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En ‘Ecatepunk’ el Museo de los Ramones

Alejando Garrido Ramones invita a fans del grupo y curiosos a que conozcan su casa club, martes y domingos.
Alejando Garrido Ramones invita a fans del grupo y curiosos a que conozcan su casa club, martes y domingos. (Juan Alberto Vázquez)

El domingo 12 de mayo de 2013 a las tres de la tarde quedó formalmente inaugurada la casa Club Ramones en Ecatepec, Estado de México. Con la presencia de 100 invitados con su debida contraseña, y 20 colados, se presentaron las bandas Las Rotas, Los Yaps (ya desintegrada y que solo se reunió para el evento), Sin Solución, y los Iyos, que desde entonces se convirtieron en oficiales en cada evento que acá se organiza y al que asiste harto público ruidoso, pero no menos conocedor.

Un sexenio de preparar y ejecutar la idea culminó el día de tal apertura en la  fecha elegida por el chihuahuense Arturo Vega, el quinto Ramone, y mánager de la banda de toda la vida, pues él personalmente pensaba inaugurar la galería. Desgraciadamente una enfermedad lo inhabilitó y cuatro semanas después falleció a los 65 años.

Fue en una visita al Tianguis del Chopo, donde Alejandro Garrido tiene desde hace 30 años un puesto de chamarras, que Vega —el ilustrador a quien debemos el logo de la banda, que además alojó en su estudio a dos de los Ramones antes de que fueran celebridades— concertó una cita para conocer el proyecto, en ese momento en obra negra, y no solo le dio la bendición, sino que le aclaró al emprendedor mexicano: “Esto que estás maquinando, Alejandro, no es Casa Club, sino museo”. Vega asistió a la cita a la mañana siguiente y se tomó decenas de fotos y cervezas con el grupo de amigos ramonescos de Ecatepec, muchas de las cuales Alejandro presume al visitante, junto a las decenas de objetos que el mismo ex mánager donó.

Era el año de 1980 cuando Garrido, con apenas 14 años de edad, escuchó por vez primera al cuarteto formado por Dee Dee, Joey, Tommy y Johnny Ramone, cita histórica que lo sacudió. “Yo escuché desde siempre mucho blues y rock, pero con Los Ramones fue diferente”, sentencia. “No recuerdo cuándo fue el primer afiche que coleccioné, seguramente fue un pin que nunca me colgué, pero a partir de ahí ya no me detuve”.

Actualmente el coleccionista atesora más de 2 mil objetos distribuidos en dos pisos, cinco vitrinas, diez paredes, incluso tiene un baúl lleno de curiosidades tardías de su colección que irá dosificando entre los miembros del club para que nunca falten las sorpresas.

Con ayuda invaluable de sus hermanos, esposa e hijos, y un inspirado albañil, Alejandro levantó La Casa Club Ramones con recursos propios. Además, por supuesto, de mucha voluntad y el amor sólido que tiene por las melodías pegajosas e imaginativas de estos músicos tan trascendentales en la historia del punk. Humilde y sin ánimo de lucro, considera su colección invaluable y acepta que se inspiró en otro de los intentos de tributo museístico rendido a los hijos de Don Ramón: el de Brasil, sin tomar mucho en cuenta del alemán, “donde el dueño sí cobra la entrada y ha vendido incluso parte de la obra”, aclara el fan.

A MEDIO CERRO

Llegar a la Casa Club Ramones parece complicado, pero al final las turbulencias son tan mínimas como canción de punk. Todo Insurgentes Norte, hay que tomar la libre a las Pirámides, dar vuelta a la izquierda pasando la clínica 76, irse derecho hasta el deportivo y ahí girar a la derecha hasta la falda del cerro. Ahí deja uno el auto, la bici o se baja del pesero y luego debe subir 200 escalones por la empinada calle Morelos. La colonia Piedra Grande es uno de esos cerros hiperpoblados que se miran cuando uno sale en carretera rumbo a Pachuca y cuyos atardeceres estando allá arriba son en ocasiones espectaculares.

Alejandro continúa con los recuerdos de su vida ligada a los Ramones. “Vengo de una familia de nueve hermanos, sin padre, siempre he sido humilde, lo sigo siendo, pero cuando comencé a coleccionar mis cosas de rock en una caja de cartón, siempre hubo respeto de mis hermanos a eso que para mí era un tesoro”.

Por eso, el dar vida a este proyecto le ha traído una satisfacción personal inmensa y la sensación de haber alcanzado un logro soñado febrilmente. Se dice dispuesto a compartir su colección con alguna galería que se lo solicite, aunque después de que el club cumpla su primer aniversario en mayo, fecha para la que ya prepara inolvidable pachangón.

Para los interesados en acudir al local, Alejandro pone a su disposición el Ramones Casa Club en Facebook o directamente con él en su puesto de chamarras a mitad del Tianguis del Chopo.  

Juan Alberto Vázquez

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