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Edgar Froese. El hombre habló con Dios

Edgar Froese
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
David Cortés

Música sintética, sonidos generados a partir de sintetizadores, teclados, generadores, osciladores. Hay un universo allá afuera bañado por pulsos bailables, bleeps y blops que marcan el ritmo cotidiano. La electrónica hoy día es una música más, un platillo de la amplia carta. Pero no siempre fue así: para llegar ahí se hizo necesario el trabajo de visionarios, aventureros, individuos con vocación de outsiders e imaginación incontrolable.

Edgar Froese (Tilsit, Este de Prusia, 1944) pertenece a esa estirpe. Como cualquier joven preñado por la libertad pregonada en los sesenta, el entonces guitarrista tomó a The Rolling Stones como faro guía y en 1965 lo hallamos como uno más de los integrantes de The Ones, agrupación que no presentaba nada digno de destacar.

Sin embargo, Froese tendría su epifanía. En un viaje a Cadaqués, España, se suscitó un encuentro inesperado con Salvador Dalí: "Ese fue el mayor cambio que tuve en la música, al ver la forma en la que hablaba y pensaba. Descubrí que todo era posible. Pensé que haría lo mismo que él en la pintura, solo que con la música".

De regresó a Alemania nuestro personaje abandonó a The Ones y se integró a la escena sonora de Berlín, en ese entonces centro de la experimentación. "La casa de gente que cortaba cintas, corría la música hacia atrás, colocaba bocinas en extrañas configuraciones y trataba de impresionar al público de cualquier manera", cuenta Julian Cope en Krautrocksampler.

En esa ciudad él fundó Tangerine Dream (TD), formado por Klaus Schulze, Conrad Schnitzler y el propio guitarrista, quienes para 1968 tocaban en el Zodiac Free Arts Lab y exploraban la sicodelia en presentaciones de cinco a seis horas. Con esa formación grabaron Electronic Meditations, "álbum de innegable genialidad, nacido de la frustración de alguien que ha tenido visiones de la verdad y necesita proyectarlas a los otros ¡AHORA MISMO!", cuenta Julian Cope. No obstante, en ese momento todavía no se trataba de un ensamble puramente electrónico, aunque sus impulsos ya los llevaba a mirar al espacio exterior. Desde entonces y durante toda su trayectoria, la alineación de TD fue cambiante: por sus filas pasaron Chris Franke, Peter Baumann, Johannes Schmoelling, Steve Joliffe, entre otros, y ya en los años recientes incluso su hijo Jerome Froese, pero el corazón, el ancla férrea que sujetó el todo fue Edgar Froese.

La primera etapa de TD es exploratoria, amorfa, densa, incluso caótica; en 1973, ya convertida una banda cuyo instrumental se basaba exclusivamente en teclados, firmaron con el sello inglés Virgin, lanzaron el disco Phaedra, consiguieron éxito en varios países europeos e incluso se editó en Estados Unidos.

La música se volvió más amable, un pulso constante, rítmico; ya no estaba marcada por la oscuridad, sino por un tono menos árido, igualmente crepuscular por momentos, pero en donde se insinuaba la luz. Paralelamente, Froese inició una carrera en solitario y eslabonó una tercia de discos indipsnesables: Aqua (1974), Epsilon in Maylasian Pale (1975) y Macula Transfer (1976), mismos que marcaron a David Bowie, especialmente Epsilon. Dice el cantante. "Es un trabajo encantador, solía ser la música de fondo cuando vivía en Berlín. Al escucharlo no tuve ninguna duda de donde estaba el futuro de la música y para mí este venía de Alemania".

Antes que Jean Michel Jarre, de Vangelis, de Giorgio Moroder, incluso antes que Kraftwerk, la simiente de la electrónica popular la sembró TD, pero tal vez porque su obra era muy avanzada o era de corte netamente europeo, no fue del todo comprendida. En su primera gira por Estados Unidos, un Lester Bangs totalmente drogado solo acertó a escribir. "Le dije a un chaval que eran una bolsa de mierda, una pobre imitación de Fripp & Eno; entornó los ojos y dijo 'Bueno, tienes que tener imaginación". Al final resumió su encuentro así: "He visto a Dios y la ventaja de haber visto a Dios es que siempre puedes

El 20 de enero Edgar Froese murió en Viena. Deja una discografía impresionante que, dicen los hermanos Freeman en The Crack in the Cosmic Egg, "es extremadamente seminal e influyente, un legado de excelente música que abarca casi todo, desde el rock sicodélico hasta la new age".

Quien una vez dijo "no hay muerte, es solo un cambio en nuestro domicilio cósmico", supo hablar con Dios y verlo de frente, así lo prueba ese mar de sonidos en el cual ahora nos podemos sumergir.

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