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Damon Albarn, un tipo ‘depre’

Damon Albarn
(Especial)

La portada parece decirlo todo. En la misma, vemos a un Damon Albarn cabizbajo, triste, melancólico, incluso deprimido. Ciertamente no es una carátula que invite al entusiasmo —para colmo, la fotografía es en blanco y negro, con tonalidades grises— y la música que contiene el disco, tampoco: una docena de temas lánguidos, austeros, casi monocordes y minimalistas.

Se trata de Everyday Robots (Parlophone, 2014), el primer álbum como solista de Albarn en dos décadas de carrera musical y una especie de manifiesto de su situación actual y su visión pesimista del mundo.

Pero en sus inicios, el buen Damon parecía muy otro. Año de 1991. Un cuarteto surgido en Londres y que respondía al nombre de Blur grababa su disco debut, Leisure, y con ello empezaba a dar forma a un movimiento que sería conocido como brit-pop. Al lado de tres amigos: el fino guitarrista Graham Coxon, el bajista Alex James y el baterista Dave Rowntree, Albarn era un entusiasta cantante, guitarrista y tecladista de 22 años que escribía canciones alegres e irónicas, con ciertas dosis de crítica social que recordaban a las letras de Ray Davies de los Kinks. La música era un rock pop sólido, basado en las guitarras y las armonías vocales.

Al lado de Oasis (su “contrincante” de Manchester, con quien se creó una rivalidad más o menos hechiza), Blur se convirtió en cabeza de aquel movimiento al que muchos compararon con la llamada Ola Inglesa de los años sesenta. Álbumes como Modern Life Is Rubish (1993), Parklife (1994) o The Great Escape (1995) consolidaron a Blur y a su sonido como los emperadores del brit-pop de mediados de los noventa, a pesar de los esfuerzos de Oasis y los hermanos Gallagher por contrarrestarlos. Se corría el riesgo, sin embargo, de empezar a volverse repetitivos y la inteligencia de Albarn y Coxon, principalmente, los hizo darse cuenta de la necesidad de dar un viraje estilístico.

Quizás influido por las experimentaciones musicales de Radiohead, Blur comenzó entonces a buscar nuevas vertientes y aunque el homónimo y magnífico Blur de 1997 aún era una obra britpopera, ya mostraba algunos cambios que se reforzarían con el oscuro y desconcertante 13, grabado en 1999.

Las diferencias entre Damon Albarn y Graham Coxon hicieron que éste abandonara al grupo y Blur grabó entonces otro disco experimental y muy poco comercial: Think Tank, de 2003. Para entonces, Albarn ya había conformado a su proyecto paralelo, Gorillaz, un extraño grupo virtual cuyos integrantes eran ¡dibujos animados! y cuyo primer LP, grabado en 2001, fue todo un éxito.

Interesado cada vez más en otras músicas del mundo, en especial la proveniente del continente africano, el inquieto Damon se asoció lo mismo con instrumentistas de Mali que con gente de la escena electrónica británica, como Fat Boy Slim. Sus ambiciones musicales eran cada vez más amplias y no parecían tener límite. Lo mismo formó a un par de efímeros grupos de rock (The Good the Bad & the Queen, al lado del ex The Clash Paul Simonon, y Rocket Juice & the Moon, al lado de Flea de los Red Hot Chili Peppers) que incursionó en la música para cine o en la ópera (ha coescrito dos trabajos operísticos: Monkey: Journey to the West y Dr. Dee, este último apenas en 2012. También produjo discos de leyendas vivientes, como el veterano cantante de soul Bobby Womack.

No deja de ser extraño entonces que Albarn jamás hubiese lanzado un álbum como solista (lo más cercano a ello había sido el tema “Closet Romantic” que grabó para el soundtrack de la película Trainspotting de Danny Boyle, en 1996).

Everyday Robots no es en absoluto un mal disco. Por el contrario, a pesar de su talante depresivo, musicalmente se trata de un trabajo impecable. Es verdad que la manera de cantar de Albarn resulta aquí un tanto monótona y que la variedad melódica no brilla por su presencia, pero la introspección a la que nos conduce es profunda y en momentos tan conmovedora como bella.

Coproducido por Richard Russell y con invitados como Brian Eno y Natasha Khan (de Bat for Lashes), el plato transcurre por atmósferas austeras y calmas instrumentaciones electrónicas que sólo son rotas de vez en vez, con temas como “Mr. Tembo” o “Heavy Seas of  Love”.

¿Está pasando Damon Albarn por un momento existencialmente depresivo? Con tanta actividad como la que lo rodea, no parecería ser así. Quizá lo que refleja el disco es más bien la depresión que invade al mundo y la soledad a la que la enajenación conduce. Que somos robots cotidianos nos dice este hombre, quien a sus 46 años nos pone frente a un espejo para que descubramos lo que tal vez nos negamos a ver: que de una manera u otra, todos andamos en la depre.

Hugo García Michel

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