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Death, el eslabón perdido del punk

Death, disco de David Hackney, precursor del punk
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Karina Vargas


Con el objetivo de encarar el sonido del Motown, en 1971 bajo la inspiración de nombres como The Who, The Beatles, Alice Cooper y una oleada de funk, los hermanos Hackney crearon la banda que, según los voceros del punk, ha desbancado a los Ramones y otras bandas del tipo como los pioneros de este género en Estados Unidos.

A band called Death (2012) es el documental que da mérito a la historia de un trío de afroamericanos que le dijeron no a la música disco y prefirieron emular los sonidos desarrollados por, como ellos dicen, la “música de blancos” para romper la parsimonia que reinaba en su vecindario e incorporarse (tardíamente) a la inapacible historia del rock, que conforme las fronteras del tiempo se van rompiendo y los cobertizos abandonados se esterilizan de olvido, sigue redescubriendo íconos que en su época fueron simplemente abofeteados por una sociedad que prefirió dejar a las generaciones futuras la dicha de empaparse con ritmos de añoranza y la libertad de reacomodar las viejas glorias.

Originarios de Detroit, Michigan, y educados bajo la promesa de una felicidad alojada en el cielo con un Dios como anfitrión, enraizaron su esencia musical al destino que a todo ser iguala: la muerte. Trastocados por el fallecimiento de su padre durante la etapa previa a la adultez, resistieron los múltiples rechazos que el concepto de “el último viaje” generaba a los representantes de las disqueras en aquella época.

Liderados por David Hackney, el principal protector del nombre “Death” y el profeta que sentenció que la banda recibiría reconocimiento una vez que él se esfumara de este mundo, comenzaron a ensayar desesperadamente y con un ánimo estimulante bajo el techo que albergaba a los demás integrantes de su familia. Ataviados cada uno con su instrumento predilecto, David (guitarra), Dannis (batería) y Bobby (bajo y voz) perfeccionaron un estilo que superó lo que hasta ese momento habían copiado.

Creando melodías abrazadas a sonidos contundentes que de las cuerdas salían mientras se dejaban elevar armónicamente por el golpeteo de la batería hasta lograr el ensamble de un ejército de ritmos que subían y bajaban con la misma intensidad y proyección por la que los rieles de una montaña rusa están dispuestos, resultaron canciones como “Keep on knocking”, “Freakin out”, “Politicians in my eyes”, “You are a prisioner”, “Where do we go from here” y “Rock & roll victim”. Con este material en su haber, decidieron buscar una productora que los llevara al estrellato; sin embargo y tras una fugaz sensación de despegue al grabar sus primeros títulos en 1974 por una compañía seleccionada por un dardo que perforó una Sección Amarilla y no pudo, a pesar de sus esfuerzos, catapultarlos a firmar algún contrato con una disquera que les hiciera justicia, agarraron sus ideales, su nombre, sus instrumentos y se trasladaron a otro lugar.

Tras tratar de defender en el norte del país lo indefendible en su lugar de origen, perdieron la esperanza de ser aceptados con su visión original y la banda se disolvió en 1977 para formar años después The 4th. Movement, una banda dirigida al cristianismo que pocas esperanzas dejó en el destino de los Hackney dentro de la escena aun no bautizada como punk.

Persuadidos por el ánimo de no dejar que los instrumentos se empolvaran, Bobby y Dannis crearon Lambsbread un experimento de reggae que obviamente, aunque el documental no lo mencione, sumió más en el alcoholismo a un David decepcionado por la mente conservadora de sus contemporáneos. La progresión del inevitable envejecimiento, orilló al guitarrista a entregar las cintas grabadas a un Bobby con rastas y advertirle que el mundo regresaría a buscarlas algún día. No se equivocó.

A partir de la muerte de Davis en el año 2000, fueron redescubriéndose las copias en vinil repartidas en su adolescencia, en 2009 la disquera Drag City recopiló en un álbum titulado “For the whole world to see” siete pistas guardadas y resucitó lo que irónicamente nunca murió, Death. Actualmente, aplaudidos por un público que le da importancia a su nombre tanto como a una moneda de cinco centavos, los hermanos Hackney más un guitarrista que traduce el sonido de David a la perfección han vuelto a grabar y a retumbar los escenarios.

Muchos nombres llenarán las listas de los apadrinadores del punk, mismos que marcharán al frente cuando menciones tu agrupación predilecta; y sean en efecto éstos quienes fundaron, sentaron las bases o retomaron las riendas de este peculiar ruido, es inevitable que al sonar una vez más aquel primer rasgar de cuerdas que te atrapó en este género sea un parto más de la madrota llamada música y tú un feliz partero. Bienvenido sea el último viaje.  


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