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Ecobici, 5 años: Lo bueno, lo malo y lo peor

Ecobici, 5 años: Lo bueno, lo malo y lo peor.
Ecobici, 5 años: Lo bueno, lo malo y lo peor. (Daniel Cruz)

Este mes de febrero se cumple el primer lustro de que se pusiera en marcha el sistema de bicicletas públicas e individuales conocido como Ecobici. Nacido entre loas a sus creadores y a las autoridades que lo apoyaron, el sistema no ha estado exento de polémicas y de detalles varios, que le roban la etiqueta de “modelo”.


Partamos de la idea de que la bicicleta es considerada por muchos como el más grandioso y lúdico invento que ha podido crear el hombre.

 Convencidos de lo anterior, a mediados de los noventa un grupo de locos se propuso recuperar las vialidades de la Ciudad de México, agobiadas por la circulación de centenas de miles de autos, que además provocaban graves daños a la salud pública y ecológica de la comunidad.

A pequeños pasos, la lucha tomó varios caminos que iniciaron con los (hoy muy fortalecidos) paseos nocturnos a media semana y siguió con la puesta en marcha de una ciclovía en el poniente de la ciudad, apenas despuntar el siglo. El esfuerzo nunca funcionó, debido a la mala ubicación y peor configuración, pero que anunció lo que vendría después: la aceptación de los gobernantes de contar con una política de movilidad que abonara a la salud pública, a la disminución del tráfico y a la imagen del gobierno en turno. Porque promover un sistema como el Ecobici pone a cualquiera en el pedestal de los progres y si no que le pregunten al hoy agobiado carnal Marchelo.

APLAUSOS

Por donde quiera que se le mire, las bondades de la Ecobici saltan a la vista. A la fecha se han realizado más de 21 millones 500 mil viajes en cinco años, que traducidos a gasolina y recursos sin usar para otros medios de transporte, muestran su verdadero valor. Sin meternos a relatar los beneficios a la salud física y mental de los usuarios.

Este sistema de bicicletas públicas gestionado por la Secretaría del Medio Ambiente (cuya titular actual, Tanya Müller, fue parte de aquellos locos activistas que iniciaron con la lucha), inició en 2010 operaciones en 85 cicloestaciones, cifra que ha crecido hasta alcanzar en 2015 las 444.

 LA PONCHADURA

Sin embargo, el Sistema de Transporte Individual dista mucho de ser perfecto. Iniciando con quienes se dedican a la planeación, donde se han quedado cortos en la confección de más rutas exclusivas.

Y es que de muy poco sirve que crezca el proyecto si no hay por donde circular. Eso implica riesgos para quienes montan y caos entre los usuarios que ya son considerados por muchos automovilistas como una nueva plaga a enfrentar. Solo basta recordar las estúpidas palabras del comunicador Héctor Serrano, quien invitó a llevarse de corbata a los ciclistas para entender el ánimo de muchos con respecto a Ecobici.

Por otro lado, en su empeño de hacer crecer el sistema, los ingenieros arman las estaciones en espacios antes destinados a los autos, en calles y barrios donde estacionarse es un asunto tan sencillo como sacarse el Melate. Lo anterior ha provocado enfrentamientos como el de hace unas horas en la colonia San Pedro de los Pinos, donde vecinos furiosos llenaron de mierda (literal) la nueva estación Ecobici por considerar que “les roba espacio”. Ahí se podría avanzar si se busca colocar estaciones en parques o calles anchas, donde incluso tendrían mejor lucimiento.

Una queja perenne es la saturación permanente de usuarios y el largo tiempo de respuesta a los nuevos que desean integrarse.

 LO PEOR

En estos cinco años las mayores quejas van dirigidas a los usuarios de la Ecobici. Crecidos y empoderados, faltan a toda clase de reglas: las viales, de civilidad, incluso de sentido común.

Así, y pese al intento del sistema, por educar a sus huestes, muchos de quienes las conducen continúan subiéndose a las banquetas (sin atender la petición de ir a pie en ese caso) y a otros tantos les da lo mismo circular en sentido contrario. Ya no hablemos del empeño por pasarse los altos o la inclinación a maltratar las unidades, como si fueran propias.

Se ha visto que muchos de quienes montan las Ecobiclas son movidos por la imprudencia, como llevar a sus hijos a la escuela o a sus perros a pasear, pese al señalamiento de que son para uso individual.

¿No sería buen momento para que el Sistema de Transporte Individual Ecobici pensara en un método de multas más severas para controlar a los loquitos?

Juan Alberto Vázquez

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