QrR

Irse a La Chingada

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Juan Alberto Vázquez


Hay muchas formas de irse derechito a La Chingada.

Quien esto escribe eligió tomar el camino largo para dar gusto a quienes lo mandaron, y se trepó a un avión que lo llevó de la capital del país a La Perla Tapatía. En Guadalajara viajó en auto hacia el sur pero se pasó hasta la segunda caseta, por lo que amablemente y sin cobrarle, la guapa despachadora le indicó que lo mejor era regresar 30 kilómetros y tomar luego la periferia de Ciudad Guzmán rumbo al Grullo que colinda con la carretera libre a Colima.

Con el Nissan, el viajero atravesó un pequeño, frío y solitario bosque antes de tomar la desviación hacia San Gabriel, donde se encuentra uno de los 13 ranchillos llamados La Chingada. Ya en este bello pueblo donde Juan Rulfo vivió parte de su infancia y juventud, los lugareños lo encaminaron hacia la vía que lleva al caserón.

TE ME VAS DERECHITO A…

Para este país, La Chingada es un concepto lleno de resonancias, efectos, matices y significados, incluso históricos.

Desde el empeño por apodar así a La Malintzin, quesque por sus constantes devaneos con don Hernán Cortés, se convirtió en molde histórico de la traidora mala madre, esa que carecía de las más elementales habilidades y no le alcanzaba más que para educar a puro hijo de la chingada, que siempre han formado la parte más baja de la selección nacional.

El caso es que ya el famoso Chingonario se encargó de deshilvanar todas las acepciones del mítico lugar, que en algún momento de nuestra historia se convirtió en el favorito para que padres de familia descontrolados, novias despechadas o ilustres y furibundos desconocidos enviaran a cualquier ciudadano como una irascible forma de desearle lo peor.

Incluso los grandes pensadores mexicanos han pretendido colaborar a despejar el intrincado camino a ese territorio. Por ejemplo, Octavio Paz reflexiono que “La Chingada es una madre, no una de carne y hueso, sino una imaginaria que ha sufrido” suponemos que refiriéndose a la figura de la Malinche a la que tantos milagros le cuelgan.

También en La Muerte de Artemio Cruz, Carlos Fuentes se refirió a ella como “blasón de la raza, salvavidas de los límites, resumen de la historia, santo y seña de México”. Y así podemos hallar decenas de fotos, citas, menciones o referencias sobre ese albergue que uno se imagina infernal, derruido, incómodo pues si no, ¿para qué tomarnos la molestia de enviar ahí a quien nos plazca?

LA CHINGADA SIGLO XXI

En lustros recientes han proliferado los sitios llamados La Chingada según el Inegi o el mencionado Mapa de microrregiones de la Sedesol. Ahí se puede comprobar que al menos una docena de poblaciones conservan el nombre aunque no pasen de veinte los pobladores que habitan todos esos terrenos. Lo cual no deja de ser un contrasentido.

Se menciona también del supuesto rancho con este apelativo ubicado en Tabasco, rumbo a Palenque, y que al parecer pertenece a Andrés Manuel López Obrador (cosa que él no ha negado), lo cual se ha prestado a infinidad de chascarrillos.

Para muchos, nombrar así a una región solo pasa a formar parte de una tradición muy mexicana que busca agregarle humor a las etiquetas que se le cuelgan al terruño y que nos ha llevado a conocer sitios como Víboras en Coahuila, Palo Gacho o Esperanza Malota en Veracruz, San Vicente de Chupaderos en el estado de Durango y Chupicuaro o Santiago Tangamandapio en Michoacán, por mencionar solo algunos.

La Chingada, Jalisco, es un rancho de cuatro hectáreas a 141 kilómetros de Guadalajara donde se siembra guayaba dentro en una colonia a la que no ha llegado el pavimento. No es un sitio del todo desagradable, tiene un clima semitropical, está ubicado a mil 200 metros sobre el nivel del mar y lo mejor es que no hay casi gente. Parece más una locación de película de vaqueros que el infierno.

Está de la chingada que acá no haya cantinas, pero se les perdona el detalle luego de probar las enchiladas y la birria que son de campeonato. Ni qué decir de las guapas mujeres, muy por encima del promedio, y la ausencia de hijos de La Chingada, ¿qué más puede uno pedir?

Personalmente, he cumplido: al fin hice caso a esos a los que algún mal debí haber hecho como para que hayan decidido mandarme a La Chingada. Un karma menos. Sin embargo, debo aclarar que no hay peor lugar que una ciudad hiperpoblada, con aire contaminado, sin ríos sanos, con reggeaton a volumen amplio e histeria en cada espacio.

De algún modo vivimos ahí, en el horror donde queremos empaquetar a los que odiamos. Todo este tiempo, hemos vivido engañados.

Así que a La Chingada.

PEQUEÑO DICCIONARIO DE RUTAS ALTERNAS A LA CHINGADA

“¡Ah, que la chingada!”. Expresión que denota asombro.

“La quinta chingada”.La última casa en la parte más alta del cerro de la periferia. “Vives hasta la quinta chingada”.

“¡Me lleva la chingada!”.Exclamación de un sentimiento que mezcla tristeza, frustración y asombro.

“¡Vete a la chingada!”.Agresión que da por terminada una discusión que está a punto de pasar a los golpes.

“Está de la chingada”.Frase que descalifica cualquier acción o argumento del contrario.

< Anterior | Siguiente >