logró éxitos como sus versiones únicas a “The Letter” de los Box Tops, “Feeling Alright” de Dave Mason, “Honky Tonk Women” de los Rolling Stones, “Bird on the Wire” de Leonard Cohen y “Girl from the North Country” de Bob Dylan, entre otras varias.

  Fue aquella quizá la cúspide de la fama y el éxito masivo para Joe Cocker, pues aun cuando su carrera se extendería por 40 años más, nunca logró repetir aquellos momentos de gloria.

  Lo de Mad Dogs and Englishmen fue más que un tour, un verdadero tour de force. La cantidad de presentaciones y el ritmo vertiginoso de los desplazamientos hicieron que el alcohol y las drogas corrieran de manera abundante y Cocker bebió y consumió sustancias hasta decir basta. Su salud se vio muy afectada y esto se reflejaría en lo que fue su carrera a lo largo de la siguiente década: largos periodos de ausencia y escasas actuaciones, acompañado de músicos menos conocidos, aunque el buen Chris Stainton siempre estaba ahí para echarle la mano. En los años setenta, la fama que traía gracias a Woodstock le alcanzó para realizar algunas giras internacionales e incluso participó en una emisión de Saturday Night Live, en la que cantó “Feelin Alright” y John Belushi apareció a su lado para imitarlo de manera genial. De sus álbumes de esos años, cinco en total, sólo destacaría el I Can’t Stand a Little Rain de 1974, con sus bellísimas interpretaciones de “You Are So Beautiful” y “Guilty”, y el Luxury You Can Afford de 1978, con sus versiones a “A Whiter Shade of Pale” de Procol Harum y “Watching the River Flow” de Bob Dylan.

  La de los ochenta fue una década más bien oscura para Cocker. Si bien no le faltó trabajo y actuó de manera constante, además de grabar una quinteta de álbumes que pasaron sin pena ni gloria, no logró sobresalir sino hasta 1986, cuando su versión a “You Can Leave Your Hat On” fue incluida en la cinta Nueve semanas y media de Adrian Lyne y se convirtió en un éxito mundial. Un año después, lograría otro primer lugar musical con su gran cover a la clásica “Unchain My Heart”, popularizada muchos años antes por Ray Charles.

  Pero Joe Cocker ya no era visto por las nuevas generaciones como un cantante de rock, sino más bien como un intérprete de lo que la mercadotecnia empezaba a llamar música para “adulto contemporáneo” (cualquier cosa que ello signifique). Sus seguidores eran gente de su edad que había abandonado la agitada vida del sexo, drogas y rocanrol o lo había cambiado por otro tipo de sexo, otro tipo de drogas y un rock apaciguado por el mainstream. Esto se acentuaría en los noventa, con el surgimiento de la generación X y la música grunge.

  Aunque su disco Night Calls de 1992 es muy bueno (su versión de “Can’t Find My Way Home” de Steve Winwood es sublime), el resto de su discografía noventera resultó ignorada (y con razones válidas, pues es bastante flojita).

  Ya durante este siglo, las cosas mejoraron un poco desde un punto de vista artístico, con álbumes de mayor calidad como Respect Yourself de 2002, Heart & Soul de 2004 e Hymn for My Soul de 2007. Fire It Up de 2012, su último disco en estudio, sería un triste e involuntario testamento musical. Un plato demasiado convencional y pasteurizado, hecho por un hombre de 68 años de edad, ya sin el filo de sus años mozos.

  Durante un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York, apenas el pasado 17 de septiembre, Billy Joel dijo que Joe Cocker no se encontraba muy bien de salud y que era momento de incluirlo en el Salón de la Fama del Rock. No hubo tiempo para ello. Tristemente, el cantante murió de cáncer de pulmón este lunes 22 de diciembre.

  Descanse en paz este mad dog, este englishman.

 

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