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De la risa al orgasmo

Pluma
(Especial)

EL SEXÓDROMO
Verónica Maza Bustamante


Las cosquillas y yo no somos amigas. De verdad. Me dicen que son muy graciosas, que te hacen reír, que son grandes compañeras de juego y te pueden llevar al cielo tisú, pero no las soporto. Durante muchos años negué el paso a mi ombligo, porque la sensación que me generaba en esa zona cualquier caricia, por sutil que fuera, me parecía en verdad inaguantable. Con el paso de los años comprendí que al hacerlo quizá me negaba a sentir algo sabroso y, como me gusta aún menos quedarme con las ganas de experimentar, abrí las compuertas de mi profundo pozo central. La verdad es que, aunque logré superar el desagrado, nada pasó que me prendiera más rápido que un cerillo

Pero —oh, maravillas de la diversidad erótica y sexual— resulta que hay muchas personas en el mundo que se ponen cachondísimas cuando les hacen cosquillas y otras tantas que se emocionan al hacerlas. El último año he rechazado varias propuestas en Facebook y Twitter de hombres que se han puesto a mi disposición para hacerme “cosquillas de placer”. Nada más ver sus artilugios profesionales para llevarlo a cabo, como esa base de madera que se cierra sobre los tobillos para inmovilizar las extremidades, me comienzan a dar escalofríos, así que me he visto en la penosa necesidad de negarme a sus amables invitaciones: no hay que olvidar que uno de los principales requisitos al ejecutar prácticas eróticas es el consenso, y no hay que hacer nada que no nos guste, aunque a la contraparte le parezca lo más increíble del universo.

Dos de ellos me han asegurado que “no es sexual porque no hay penetración”, pero creo que a los lectores de esta columna les queda claro que “meterla” es lo de menos al consumar un acercamiento erótico con todas las de la ley. Es decir, aunque el seguidor del tickling, como se le conoce en inglés, se concentre en una sola zona del cuerpo y no haga más que kichikichi kichikichi —onomatopeya del acto de hacer cosquillas—, si logra excitar, llevar a la llanura, la meseta, a la loma a su coparticipante y l@ hace llegar al clímax, entonces claro que se ha vivenciado el gozo sexual.

Los lugares ideales para generar estas cosquillas son las axilas, costillas, palmas de las manos, rostro, rodillas, vientre y los pies. La clave es realizarlas con suavidad. Adrián Sapetti, miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad  Argentina de Sexualidad, afirma que “el cosquilleo genera una liberación de aminas en el cerebro que producen una sensación de goce, excitación y orgasmo”. A nivel emocional se llega a sentir un bienestar tan agradable que estrecha los vínculos de la pareja.

Dentro de las prácticas de sumisión y dominación, las cosquillas pueden ser un elemento importante, ya sea que se usen como castigo o que provocarlas sea la parte central de una sesión. En éstas es común que el sumiso se encuentre acostado o sentado, con los pies amarrados o colocados en una estructura como la arriba mencionada, con libertad de moverlos. Para hacer las cosquillas se emplean los dedos, la lengua, plumas, cepillos, hojas de árboles, flores, cepillos de dientes eléctricos, la barba, aspiradoras, telas, entre otros recursos.

En Buenos Aires existe La Casona del Sado, un lugar donde los asistentes buscan placeres BDSM. En el menú de placeres que manejan, hay un apartado de “servicio de cosquillas”, que no solo se enfoca en las plantas de los pies, sino también en genitales, axilas, cintura, ombligo, el rostro... donde el cliente pida.

Además del lugar donde se hagan y los objetos empleados, es importante la presión ejercida, pues no es lo mismo usar las uñas que prescindir de éstas, apretar con los pulgares que con la palma de la mano, picar suavemente con una vara o un objeto punzante que rozar con un trozo de terciopelo o encaje.

Son sumamente sugerentes las pinturas de Lawrence Alma-Tadema En el tepidarium (1881) y de Jean-Auguste- Dominique Ingres La gran odalisca(1814), pues las protagonistas de ambas reposan desnudas en camas cubiertas de encajes, terciopelos, pieles y broqueles, sosteniendo un delicado plumero en la mano. La manera en que lo hacen, así como sus miradas, nos revelan que no los usaban precisamente para limpiar las esquinas de su habitación.


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Amor es… Jaime López

Uno de los mejores compositores de México presenta en el Ruta 61 de la Ciudad de México su concierto A solas on the rock. Aunque su larga lista de canciones dista mucho de ser un catálogo de temas melosos, amorosos o cachondos, tras escuchar cantar a Jaime, ese ruco de lujo que se presenta por primera vez en el club de blues, los escuchas siempre acaban excitados, alebrestados y a punto de turrón.

Estos días, tras enterarme de la función, he estado tarareando un cachito de “En toda la extensión de la palabra amor”, rola que aparece en el disco que grabó junto con Roberto González, en 1980:

Sesiones con Emilia.

En toda la extensión

de la palabra amor

además de la alcahueta

caben tríos y parejas

burros, víboras y gansos

los de uno y otro bando

hermandades y mecenas

es más cabe hasta la suegra

en toda la extensión

de la palabra amor.

En toda la extensión

de la palabra amor

hay que echar un diente de ajo

media cucharada de clavo

tres toneles de vinagre

su pellejo de tomate

una pizca de pasión

corazón atravesado

en toda la extensión

de la palabra amor.


Y también unas líneas de una de sus más recientes composiciones: “Es tan poco el amor”. Aquí se las comparto. Nos vemos en el concierto.


Hay quien no se satisface ni bailando rumba

complacientes, hay, que no se autocomplacen nunca

pero mucho gusto, muchas gracias y hasta luego,

ya que es tan poco el amor para gastarlo en celos.


Ruta 61: Baja California 281, colonia Condesa, DF

Viernes 6 de marzo de 2015

21 horas

Reservaciones: 5211-7602


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EL BUZÓN DE VERÓTICA

Atrás de la cabeza en mi pene tengo una capa de algo blanco que si me la limpio parece como si fuera mugre. ¿Qué será? Cuando hago el amor me la limpio con los calcetines.  Juan


Estimado Juanelo:

Lo que te sucede es de lo más normal. Esa sustancia blanquecina se llama esmegma, y se produce en la cabeza del pene, en el glande y por debajo del prepucio. Es causada por el desprendimiento de células muertas de la piel, que se mezcla con secreciones de grasa de la misma epidermis, tales como el sudor y lubricantes producidos naturalmente.

En caso de que se acumule, puede producir mal olor o provocar que bacterias se reproduzcan. Se puede prevenir lavando tus genitales con agua tibia una vez al día.

Si te limpias con los calcetines, ¿cómo no va a parecer mugre el esmegma? Y ya ni te cuento del olor que podría tener tu pene. Así que, por favor, amigo mío, empieza por no emplearlos para higienizarte antes de la faena amorosa. Por mucha prisa que tengas, siempre puedes disculparte unos momentitos, ir a un baño, lavarte con agua hasta que se vaya la capita blanca y a darle a la pasión.

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika

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