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Depresión y sexo

(Especial)
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Verónica Maza Bustamante

  Esteban solía deprimirse con facilidad. Se encerraba en su casa, llenaba su charla de temas pesimistas, hablaba de morirse, de mil cosas que lo aislaban de los demás. Por supuesto, esto trastornaba las relaciones amorosas que llegaba a tener. Para sus parejas era como vivir en medio de un torbellino sin haber comprado boleto para dar semejante viaje, como tener en casa al Dr. Jeckyll y a Mr. Hyde.  

  Su depresión afectaba su vida sexual, porque cuando la depre le llegaba. Entonces utilizaba la cama únicamente para dormir, olvidándose de su pareja en turno, de lo mucho que le gustaba estar desnudo sintiendo un cuerpo cálido a su lado. Obviamente, en esas etapas perdía a la novia en turno y se deprimía aún más.

  Alguna vez llegó a pensar que tenía una bronca genital, ya que esa extraña ausencia de apetito sexual solía estar acompañada por la imposibilidad de mantener la erección. Lo que no sabía era que, precisamente una de las características principales de la depresión es la disminución o pérdida del deseo.

  De hecho, aunque los problemas sexuales suelen ser una consecuencia más de la enfermedad depresiva, en ocasiones son el primer síntoma del padecimiento. Es común que aquellos que la sufren busquen relacionarse con muchas personas sin encontrar satisfacción plena con ninguna de ellas. Entonces, la  necesidad de seducir se convierte en una obsesión que los lleva a tener una conducta compulsiva a nivel sexual como una manera de alejar la tristeza de sus vidas, aunque después se sientan peor y se vuelva a iniciar el círculo vicioso.

  La ansiedad es otro padecimiento que afecta la vida sexual de quienes la padecen. Cuando en un primer encuentro se está nervioso, con las manos sudorosas, el corazón acelerado y una especie de pánico placentero, no hay problema. Es normal y delicioso. Pero cuando esto se repite en situaciones diferentes, sin importar que la relación tenga ya cierto tiempo, entonces es muy probable que se trate de algo patológico.

  Un punto que hay que tomar en cuenta —principalmente aquellos que comparten su vida con una persona a la que se le ha diagnosticado la depresión— es que en muchas ocasiones, aunque ya se esté en tratamiento, la libido no se recupera de inmediato. Diversos fármacos tienen como efecto secundario la disminución del deseo sexual, mientras que otros alargan el período entre la estimulación sexual y el orgasmo, pero lo ideal es que las personas con síntomas de depresión acudan con su médico para que confirme el diagnóstico, les de un tratamiento integral y toda la información necesaria para superar el mal.

  La vida es un carnaval y hay que pasarla de la mejor manera posible. Nada de sucumbir al llamado de la tristeza. Pero si no pueden evitarlo y terminan encerrándose en la melancolía, entonces busquen un tratamiento que los saque adelante, que los ayude a rescatar, entre muchas otras cosas, su energía sexual para que, así, su león o leona dormida vuelva a rugir. 

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