QrR

¡Jesús, María y Cipriano!

¡Jesús, María Y Cipriano!
¡Jesús, María y Cipriano! (Especial)

Don Cipriano Santos salió del pueblo de Acámbaro, Guanajuato, en el año 1900, de la mano de contratistas rieleros gringos, quienes lo llevaron hasta Galesburg, Illinois, con la promesa de todo buen publicista polaco en tiempos electorales: casa, comida y sustento, aunque en realidad lo único que recibió fue un boxcar, un furgón sin servicio que durante una década fue su mansión. Cipriano tenía 18 años cuando llegó a la tierra del Tío Sam y a los treinta poseía su propia cuadrilla de traqueros, el espanglish respectivo de railroad track worker, definición aplicada a los mexican people.

Para 1942 y ante la participación estadunidense en la Segunda Guerra Mundial, la mano de obra barata fue una urgencia para los primos del norte. Don Cipriano, que ya era todo un contratista con su Santos Mining and Railroad Co., opaca materialmente a Oskar Schindler, pues en menos de un lustro coloca a más de tres mil mexicanos en diversas compañías mineras y rieleras en el centro del país. En la búsqueda de las raíces de don Cipriano logramos conocer de primera mano el carácter de un hombre que tuvo cinco hijos, dos mujeres y tres hombres, a quienes educó para ser “personas de bien”, en palabras de Felícitas, una de sus nietas, quien conserva fotografías del abuelo antes y después, como traquero y contractor: “El tío Jesús se desligó de la familia a temprana edad y decidió buscar suerte entre los campos agrícolas de California. Había tenido oportunidad de asistir a la escuela y tenía ideas muy extrañas para ayudar al prójimo. Mi abuelo se molestó mucho con él y le dijo que si se iba, nunca más regresara”.

Jesús Meza Santos, efectivamente, nunca regresó. En el área de Stockton conoció a otros activistas de los derechos laborales de los jornaleros, con quienes inició un programa de divulgación en los campos de hacinamiento braceros. El trabajo comunitario le colgó el título de “agitador” y, por ello, las autoridades gringas lo incluyeron en un avión que llevaría a 28 mexicanos hacia la frontera sur. Para desgracia de los viajeros, la nave se estrelló el 28 de enero de 1948 en el cañón de Los Gatos, en Coalinga, California. Los medios de comunicación reportaron que en el accidente fallecieron cuatro miembros de la tripulación, incluyendo el oficial de migración, a quienes nombró completamente. Sin embargo, los 28 cuerpos restantes simplemente fueron llamados deportees, deportados.

Lo anterior fue motivo de decepción para el cantante, poeta y activista Woodie Guthrie, quien escribió el poema “Deportees”, el cual se transformó en bandera de lucha de quienes buscan la reivindicación de los trabajadores agrícolas y, en particular, de aquellos que estuvieron bajo el “manto protector” del programa Bracero. El poema se transformó en canción y constituyó parte fundamental de un proyecto de recuperación de memoria histórica encabezado por Tim Hernández y Carlos Rascón, escritor y sacerdote, respectivamente, quienes el 19 de febrero de 2013, en una ceremonia religiosa en el cementerio de la Santa Cruz en la ciudad de Fresno, nombraron a cada uno de los 28 John Doe mexicanos que 65 años atrás fueron sepultados en una fosa común.

La historia de don Cipriano, Jesús y María Santana, compañera sentimental del hijo, forma parte de esa historia negra de los mexicanos inmigrantes que siguen ocultas por el manto del olvido. Sin embargo, es justo reconocer que allá resurge el interés por el tema: un documental de la televisión pública de  Illinois producido en el año 2013, Boxcar People, identifica algunas de esas familias que llegaron a tierra ignotas para tender los caminos de acero gringos. Ahí aparece una fotografía de don Cipriano Santos, en temprana edad. También hay un documental sobre el accidente en Los Gatos y el desenlace en el cementerio en Fresno. Este último lo pueden encontrar en cualquier buscador como “65 años después recuperaron sus nombres”. Ambos casos, para fortuna nuestra, recuperan un par de historias que, sin duda, nos alientan a seguir detrás de las mujeres y hombres que con su ejemplo, contribuyen a forjar la historia del vecino país… para enojo del Tea Party y demás ultraconservadores gringos, nacionalistas y anexas.

JESÚS CERVANTES

 

< Anterior | Siguiente >