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Disfunciones sexuales femeninas

Sexódromo

¿ Qué problemáticas relacionadas con la sexualidad y el erotismo afectan a las mujeres? Mucho se habla de las disfunciones que sufren los hombres, porque hay remedio médico para varias de ellas, pero las representantes del sexo femenino suelen padecer diversas situaciones sin saber bien a bien a qué se debe o cómo podrían superarlo. Por ello, me pareció muy interesante la conferencia sobre disfunciones sexuales femeninas que ofreció el doctor Juan Antonio Rodríguez Higuera (médico cirujano y sexólogo egresado de la Universidad Autónoma de Guadalajara y la Amssac, Asociación Mexicana para la Salud Sexual) en el Primer Encuentro de Embajadores por la Educación Sexual, que se llevó a cabo la semana pasada en Cocoyoc, Morelos.

Para determinar esas disfunciones, numerosos sexólogos utilizan el llamado “Modelo de Kaplan”, basado en tres fases del encuentro erótico: el deseo, la excitación y el orgasmo. Helen Kaplan, en 1979, lo propuso para, a diferencia del sugerido por Masters y Johnson (basado en la biología del ser humano), poder atender los aspectos psicológicos de la respuesta sexual.

En la etapa del deseo, la excitación sexual puede provenir de dos fuentes: una originada en las sensaciones de tacto en el área de los genitales y/o del cuerpo en general; la otra se encuentra en las funciones de la corteza cerebral y da lugar a desear una interacción sexual. Aunque el querer tener una relación erótica es bastante común, no siempre se observa igual en todas las personas ni en la misma persona todo el tiempo.

Son dos las principales disfunciones femeninas que se presentan en esta área. El Deseo Sexual Hipoactivo es la ausencia o disminución de ese anhelo por tener experiencias eróticas, incluyendo las fantasías y la masturbación. Las pacientes casi nunca o nunca tienen pensamientos eróticos; en algunos casos, descubren que sus “ganas” o deseo han disminuido respecto a la frecuencia con que se presentaban en el pasado. Por ello, ha bajado o de plano está ausente la frecuencia con que la mujer inicia o promueve la actividad sexual.

Como señala la página de internet de Amssac, es importante entender que en esta disfunción del deseo se habla de las “ganas” y no de la “frecuencia” con que se tiene vida sexual. Es posible que una mujer tenga vida sexual frecuente y aún así no tenga deseo.

El Deseo Sexual Hiperactivo tiene que ver con la presencia de un deseo sexual tan intenso o tan frecuente que la búsqueda de la satisfacción interfiere con otras actividades cotidianas. La mujer siente que no puede controlar “su ímpetu”, ya sea que lo quiera experimentar en pareja, en solitario o en ambos casos.

En la etapa de excitación, Kaplan habla de dos importantes procesos que ocurren a nivel biofisiológico: la vaso congestión (acumulación de sangre en el área de los genitales debido a las contracciones tónicas del músculo pubocoxígeo) y la myotonia (aumento gradual de la tensión muscular en ese músculo y, en general, en todos los del cuerpo).

 Las problemáticas más comunes relacionadas con este momento son tres, y generan dificultad en la mujer ya sea para “sentirse excitada”, para lograr que su “vagina lubrique” (emita líquidos lubricantes) o ambas cosas durante la actividad sexual. El Síndrome de Excitación Femenina Inhibida con disfunción de la lubricación presenta dificultad para experimentar las sensaciones subjetivas de la excitación y al no tener lubricante vaginal, la penetración se complica.

El Síndrome de Disfunción Sexual General es la persistente y recurrente falla en la excitación, la cual se acompaña por la ausencia de orgasmos y de deseo erótico. El Síndrome de Excitación Femenina Inhibida sin disfunción de la lubricación es un poco más complicado de explicar para las mujeres que lo padecen, pues al estar con una pareja segregan flujo vaginal, por lo que la penetración se da sin problema, pero ellas no están excitadas: sienten como si estuviesen “desconectadas” de las sensaciones de su cuerpo.

La etapa del orgasmo —tanto para Helen Kaplan como para Masters y Johnson—, implica al reflejo orgásmico a nivel del cordón espinal. Es la “muerte chiquita”, la descarga repentina de esa tensión sexual acumulada durante el ciclo de la respuesta sexual, que suele ir acompañada de contracciones musculares en la región pélvica, generando placer sexual.

El Síndrome de Anorgasmia Femenina es la ausencia o retraso persistente del orgasmo en la mujer tras una estimulación erótica efectiva. Como otras disfunciones, puede presentarse tanto en el autoerotismo como en pareja, o en ambas circunstancias. “Cuando sucede un orgasmo en una mujer, su vagina palpita rápidamente durante unos cuantos segundos. Además, usualmente experimenta al tiempo de las contracciones vaginales sensaciones placenteras muy intensas y posiblemente una sensación posterior de estar satisfecha sexualmente. Estas dos dimensiones se ven alteradas y/o ausentes en la anorgasmia femenina”, explica el doctor Rodríguez Higuera.

De acuerdo con la Amssac, esta disfunción y la del deseo sexual hipoactivo son las más frecuentes en las mujeres de todo el mundo.

Otras disfunciones que se presentan en ellas son el vaginismo, la dispareunia y el Síndrome de Evitación Fóbica de la Experiencia Erótica. En el primero, los músculos que rodean a la vagina se contraen, de manera que es muy difícil o imposible la introducción del pene a la vagina. Esta contracción no es voluntaria, no aparece como un intento de evitar la relación sexual por no quererla. Generalmente la mujer se siente angustiada en el encuentro, aunque es posible que sí sienta deseo, sí pueda excitarse y sí pueda tener orgasmos.

La dispareunia es dolor físico en el área genital o sus alrededores ya sea durante o después de la actividad sexual. Sobre estas dos complicaciones escribieron un libro Alma Aldana y Mónica Braun: Sexo sin dolor, de editorial Grijalbo.

Quien padece el Síndrome de Evitación Fóbica de la Experiencia Erótica sufre un intenso malestar, temor, angustia, sensación de dificultad para respirar, sudoración y otros síntomas cuando se acerca la posibilidad de tener un encuentro erótico. Esto es independiente del amor y cercanía afectiva que se sienta por la pareja sexual.

Las disfunciones sexuales dañan la salud integral de las mujeres, su autoestima, provocan malestar emocional, afectan la vida de la pareja e incluso de la familia. Las causas pueden tener su origen en enfermedades, en problemáticas psicológicas, culturales, religiosas, de la pareja; en medicamentos o sustancias, y se contemplan bajo los criterios de leve, moderado y severo.

En 2015 cambiarán los conceptos sobre disfunciones sexuales basados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, que va por su quinta edición. Básicamente se modificarán los nombres con que se les conoce, para unificar o hacer más comprensible su diagnóstico. Se los comento por si dentro de un año escuchan hablar de los trastornos del interés y excitación sexual, el dolor genitopélvico por penetración o el trastorno de aversión. Como hemos dicho en este espacio, no hay razón para dejar sin atender un problema sexual. Las mujeres que se sientan identificadas con estos síntomas deben buscar ayuda profesional, siendo recomendable que acudan con un médico sexólogo, pues en la mayoría de los casos encontrarán en su consultorio una solución.

 

Verónica Maza Bustamante

 

@draverotika

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