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‘El Duque’ de la locución de la radio: César Alejandre

entre otros programas Condujo el "Club de los Creedence", "Rock a la Rolling" y "Disco Recuerdo".
Entre otros programas Condujo "El Club de los Creedence", "Rock a la Rolling" y "Disco Recuerdo". (Ilustración: Guadalupe Rosas)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Olmo Robles


En la radio mexicana de otros tiempos, cuando verdaderamente se hacían hits en el cuadrante y se reconocía, entre otras cosas, el trabajo de la locución y hasta había un cierto sentido del honor en la “payola” (no como ahora, ya disfrazada en la nómina de las disqueras o pagada con el carrito del súper), a la que, cuenta la leyenda, Nacho Morales le puso corbata. En ese entonces, había personajes que eran muy bien recibidos en la viejas disqueras. Uno de ellos era César Alejandre: un duque de la radio de trato amable y jovial, conocedor de las últimas tendencias musicales, apasionado y con una voz engolada como sello personal a la hora de plantarse frente al micrófono.

Este personajazo, de cara siempre chapeada, hizo historia en Radio Capital como voz “casi” oficial del Hit Parade, programa que se transmitía los domingos por la noche en la época de la efervescencia de la invasión inglesa, y además le sumaba causa y conocimientos a programas radiales que añora otra generación (la que aún adora los LPs, los EPs y casettes), en esta época de fanfarronerías y protagonismos en nuestra deprimente radio actual. Pero Alejandre decidió morirse antes de tiempo.

Cuentan sus amigos de toda la vida en el cuadrante, como David Prado (su productor desde 1998 en el dominical La era del dinosaurio) que una gripa mal cuidada se le complicó con otra cosas, y le provocó una descompensación que se lo llevó por la vía de un paro respiratorio a otra cabina: la que está entre el cielo y el infierno. Sin embargo, la muerte de quien condujo entre otros programas Cara a Cara, El Club de los Creedence, Rock a la Rolling, La Ola Inglesa, Disco Recuerdo y Estudiantes 12-60, y que frecuentemente era confundido por ser la voz de Vibraciones (cuya locución todavía no le hace cabal justicia a su colega, Manuel Camacho), ha dejado tristes a muchos.

De Alejandre se pueden contar tremendas anécdotas de su vida radial en la amplitud modulada y de sus pasiones discográficas, entre las que se incluían algunos grupos de la invasión británica que encabezaron The Beatles en la segunda (y única) incursión que hiciera extranjero alguno a Estados Unidos (el primero fue Pancho Villa) como The Zombies: en la época de su segundo sencillo: “Tell Her No”; The Rolling Stones, cuando lanzaron “Time is on my Side” y Los Dave Clark Five, con “Do you love me”.

Conseguir esos títulos en el mítico Gran Disco de la calle de Balderas 37, primer piso; donde atendía personalmente el mismísimo Luis Cavero, director de Radio Capital, era misión imposible para algunos como Rubén Sano, a pesar de que llegaba media hora antes de que abriera el local para tratar de comprar los discos que daba por buenos César Alejandre en el hit parade estadounidense y que había que tener a como diera lugar.

Simplemente o Sano le caía mal al señor Cavero o, caso improbable, no llegaban en el pedido. Años después, el propio Sano, que se inició en la industria del disco de la mano de esa la leyenda que fue Herbé Pompeyo (el inventor de “Rock Power”, “La Cultura del Rock” y “Rock en tu Idioma”) por mediación de la amistad que trabó con Alejandre en el programa vespertino de Radio Capital (Nivel 12-60, trabajando con David Prado, que años después, en 1998, haría mancuerna con César) en torno a los míticos Zombies de Rod Argent, el César acabó pasándole varios extended plays de los creadores de “She´s Not There” y “Time of the Season” y algunos discos inéditos que nadie conocía en México, y que le pasaban al duque por la posición privilegiada que tenía en varios programas de radio.

Aunque Vibraciones era algo así como una de las cartas fuertes nocturnas y adictivas de Radio Capital, las conducciones del siempre en la jugada, César Alejandre, lo ponían en la vanguardia de lo que debería oírse en la radio, digamos más terrenal y menos etéreo. Si uno se abstraía por un momento de las increíbles odiseas radiales del programa en que alargaba la voz de manera dramática Manuel Camacho como, por ejemplo, con los programas que le dedicaban a agrupaciones como Quick Silver Messenger Service o Deep Purple, en Tokio; El Duque Alejandre, por su manera de conducir sus emociones radiales, hacía que muchos pusieran los pies en la tierra.

Alejandre era también un apasionado a la hora de discutir sobre géneros de rock y defender posiciones y estilo musicales influyentes, frente a conocedores. Era un tipo fantástico, ocurrente y con mucho sentido del humor y, como pocos privilegiados antes de irse a transmitir al otro mundo, seguramente con un nuevo dinosaurio, le tocó —peor es nada— la era del naciente video (los VHS y el caso insólito en México, Beta, que sentó sus reales como ningún otro sistema de reproducción de imágenes).

Otra vez salieron a balcón las primera imágenes (algunas ahora consideradas penosas, otras no) de muchos grupos que conformaron la primera ola inglesa que, ahora se pueden apreciar corregidas y aumentas en calidad incluso HD en la cartelera de estrenos y novedades de aquel tiempo, en YouTube. Y ya no se diga conciertos que, antes de la llegada de Ocesa, se antojarían imposibles.

Si de algo estaba verdaderamente agradecido César Alejandre en la vida, era le época que le había tocado vivir: creció con el vinilo y logró llegar a una posición privilegiada en la radio. Por sus manos pasaron muchos exitosos extended plays de 45 rpm, procedentes de LPs de 33 rpm (aunque también presumía de tener algunos discos de el Gran Caruso de 88 revoluciones por minuto). Le tocó la era del casette hasta sus últimas modalidades antes de desaparecer y, desde luego, el disco compacto hasta casi sus más recientes modalidades de remasterizados a 24 bits por minuto.

César podía también presumir de saber detectar muchos de los hits de los discos concepto de muchos artistas como Fleetwood Mac, Doors, Beatles y demás (algo de lo que las nuevas generaciones de chavitos iPod que han crecido con el MP3 y las descargas digitales, no tienen mucha idea, como de lo que es la Alta Fidelidad o el estéreo en un buen aparato).

Por si fuera poco, siempre se mantuvo como un erudito confiable en materia de estrellas de todos los niveles de los años sesenta y setenta, que dominaba a la perfección con casi registro enciclopédico. De todo el rock internacional fue casi fan, sin olvidar el petate que lo hizo conducir en algún momento un especial dedicado a la  Onda Chicana, donde se dio vuelo con Los Dug Dugs, Bandido, La Tinta Blanca, Javier Bátiz, La Revolución de Emiliano Zapata, El Ritual y muchos más.

Un verdadero Dinosaurio de la radio en México, pero no el sentido del PRIcambrico anterior.

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