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Flácido San Valentín en Tlalpan

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Karina Vargas

Un recorrido de sur a norte por la popular avenida hotelera de la capital, cuestionando a recepcionistas y policías para conocer la afluencia de visitantes, arrojó una cifra poco alentadora para Cupido

Puede ser que la visita del papa Francisco a la ciudad ahuyentara a los pecadores del deseo carnal y los alentara, en cambio, a formar vallas humanas para ver fugazmente a la autoridad religiosa trepada en su auto de cristal, o que en su defecto la suerte de recibir la quincena adelantada no sucediera y el presupuesto de las parejas no cubriera ni cinco horas de placer. Sea cual fuera la razón, las aceras tlalpeñas albergaron a más transeúntes solitarios, puestos de flores, globos con figuras de corazones y alguno que otro vagabundo concentrado en su mundo, que a parejas dispuestas a buscar niditos de amor, sobre todo a los alrededores de las estaciones de la Línea 2 del Metro. Así lo confirmaron los dependientes de moteles de paso y posadas refinadas que con rostros neutrales, casi melancólicos, espetaron que la actividad era igual a la de cualquier otro domingo y que no habían ofertado ninguna promoción. Otros más, resguardados tras un espejo o un vidrio opaco, declararon que el día se veía tranquilo y al preguntarles si creían que la presencia papal tenía algo que ver, se limitaban a contestar: "pues habrá a quien les guste eso y estén allá".

Ni los potros del amor, ni el jacuzzi, la señal de cable y wifi o la posibilidad de decorar la habitación, compartir una botella de vino y una tabla de quesos o de carnes, como daba opción el hotel Cuore, cercano al estadio Azteca, llamaron la atención de los enamorados. Sin embargo el hotel Tlalpan o el Xanadú, fueron de las excepciones a la regla y alojaron un número de duplas mayor a las que acostumbran recibir en una cuesta dominical. Incluso, el California Dancing Club tuvo sus inconvenientes al retrasar más de una hora otro evento al anunciado: "Hoy 8 pm Yagarú y los Papis", aguantando los reclamos de los pocos asistentes que se quejaban de no poder disfrutar de un rato agradable, como se los habían prometido al cumplir la cuota de 300 pesos.

Otra peculiaridad de esa costera romántica son las cortesanas que ahí residen, quienes intentaron redimir sus faltas asistiendo a la magna misa de Ecatepec o fueron intercambiadas por policías de tránsito que resguardaban algunas calles cerradas con cintas de precaución. Solo un travesti con vestido entallado e implantes de senos y nalgas protuberantes se dejó ver a la altura de la estación Chabacano, haciendo que algunos automovilistas redujeran su paso para admirar la silicona y el par de piernas que se ha esforzado en esculpir.

El atardecer consumió la calidez del día y con ella la esperanza de los hoteleros de entonar incansablemente un número de habitación, acompañado de un "¡Feliz día de San Valentín!".

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