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‘Diversionismo’

En el tono de Tona
(Eduardo Salgado)

“La diversión es como un seguro: entre más viejo eres, más te cuesta”  
Friedrich Schiller


El diversionismo es una escuela esotérica, desmadrosa y pseudofilosófica que considera que el Ser solo puede experimentarse en diversión (pues todo cobra sentido cuando el universo se regodea a través de quien se divierte).

Toma aspectos del cinismo, el sufismo, el humorismo, el existencialismo, el surrealismo, la cultura pop y la hermenéutica del sujeto.

Podrás filosofar sobre el Ser (y Dios) y pensar que puedes conocerlos a través de la filosofía, la religión, la sensación estética, el orgasmo, el hongo, una situación límite. Tal vez sí, tal vez no. Pero si hablas del Ser (y de Dios) sin vivirlos, realmente no has entendido nada.

Como esta escuela es irracional, difícilmente puede explicarse con argumentos lógicos, pero puede captarse mediante sus conceptos clave (cuya definiciones no son las del diccionario, sino diversionistas).

Diversión: Energía en tensión que se libera de manera gozosa.

Existencialismo: Wenceslao Fernández Flores, humorista gallego, escribió: “Vivir no es un derecho, es una obligación” (Las gafas del diablo, 1917). Aquello de “ganarás el pan con sudor de tu frente” no es una metáfora bíblica, sino que vas a sudar la gota gorda. Naciste para esforzarte hasta reventar como una rata; además, las cosas se descomponen, estamos condenados a morir por sorpresa, nos acechan temores, peligros, desengaños. Los nahuas decían “al menos flores, al menos cantos”, que en el diversionismo se traduce como “al menos chistes, al menos diversiones”.

La aceptación de la realidad (normalmente reticente a satisfacer nuestros deseos) es requisito para la lucidez existencialista. “El hombre está condenado a ser libre”, dijo el filósofo existencialista Jean Paul Sartre. Es un chiste alegremente cruel.

La vida es soportable, a pesar de su tendencia a la destrucción y la tragedia, porque lo doloroso se transforma en broma cuando se percibe su aspecto absurdo. Tú eres el único responsable de hacer tu vida divertida o aburrida.

Hermenéutica del sujeto: “Todos tenemos la facultad de mimarnos”, dijo un reportero de E! Entertainment. Con esa frase, describió el meollo de la Herméutica del Sujeto, cátedra del maese Michel Foucault en el Collége de France (1981-1982), quien analizó la sentencia “conócete a ti mismo”, que Sócrates llevó a la práctica con el “ocúpate de ti mismo”. Tú decides cómo quieres vivir. Nosotros preferimos vivir jugando.

Cinismo: Su máximo exponente fue Diógenes de Sínope, “el perro”, el que dormía en un barril, el que andaba por las calles de Atenas con una lámpara, gritando “¡busco un hombre!”; quien escupió la cara de un magnate porque “el piso estaba demasiado limpio y no lo quería ensuciar”, el que le dijo al conquistador Alejandro Magno (cuando éste le ordenó que le pidiera lo que quisiera): “Hazte a un lado porque me tapas el sol”. Los cínicos practicaron el arte del sarcasmo, rebajando las pretensiones del ser humano que nos quiere apantallar.

Sufismo: Como los sufíes, somos enemigos de la erudición, pero agradecemos la solemnidad de los eruditos, por divertida.

Cultura pop: Preferimos mil veces a Beyonce, E! Enterteinment y los best sellers, que a Led Zeppelin, Lars Von Trier y Bukowski (ídolos de los nefastos intelectuales que presumen lo que son y lo que saben, hipsters sin gracia y sin bicicleta). En el fondo tenemos alma happy punk.

Taoismo: Tu cabeza es una computadora que nunca descansa, todo el tiempo subiendo traumas, temores, goces, ensueños, imágenes que se reiteran y chocan entre sí (ni siquiera al dormir puedes descansar, pues la mente se agita con sueños pintados con los colores del mismísimo inconsciente). Vaciar la mente es divertido.

Surrealismo: El Ser (y Dios) lo conoces desconectando la percepción lógica (a través de la magia, los sueños, el humor, el erotismo y la creación automática). La inocencia no se recupera, pero se puede ser deliberadamente inocente. Puedes resistirte a la locura, pero puedes ser conscientemente inconsciente.

Arte: El Ser (y Dios) se experimentan cuando está absorto en algo placentero (levantando pesas, bailando, cantando, pintando, escribiendo, leyendo, preparando una ensalada, etc.) Al Ser (y a Dios) no los encuentras cuando los buscas: te encuentran a ti absorto en algo divertido.

Meditación trascendental: El Ser (o Dios) no se conoce a través del intelecto sino a través de la Trascendencia. Una vez le pregunté a mi maestro de sidhis, Rafael de la Puente, que si al meditar uno se desconecta de todo y se siente tanto placer y tanta paz, ¿por qué no quedarse en ese estado? ¿Por qué regresar al mundo racional? Me respondió: “Por diversión”.

Con este texto concluye “En el Tono del Tona”. Quiero agradecer a los lectores, a Eduardo Salgado (quien ilustró ésta página con su arte gráfico), a mi mamá, a mis maestros, a Mayita Mazariegos y a quienes hicieron posible la transmisión de este espacio. La próxima semana nos vemos con mi nueva columna: El Punto Je, acto diversionista del arte-periodismo. Besitos.

Rafael Tonatiuh

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