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Enredados somos y en el Twitter andamos

Laura García Arroyo
(Javier Ríos)

PEPE EL TORO ES INOCENTE
Jairo Calixto Albarrán

Laura García Arroyo, eres una mujer que viene con una formación fuerte alrededor de la literatura, del lenguaje, del uso de las palabras. Estás en un programa La dichosa palabra que se dedica a desmenuzar las palabras y sus orígenes, algo más o menos serio que ustedes lo manejan muy bien con sentido del humor, pero que no deja de ser serio. ¿En qué momento empiezas a tomar en serio el Twitter o las redes sociales para escribir tu libro Enredados?

Nunca es en serio y nunca es de broma, yo soy traductora de profesión, entonces aprendí a desmenuzar las palabras a partir de ver cuál era el correspondiente de un idioma a otro, entonces a la hora de traducir, sobre todo el francés, que es mi idioma principal, al español, me di cuenta de la importancia no tanto de saber francés sino de conocer el español, entonces ahí me di cuenta de que no eran lo mismo los matices, una palabra que otra que podría ser casi la misma, pero no lo es y por qué no lo era. Y de eso dependía en la universidad la nota que te ponían en el examen, pero a la hora del trabajo que es donde realmente ahí se ven las cosas es como el cambio de sentido, de interpretación y de mensaje del texto y todas las personas usadas en cualquier contexto tienen importancia.

El hecho de que Twitter ahora haya llamado mi atención o haya llenado mi ocupación más reciente, es porque es en donde más se usan las palabras y donde más gente y participantes hay, es decir, en un periódico o en una literatura, digamos que hay un criterio común que es que todos escriben bien o todos saben usar el lenguaje o lo que un mensaje quiere decir. Pero el lenguaje es de los hablantes y los hablantes se ven en la calle y ahora la calle se ha trasladado a las redes sociales, así que es muy simpático ver cómo funciona esa comunicación, que antes se daba de tú a tú, siempre tenías una cara, unos ojos, una interpretación y todo lo que la comunicación gestual incluye. Y en el Twitter ha evolucionado hacia algo que aún no acertamos a analizar.

Ese es el poder de una red, que yo creo que cuando se creó, ni FB, ni Twitter, ni ninguna de estas imaginó el alcance que luego iba a terminar teniendo y eso lo hemos hecho los usuarios y eso significa que era necesario, que le hemos visto algún tipo de utilidad, ya sea de entretenimiento, de trabajo o como herramienta de comunicación, pero eso lo hemos hecho nosotros. Ellos ahora van resolviendo las cosas según nuestras necesidades o nuestras quejas, pero lo hemos convertido nosotros en ese monstruo que es ahora mismo. ¿Se nos ha ido de las manos? No ¿Se ha ido reconvirtiendo y se ha ido transformando y no es lo que empezó? Si. Sigue teniendo muchas ventajas y sigue siendo un potencial de comunicación que a mí como amante de las palabras es lo que me interesa, no tanto el saber si nos trolean, si la gente es ruda, si es grosera, más bien qué está pasando.

Pero sobre todo, este hecho de democratizar la comunicación, el hecho de que todo el mundo ahora agarre un Smartphone y escriba, cosa que antes no se atrevía la gente, algunos no deberían, o como la legión de los idiotas, que ahora están tan visibles, pero eso es inevitable.

La mentira es muy humana…

Claro, si la sociedad es machista, el diccionario es machista, las redes son machistas, por qué porque es cómo nos comunicamos, es una expresión más, una manera de manifestarnos que queda ahí de manera totalmente patente, yo siempre he dicho que la culpa no es de las redes, la culpa es de nosotros, lo que hace es exponernos mucho más, estamos mucho más exhibidos, todo es más visible.

Y simplemente porque la gente es muy sensible, inclusive los trolls, los más tremendos, si los bloqueas, buscan la manera de entrar…

Pero son necesarios los trolls, como las bacterias.

Como el chikunguña…

En las redes no nos contagian físicamente, no podemos vacunarnos, pero podemos bloquearlos, todo eso son las desventajas de las redes, yo lo que precisamente quise hacer en este libro es sacar a relucir las partes buenas que hay, porque yo creo que están muy satanizadas las redes y no estaríamos realmente todos ahí metidos si fueran tan malas, es decir, hay una parte de nuestro trabajo, sobre todo los que nos dedicamos a la comunicación, como de ver los fenómenos de cómo está evolucionando el idioma en las redes, la calle ya no es la que inventa las palabras, ahora son las redes. Antes eran los filósofos, era una Academia, luego eran las Academias mismas, no las de las lenguas, sino las de los griegos y los filósofos poniéndose de acuerdo, luego fue en la calle como empezaba todo,  luego era la televisión y ahora son las redes, las palabras evolucionan si están en las redes o no.

Entiendo que muchas de las palabras o los términos que están en las redes y que tú documentas en tu libro, no son nuevos ¿los recuperaron? ¿Hubo una arqueología lingüística?

En el capítulo de palabras, excepto chatear y Twitter, los demás si, ya estaban desde hace siglos, como arroba, avatar, navegar, pirata, hacker tiene unas décadas. Pero Twitter no tiene ni diez años, chatear un poco más, pero se ha reconvertido. En ese capítulo de palabras que es el que más emocionó hacer, me gustó como demostrarle al mundo de que nos creemos muy modernos, utilizando arrobas y un montón de terminología ahora nueva, porque se ha convertido en otros significados, pero me gusta ver esa transformación. Yo he aprendido mucho haciendo este libro, he tenido que investigar mucho porque yo no sabía a qué me enfrentaba. Ha salido un montón de terminología a partir de los fenómenos, por ejemplo, el capítulo de Booktubers y toda la terminología que ellos usan para hacer sus videos-reseñas, trae un vocabulario amplísimo, mi temor era que se quedara obsoleto nada más saliera a la calle, porque son modas y todo pasa muy rápido.

También hay muchos escritores conocidos, que usan estas herramientas para probar sus hallazgos, para jugar y también hay una parte poética, que me parece cursi, horrible y sin gracia, también hay mucho aforismo.

Dentro de la literatura, también hay de superación personal, por ejemplo, pero fíjate Pérez Reverte tiene este rincón de lectura y de compartir que se llama El bar de Lola, donde todos los domingos abre su cuenta de Twitter para responder y todas sus respuestas tienen que ver con cuestiones literarias, no tanto alusiones a libros ni a autores, sino que todas sus respuestas son una historia y ya cuando se harta se va a su casa y cierra el bar. Esa es otra muestra de cómo los autores ya establecidos o conocidos, han encontrado en Twitter otra manera de comunicarse y es otra retroalimentación que puede ser también muy rica.

¿Cuál fue la primera palabra que más te llamó o que  te conmovió al llegar a lo virtual?

No sé si haya una palabra, peor si  hubo un fenómeno en el que convertimos todos los sustantivos en verbo, eso no se hacía antes.

¿No era Arjona el que hacía esto?

Arjona se basó en las redes sociales para componer sus canciones, él no lo sabe pero es  un moderno. Si creo que de chat a chatear, de Instagram a instagramear, de Google a googlear, todos estos verbos que hemos creado a partir de marcas, incluso Sony, dice sonyfícate en sus comerciales ahora, eso me llamaba mucho  la atención, como a partir de un solo verbo, hemos creado familias semánticas enteras y ese es un fenómeno lingüístico que se ha creado en las redes, que se ha dado por esta inmediatez y este compartir tan grande.

En el libro incluyes Test ¿a dónde te lleva eso?

En realidad no es mío lo tomé de un test que hay para medir la Nomofobia, que es esta adicción que uno puede tener a estar conectado, que no tiene que ver con la Nomofilia que tiene que ver con este amor a estar desconectado y es completamente diferente. Pero se me hizo chistoso que ya hubiera test profesionales y que ya se estuvieran estudiando y analizando como problemas mentales y que se esté buscando un tratamiento.

A lo mejor en ese momento ya todo va a ser mental, vas a tener un chip y ya no vas a tocar nada en realidad…

Si, lo que estamos fomentando es la lectura y el enriquecimiento de vocabulario, de historias y de llenarse de un montón de cosas, es una experiencia y no tiene que ver ni con las páginas ni con la tinta, tiene que ver con el contenido, es realmente lo que te llene. Si lo que queremos es fomentar la lectura ¿por qué seguimos contando libros vendidos como índice de lectura? ¿Por qué seguimos diciendo que en México no se lee? ¿Por qué no estamos contando revistas, periódicos, etc.? Todo que leemos y escribimos en las redes no se puede cuantificar y eso a los medidores, las editoriales, les pone muy nerviosos.

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