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 Eduardo Galeano: “¿Qué le pediría al tiempo? Morir con dignidad”

 Eduardo Galeano
(Waldo Matus)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Irene Selser

Amigo de los argentinos Juan Gelman, Haroldo Conti y Rodolfo Walsh, tres grandes como él de la literatura, el periodismo y la militancia en América Latina, asesinados los dos últimos por la dictadura de 1976-1983, Eduardo Galeano se decía obsesionado por el machismo, el racismo, el militarismo y “otros ismos” que “nos han ido dejando ciegos de nosotros mismos... Siempre digo lo mismo: tenemos que recuperar el arcoíris terrestre, que para mí es lo más importante de todo, porque tiene muchos más fulgores y colores que el arcoíris celeste. El arcoíris terrestre somos tú y yo, somos todos nosotros, los humanitos, un arcoíris mutilado por todo esto que hablamos, el machismo, el elitismo o el militarismo, que hoy por hoy se refleja en un hecho muy concreto: el mundo está destinando tres millones de dólares, por minuto, a la industria militar, que es el nombre artístico de la industria de la muerte, mientras que al mismo tiempo, por minuto, mueren de hambre o de alguna enfermedad curable quince niños”.

Así lo expresó en abril de 2012 al periodista Daniel Viglione, del diario porteño Clarín, en vísperas de su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires. La conversación se dio en su mesa de siempre en el mítico Café Brasilero de Montevideo, estando aún fresca la publicación de Los hijos de los días, un libro—calendario como un Génesis de los mayas— para quienes el tiempo es el que funda el espacio —con 366 historias de hechos sorprendentes ocurridos en distintas épocas y héroes anónimos. “Y los días se echaron a caminar. Y ellos, los días, nos hicieron. Y así fuimos nacidos nosotros, los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida”, dice el libro, cuya original estructura y estilo le exigieron al autor 11 modificaciones antes de publicarlo en 2011.

Y si en Los hijos de los días, Eduardo Germán María Hughes Galeano, nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, le reserva un lugar a Adán y Eva junto a las argentinísimas islas Malvinas, en su ahora obra póstuma, Mujeres, que este jueves publicará Siglo XXI en Madrid, el autor de la trilogía del exilio Memoria del fuego y de Las venas abiertas de América Latina recupera las voces de figuras tan entrañables como Sherezade o sor Juan Inés de la Cruz, Teresa de Ávila y Marilyn Monroe.

Como se puede leer en los extractos de Mujeres adelantados por prensa española, Galeano retoma elementos de sor Juana en su brillante Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, redactado en marzo de 1691, tres años antes de morir a sus 44 años, en respuesta a las recriminaciones del obispo Fernández de Santa Cruz, escudado en un seudónimo de mujer. Éste le reclama su pasión por el saber, y sor Juana lo justifica demostrando en una extensa reflexión por qué la lógica, la retórica, la poesía, la física y la historia son imprescindibles para acceder a las Sagradas Escrituras.

Dice Galeano de sor Juana en Mujeres: “Como Teresa de Ávila, Juana Inés de la Cruz se hizo monja para evitar la jaula del matrimonio. Pero también el convento su talento ofendía. ¿Tenía cerebro de hombre esta cabeza de mujer? ¿Por qué escribía con letra de hombre? ¿Para qué quería pensar, si guisaba tan bien? Y ella, burlona, respondía: ‘¿Qué podemos saber las mujeres, sino filosofías de cocina?’ (...) Como Teresa, Juana no solo escribía, sino que, para más escándalo, escribía indudablemente bien. Y como Teresa, fue amenazada por la Inquisición (...) por obedecer poco y preguntar demasiado. Con sangre, y no con tinta, Juana firmó su arrepentimiento. Y juró por siempre silencio. Y muda murió”.

Galeano, autor de los imprescindibles Días y noches de amor y de guerra y de El futbol a sol y sombra y otros escritos,  fundador de la emblemática revista cultural Crisis y colaborador del no menos fundamental semanario político Marcha de Carlos Quijano, si algo pudiera pedirle al tiempo sería “morir con dignidad”, luego de promover con la mayor coherencia a lo largo de toda su vida la solidaridad con los más desposeídos y la cultura de América Latina, entendida “no como la que las voces del poder señalan, sino como otra cosa, con fuerza propia, capaz de expresar una memoria colectiva”. Y también una pasión, como la del futbol, el otro gran amor de Galeano, que incluso inventó una teoría: la de que Messi, “el mejor jugador del mundo”, no llevaba como Maradona “la pelota atada al pie”, sino que “lleva la pelota dentro del pie”. La frase le llegó al astro argentino del Barcelona “y se ve que le gustó —se reía Galeano al contarlo—, porque me mandó una camiseta de regalo. Científicamente es imposible, ¡pero es la verdad!


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