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Guerra Animal

Animal madness
(Fotoarte: Karina Vargas)

MUNDOS PARA-LELOS
Rafael Tonatiuh


El gorila que consiguió Thorazine en su Coca-Cola
Uno de los primeros No Humanos que se le suministró fármacos como paciente, y no como conejillo de Indias, fue Willie Be, famoso gorila del Zoológico de Atlanta, Georgia, donde vivió durante 39 años, 27 de ellos solo en una jaula techada con un columpio y un televisor. El personal veterinario le puso Thorazine en su Coca-Cola y respondió a la droga como muchos humanos hacen: se arrastró hacia atrás y hacia delante por su jaula con los ojos embotados.”
Del bestseller ‘Animal Madness (Cómo los perros que padecen ansiedad, loros compulsivos y elefantes en recuperación nos ayudan a entendernos a nosotros mismos)’, de Laure Braitman. Simon & Schusrters. Junio de 2014.

 

Willie, el gorila más tierno y amado del Zoológico de Atlanta, apareció aquella soleada tarde con una gorra de los Braves puesta al revés y anunció que desde ahora todos deberían llamarle “Willie Be, el Nuevo Rey de la Selva.” El oso panda se revolcó de risa, consiguiendo que el gorila destrozara su rostro con un bat, y rapeara sobre su afelpado cuerpo en blanco y negro y rojo:

Escuchen Pandas al nuevo rey
De la jungla, de Atlanta
Tiemblen chinas Triadas
¡Llegó Willie Be! ¡La ley!

Un cirujano plástico veterinario intentó reconstruir el rostro del oso panda, pero solo consiguió que pareciera un lémur ratón y los demás animales le apodaron Mort, como el personaje de Madagascar; el oso panda trató de cortarse las venas.

El Consejo del Fondo Mundial Para la Naturaleza exigió al zoológico el sacrificio inmediato del simio agresivo, por atentar contra la supervivencia de una especie en peligro de extinción, pero afortunadamente Willie Be tenía un excelente abogado, financiado por Sleepy Brown, productor de Organized Noize, sello discográfico con el que había firmado el lanzamiento de su álbum debut La jungla de asfalto tiene un nuevo rey.

El abogado consiguió que el gorila fuera rehabilitado por un grupo de psiquiatras veterinarios especialistas en manejo de la ira.

Tras un periodo de observación, los psiquiatras veterinarios dictaminaron que Willie Be padecía trastornos mentales derivados por permanecer en una jaula durante 39 años, entretenido únicamente con una televisión, donde el primate se la pasaba viendo Black Entertainment, MTV Jams y Caracortada en dvd, y por la cantidad de Coca-Cola que se le servía en su alimentación, que rebasaba los 300 miligramos diarios de cafeína recomendados por la Agencia de Alimentos y Medicamentos. Todo ello resultaba más explosivo por la presencia de un columpio, que a Willie Be le recordaba su infancia, antes de su captura en el Congo, desencadenando una bipolaridad tipo III.

Los psiquiatras veterinarios, quienes gozaban un magnífico sueldo gracias a Organized Noize, aprovecharon la oportunidad para probar con el gorila las combinaciones psicotrópicas que ellos mismos querían experimentar en futuras fiestas: metadona con té de Gingsen, fisostigmina con Red Bull, amantadina con absenta, etc.

También cambiaron la programación de su televisión, alternando Nickelodeon, Investigation Discovery, Bandamax y un canal porno.

Willie Be se tornó más violento y creativo y ganó premios Billboard, Emmy, Mobo y Sleepy Brown acrecentó su riqueza con videojuegos y una línea de smartphones con el HTC Banana Sensation, usando a Willie Be como logo promocional.

La buena racha se vino abajo cuando Willie Be mató al teniente Petri, descargándole una 38, pues su rostro le recordó a Sal Fragione, el propietario de la pizzería racista en la cinta Haz lo correcto.

Los abogados de Organizad Noize argumentaron que su cliente es “un ser irracional, sin conceptos morales ni sociales de su acto”, librándolo de la silla eléctrica, pero el juez sentenció que esta vez los psiquiatras veterinarios le medicaran fármacos que redujeran sus instintos destructivos.

Willie Be fue sometido a poderosos antidepresivos que lo volvieron absolutamente manso, sus discos dejaron de venderse y Sleepy Brown rescindió su contrato con Noize Records. El gorila cambió su gorra de los Braves por un turbante rajputa, tomó una guitarra acústica y se dedicó al rock indie alternativo, y aunque tuvo algunos éxitos como “Una plegaria por nuestro hermano panda”, todas sus regalías fueron donadas para Green Peace.

El Zoológico de Atlanta fue perdiendo interés y por falta de presupuesto tuvieron que sacrificar algunas tortugas. Los psiquiatras veterinarios, bajo los efectos del LSD con Dr. Pepper Light, le propusieron al director del zoológico un plan urgente de recuperación económica: dopar a los animales más salvajes para venderlos como mascotas a personas adineradas.

Con el éxito de leones, tigres y cocodrilos corriendo por la varita y llevándole sus pantuflas a sus amos, zoológicos y tiendas de animales drogaron más fieras y bajaron sus precios en el mercado. Cualquier familia de escasos recursos podía pasear a su pantera vestida con un suéter color de rosa en el centro comercial.

Perros, gatos y ratas de laboratorio tenían en común dos cosas: una amplia experiencia en el trato con los humanos, y compañeros de especie callejeros, vagabundeando en plazas y azoteas. Tras una asamblea internacional nocturna en el Central Park, fraguaron una guerra atroz contra las bestias salvajes dopadas, bajo el lema de batalla: “La ley del más fuerte es la ley de la estrategia”.

La noche de San Valentín fueron asesinadas las mascotas de los principales gobernantes del mundo y de los jefes del crimen organizado. El comandante de las fuerzas especiales de la OTAN despertó con la cabeza de su jabalí favorito junto a su almohada y pegó un grito aterrador. Perros, gatos y ratas de laboratorio bailaron La jungla de asfalto tiene un nuevo rey y la gente captó el mensaje.

La ONU decretó la prohibición definitiva para medicar a los miembros del reino animal y la brutalidad volvió a quedar en manos de los seres humanos, volviendo todo a la normalidad.


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Otros casos del libro ‘Animal Madness’

El Oso polar del Prozac 
Gus, del Zoológico del Central Park, comenzó a nadar compulsivamente en su piscina durante 12 horas diarias y las autoridades le pagaron 25 mil dólares a un psicólogo conductista para que lo ayudaran. Así fue contratado Tim Desmond, el entrenador de animales de la película Liberen a Willy.

El oso salió en la portada del Newsday, David Letterman dijo que era el “típico neurótico neoyorkino” y la banda Tragically Hip le compuso la canción “What’s Troubling Gus”.

Gus vivía en un recinto de 0.00009 por ciento menor a su rango en el ártico, lo cual, dictaminaron sus análisis, afectaba sus impulsos predatorios.

Tim Desmond le medicó Prozac y le pusieron una zona de juegos con botes de goma y conos de tránsito para que Gus simulara mutilaciones, hasta que su nado compulsivo se detuvo.

Los gorilas que tomaron Haldol, Valium, Klonopin, Zoloft, Paxil, Xanax, Buspar, Prozac, Activan, Versed, Mellaril y Beta-bloqueantes.
Todo comenzó cuando el gorila Kitombe llegó en 1998 al Zoológico de Franklin Park, en Boston.

Al unirse a la manada de la jaula se enamoró de Kiki y no permitió que ningún otro gorila se le acercara, por lo que se enfrentó a Gigi, la gorila hembra más antigua de la tropa, que también amaba a Kiki. Kitombe trató de ahogar a Gigi en el foso de la jaula y le arrancó el cuero cabelludo de oreja a oreja, generando caos en el zoológico.

Para apaciguar a Kitombre y aliviar la depresión de Gigi, se les suministraron diversos medicamentos, hasta que lograron rehabilitarlos.

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