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El deporte más raro del mundo

Para lograr esa proeza, Aleix Segura se queda flotando boca abajo y sin moverse en una alberca, rigurosamente vigilado por un juez.
Para lograr esa proeza, Aleix Segura se queda flotando boca abajo y sin moverse en una alberca, rigurosamente vigilado por un juez. (Mored)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

EL PEZ SOLUBLE

Jordi Soler

 

Ahora que el furor olímpico parece un fenómeno del todo inevitable, no está de más ventilar ese raro deporte que debe ser, seguramente, el más desconocido del mundo. Su nombre ya echa un poco para atrás: apnea estática.

Sé que esto resulta difícil de aceptar pero la apnea estática no solo es un deporte con su historia, sus registros y sus récords, sino que tiene un campeón del mundo que hoy es el español Aleix Segura. El año pasado Natalia Molchánova, la campeona de apnea dinámica, disciplina hermana de la estática, perdió la vida mientras practicaba un descenso en las aguas de la isla de Formentera. Una tragedia que dio a este deporte una amarga visibilidad.

Apnea, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, quiere decir “falta o suspensión de la respiración”. De manera que Aleix Segura es la persona que más tiempo aguanta sin respirar en el mundo.

Cuando la apnea no es un deporte es una dolencia. Hay gente que sufre apneas mientras duerme y el resultado estético es una molesta variedad de sonidos guturales; se trata, según me cuenta una amiga agraviada por los estertores apnéicos de su marido, de una suerte de ronquido extremo, de un ruido parecido al que produce el cascajo cuando baja por un tubo, desde lo alto de un edificio, al camión que lo espera en la banqueta.

Pero la apnea estática es un deporte, se trata de aguantar la respiración por voluntad propia y Aleix Segura, el actual campeón del mundo, resiste diez minutos y siete segundos metido en el agua sin respirar. ¿Cómo se puede resistir tanto tiempo sin respirar? No lo sé, pero Segura da una pista: “Tengo rutinas de pensamiento que me ayudan a estar centrado en lo que hago. Los primeros cinco o seis minutos sin respirar no me suelen costar mucho, a partir de ahí es cuando empiezo a sufrir”, declaró al diario español La Vanguardia. Y más adelante añadió una frase críptica, que podría haber dicho un monje budista o un faquir: “al final debes evadir el sufrimiento prestando atención solo al límite del estado de conciencia”.

Para lograr esa proeza, Aleix Segura se queda flotando boca abajo y sin moverse en una alberca, rigurosamente vigilado por un juez. El deporte es tan desconocido, y tan poco rentable, que nuestro campeón tiene que trabajar de arquitecto, que es para lo que estudió. Las marcas no están interesadas en patrocinar a los campeones de esta disciplina y, si lo estuvieran, tendrían que estudiar muy bien en qué lugar del cuerpo del atleta pondrían su logotipo. Como la parte estelar del quehacer de un apnéico estático acontece con el atleta boca abajo en la superficie de una alberca, podría pensarse en colocar la marca en la parte trasera del traje de baño, en las nalgas del campeón, que es la zona que sale a flote.

Además de la apnea estática, también existe la apnea dinámica, esa disciplina de la que era campeona Natalia Molchánova. Esta se practica en el mar y consiste en descender a pelo, aguantando la respiración, y después ascender de vuelta. Solo seis personas en el mundo han conseguido bajar 120 metros, un grupo extraordinariamente selecto si se piensa que el grupo de personas que ha pisado la superficie de la Luna tiene doce integrantes. También está la apnea dinámica con aletas, que se hace recorriendo una y otra vez, por debajo del agua, una alberca olímpica.

Aleix Segura descubrió su talento apnéico porque era aficionado a la pesca submarina. “He practicado futbol, baloncesto, judo, me lo pasaba bien pero buscaba deportes más competitivos y atléticos y así, poco a poco, me fui derivando a la apnea”. Y cuando se le sugiere que el suyo parece un deporte de alto riesgo, dice: “En los últimos veinte años en competición solo ha muerto una persona, mucho menos que en otros deportes como el tenis o el futbol. Es un deporte seguro si uno aplica las medidas de seguridad, el riesgo viene cuando estás solo”.

Resulta curioso que Aleix Segura haya encontrado en la apnea estática un deporte, desde su punto de vista, mucho más competitivo que el futbol o el judo, seguramente porque no hay competencia más feroz que aquella que sostiene una persona contra sí misma. Seguramente la inmovilidad que requiere la apnea estática necesita de más concentración que las apneas dinámicas, donde el atleta va distraído, digámoslo así, por el desplazamiento.

El único referente que me viene a la cabeza es el del gran Houdini, metido en aquella gran pecera, aguantando la respiración bajo el agua mientras trataba de liberarse de las cadenas que lo sujetaban. La imagen era angustiosa, se veía cómo el mago —que hoy sabemos que no era mago sino un atleta de la apnea— forcejeaba durante un par de minutos muy largos, pero desde luego no tan largos como los más de diez que aguanta el campeón del mundo.

Este deporte es raro, no tiene aficionados, ni cobertura, ni patrocinadores, pero tiene el encanto de la sencillez; para practicarlo no hace falta equipo, ni uniforme, basta con ponerse un traje de baño y, como hacen los niños, sumergirse y a ver quién aguanta más tiempo la respiración.

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