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Impunidad electoral que nos vuelve locos. Mad Max vs el partido Verde

Mad Max
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
El Tal Borgues


En la percepción ciudadana, los partidos hacen lo que se les da la gana y ni el INE ni el TEPJF sirven. Y entre que se quiere suicidar el padrotón más famoso de la franquicia PRI-Rastro y que los verdes siguen con sus anuncios hasta en la intimidad de todas las familias mexicana, esa desvergonzada actuación ha tocado los lugares menos esperados de la psique ciudadana.

Apenas salir Mad Max, me apunté para ver hasta dónde llegaba la franquicia sobreexplotada por Mel Gibson hace varias décadas, pero ir al cine no es lo mismo hoy que hace más de 35 años.

La sala estaba a medio llenar al inicio de los infomerciales que nos recetan por 15 minutos, cuando unos jóvenes (entre 15 y 25, para no fallar) empezaron a susurrar entre ellos, "a que sí, te lo apuesto", "el que pierda paga los condones y las chelas", "claro que no, ya dijeron que los van a multar". En cuanto apareció el 1er anuncio del Partido Verde supe a qué se referían. Varios chavos aplaudían en silencio y los otros murmuraban, enojados, "pero si ya los súper multaron, ¿de dónde van a sacar para pagar?". Uno más, al final de la fila, aullaba casi en silencio, dejando salir un alaridito como de chiflido de afónico, con un rictus que ya hubiera querido Carlos Ancira en su Dario de un loco o cualquier contribuyente al recibir la enésima multa injusta del SAT. El aullido no se aplacó hasta que acabó el primer anuncio. Pero luego hay un segundo; siempre llega otro anuncio del Verde. Y el mismo ruido de loco del chamaco ese. Unas señoras a su lado lo miraban con tal sorpresa que más parecía susto.

Cuando empezó la película, hubo pocos cambios.

Deje los movimientos prodigiosos de cámara, la estética barroca del nuevo milenio, donde todo es recargadísimo, la música trepidante, los coches sacados de un viaje de LSD de los 60, las modelos hermosísimas y medio sucias para hacer la finta de que son muy del desierto; todo se vino abajo cuando uno de los infantes susurró, sin animo de volver locos al resto de la sala, "seguro ese inchi loco Max es del Verde, cómo es que es el único que tiene sangre útil". Cuando dejan caer la precaria cascada para medio darles agua a la perrada que vive entre la arenas y las cuevas, el mismo infante anuncia "seguro que es una ley aprobada por el Partido Verde, el de dar agua a los sedientos". Al principio pensé que lo hacía el fulano para molestar a todos los espectadores, pero luego me percaté que lo decía con respeto, verdaderamente tratando de no ser escuchado más que por el otro cofrade. No quise aguzar la mirada a ver si no traían algún tatuaje new age en la cara o la playera de algún candidato verde, porque, supuse, eso sí me va a poner muy mal. De por sí, a estas alturas del partido, digo, de la jugada, ya todo lo electoral me suena a ganas de vomitar o me compele a aventar el brazo al frente, ya sea para cambiar la estación de radio o para apagar la televisión. En mi calle los vecinos ya no se hablan, y sólo por el detallito de que a uno le pagaron por colgar un pendón de un fulano y al otro de uno distinto. Ni les digo de mis pleitos familiares por la misma razón.

Tuve momentos de feliz olvido, pues la nueva versión del loco Max es de tal velocidad visual y de tal movimiento de cámara, que tiene el maravilloso efecto para el espectador de meterlo de lleno a la película, sobre todo porque de otro modo uno no entiende qué chintroles está pasando ahí. Hasta taquicardia me dio a media persecución entre balazos, muertos, sangre, locos suicidas que se drogan para irse al Valhalla desértico (así dicen, no crean que soy de ese partido mesiánico que tanto odian) y todo para llegar al "mundo verde", dicen los protagonistas. A la primera mención del lugar soñado por la mamachita Courtney Eaton y demás similares, empezando por Charlize Theron con todo y muñón freudiano, los locos del cine tuvieron el detallazo de susurrar entre ellos, "porque sí cumple, es el único que sí cumple". Milagrosamente, los requintos a todo volumen me devolvieron a la cordura ciudadana y su hermano amigo, la abstención en el voto. A la tercera mención de los chamacos verdosos de que los mata-edecanes sí cumplen, pude pasar de nuevo a la película para ver a los musculosos pelones, en alusión directa a la segunda película del Mad Max original.

Las mujeres suspiraban lo mismo con Tom Hardy que con las modelos que van dando tumbos por las dunas, supongo que por motivos distintos. "Claro", dijo una rabiosa a mi lado, "si yo no tomara agua en días y comiera lagartijas, también estaría así de flaca".

Toda una experiencia ir al cine.

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