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Insólitas imágenes de los indios en Brasil

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Pablo Pérez-Cano


Encontré al viejo González sentado en un tronco, vestido con su ropa de manta. Pájaros bordados en la parte de las piernas y el pecho. En la manga derecha, un venado, el animal sagrado de los Huicholes.

“Aquí está acabando la temporada de lluvias, pero en Jalisco está empezando. Para enero ya me toca recoger mi maicito”. Me dijo sin quitar la vista del cielo de Palmas.

A nuestro alrededor, decenas de atletas iban y venían en dirección del área de competiciones de los primeros Juegos Mundiales de los Pueblos Indígenas, festival deportivo-cultural promovido por las Naciones Unidas y el gobierno brasileño.  

Palmas es una de esas ciudades a la que la mayoría de los brasileños jamás pensaría en viajar. Está alejada de litoral y el aire es seco y extremamente caliente la mayor parte del año. Aún así González me pronostica lluvia para mañana.

El área de los Juegos Mundiales no debe ser mayor a una hectárea. En este pedazo de mundo se deben estar hablando no menos de 60 lenguas. Hay 23 etnias nacionales confirmadas y muchas otras de 22 países de diferentes continentes. Una babel de culturas originarias.

Mientras converso con el señor González consigo ver a los maori de Nueva Zelanda que aprovechan el muro de juego de pelota Maya. Los mixtecos gozan de buena popularidad con la gente de la ciudad. Todos se quieren tomar una foto con ellos y se escucha desde la Oca da Sabiduria una banda de música Kuna de Panamá, mientras que en la arena los xerentes vencen a pataxós y guaranís en la carrera de 100 metros. En la competición de lanza los gavião y un chico de filipinas se colocan como favoritos. Poco poco voy empezando a cada etnia brasileña por su pintura corporal, el tipo de penacho que usa o las perforaciones en su rostro.

Es aquí en esta pequeña y desconocida ciudad de brasil donde se hace evidente y absurda la realidad. Tainá, del pueblo Tonokoté, casi se suelta a llorar cuando narró en el mismo foro cómo la policía argentina golpeó y humilló a sus hijos y nietos “por defender el territorio ancestral”.

Cesar Cires me contó en una entrevista para la Radio Yandé de Río de Janeiro el problema que comenzó cuando el presidente Martín Torrijo concesionó tierras de la cultura Ngabe para la construcción de una hidroeléctrica en Panamá. “Aquella vez, el enfrentamiento entre indígenas y policías antimotines del gobierno nacional duró cuatro días”.

El propio López ya se sabe esa historia, porque las tierras sagradas de los Huicholes ya fueron asediadas por mineras.

La PEC 2015 es una enmienda constitucional que de ser aprobada dejaría en manos del congreso la demarcación de tierras indígenas, tierras que han tratado de recuperar y demarcar desde hace varias décadas debido a que desde que América fue invadida, nunca tuvieron un papel que avalara su propiedad.

En el día a día, las aldeas indígenas son asediadas por pistoleros de las haciendas que los mantienen al margen de los territorios que reclaman como áreas sagradas o zonas de caza y recolección como ha documentado el Conselho Indigenista Misionario o son desplazados hasta verse obligados a vivir a lado de carreteras, zonas de desague o cerca de explosiones mineras, como se da a conocer en Flor Brilhante e as Cicatrizes da Pedra, un documental que obtuvo el primer lugar en el Festival Internacional de Cine y Video Indígena de Puebla el año pasado.

Algunas culturas amazónicas tienen un alto índice de suicidio debido a la falta de derecho a territorios donde manifestar sus culturas. “Tienen que entender que no fuimos nosotros los que llegamos a las ciudades, fueron ellos los que llegaron a nuestras tierras”.

En la arena, jóvenes de Michoacán representan un juego de pelota purépecha con una pelota con fuego. Mientras tanto son ovacionados por los pataxós que les toman fotos y videos y los suben a Facebook o se los pasan por WhatsApp, de la misma forma en que fluye la información sobre protestas contra la enmienda constitucional en Brasilia o cuando una aldea es atacada a tiros o incendiada.

Los indígenas más jóvenes de Brasil son una generación muy bien articulada, van a las universidades, publican libros, hacen doctorados, conocen muy bien su constitución. Será una pelea larga contra la industria millonaria de los agronegocios, los preconceptos raciales y el desdén de las autoridades.

Al día siguiente llovió tanto que las competencias de canoa en el río de Palmas fueron canceladas.

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