QrR

Festival en el desierto: Un fin de semana cómico-mágico-musical

Fue una larga espera pero el ansiado momento llegó, y miles de personas de todas partes del mundo se congregaron en el lugar.
Fue una larga espera pero el ansiado momento llegó, y miles de personas de todas partes del mundo se congregaron en el lugar. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Adriana Oñate

@sullenlamaga


De los creadores del festival hipster por excelencia —Coachella—, llegó el denominado Desert Trip u Oldchella, con un cartel de ensueño: The Rolling Stones, Bob Dylan, Paul McCartney, Neil Young, The Who y Roger Waters.


Lo que muchos ni en sus más húmedos sueños musicales imaginaron sucedió el pasado fin de semana en Indio, California. Un concierto catalogado por algunos como el del siglo, reunió a varias de las leyendas del rock para un evento sin igual.

Fue una larga espera pero el ansiado momento llegó, y miles de personas de todas partes del mundo se congregaron en el lugar. Por supuesto, no podía faltar el respectivo contingente de mexas y paisabreakers (como diría mi buen amigo Meme) que se dieron cita en esta pequeña población de California para ver y ser vistos (y presumirlo en el Feis, obvi).

A diferencia de su hermano Coachella, en el Desert Trip la momiza se manifestó en grande y se podía ver a mucho viejito jipiteca con olor a pachuli, incluso acompañados de sus hijos y nietos, listos para un fin de semana cómico-mágico-musical lleno de sexo, drogas y rock ‘n’ roll o, en su defecto, solo drogas y rock. Ah, porque vaya que abundó la hierba en este lugar, considerando que en California es legal la posesión de mariguana medicinal y pues dicen que ayuda con las reumas.

Alrededor de 70 mil personas asistieron por día pagando las nada despreciables cantidades de 399 dólares por admisión general y hasta mil 599 por estar hasta adelante, sin contar las llamadas “experiencias culinarias”, así como el campamento u hotel, el shuttle, el estacionamiento VIP, las chelas y tragos, etcétera. Los organizadores saben que con la edad no solo viene la sabiduría sino también, en algunos casos, el dinero (y mucho). Lo bueno es que, sin importar en qué lugar te encontraras, se podía disfrutar de un maravilloso audio y pantallas con gran nitidez.

El fin de semana arrancó con Bob Dylan, quien decidió complacer al público con varias de sus canciones más populares y que fueron una gran influencia para muchos de los músicos de su generación. Posteriormente salieron los Rolling Stones, quienes aprovecharon para anunciar el lanzamiento de su nuevo disco de covers de blues y de paso tocar uno de los temas ahí incluido, “Ride ‘Em on Down”, de Jimmy Reed, para después aventarse un inesperado cover de “Come Together”, de los Beatles.

Luego de un tortuoso camino para tomar un taxi el día anterior, el sábado pintaba genial con Macca y Neil Young. A todos aquellos que aún no le abren su corazón a Young, créanme que están desaprovechando su tiempo y perdiéndose de un gran artista cuyo set sin duda fue uno de los más explosivos del fin de semana.

Acompañado de Promise of the Real, banda de Lukas Nelson (hijo de Willie), Neil Young dejó clarísimo el por qué fue incluido en tan histórica alineación. Destacaron una versión extendida de “Down By The River” y una conmovedora “Harvest Moon” para concluir con la puntada de decir “regresen mañana, oí que Roger va a construir un muro y haremos a México grande otra vez”, en franca parodia a la frase de campaña de Trump.

Sin subestimar su superpoder Beatle, McCartney nos llevó a un recorrido por su carrera y, de paso, invitó a Neil Young a un palomazo en el que tocaron “A Day in the Life”, “Give Peace a Chance”, y desempolvó “Why Don’t We Do It In The Road?”

Como diría Raúl Velasco, aún hay más. Y sí, hubo mucho más.

The Who, con una energía que cualquier veinteañero envidiaría, animó al respetable mientras Pete Townshend se la pasaba cotorreando con la chaviza diciéndole cosas como que eran la versión de 1967 de Adele, Lady Gaga y Justin Bieber, y que le dieran chance a los más viejos para que se sentaran y descansaran, para terminar con un ácido “buena suerte en las elecciones, amigos”.

Para concluir tan memorable viaje musical, Roger Waters brindó, como es su estilo, una fantástica experiencia visual y sonora capaz de volarle la cabeza a cualquiera. Con mucho mayor énfasis que en sus presentaciones en México, Waters se dedicó a vituperar al ya de por sí vilipendiado Donald Trump, tildándolo de racista, ignorante, sexista, mentiroso y cerdo. Además, envió un contundente mensaje de apoyo a los palestinos y contra la ocupación del gobierno de Israel.

Sin duda fue algo histórico poder ver a todos estos grandes del rock en un mismo lugar y, considerando la reciente oleada de muertes de músicos, fue un privilegio poder verlos vivitos y coleando. Un festival que no sabemos si se repetirá o si se llevará a cabo con distintas alineaciones; lo que es seguro es que fue un orgasmo musical.

< Anterior | Siguiente >