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Culture Club, salvados por la nostalgia

Culture Club
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Karina Vargas

Los fanáticos camaleónicos cumplieron su deseo de ver al cuarteto británico en vivo la noche del primero de julio en una Arena Ciudad de México medianamente llena en sus butacas, pero al tope de solemnidad en actitud.

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Una lluvia constante acompañó el arribo de los visitantes al complejo ubicado en Azcapotzalco y humedeció las lonas de los vendedores de mercancía alusiva al evento musical, el cual dio inicio media hora después de las 21 horas anunciadas en el ticket de entrada. El objetivo de conquistar el mundo, anunciado por Boy George al comenzar la gira –que recorrerá varios estados del país dirigido por el populista y popular Barack Obama–, parece menos posible que la remontada que necesitaba Islandia luego del 4-0 frente a Francia en el primer tiempo de su encuentro, pues conseguir el dominio mundial requiere más que un par de hits ochenteros guardados en la memoria de la colectividad melómana o dejar fuera a Inglaterra de la Copa europea.

Un video recopilador de imágenes y referencias periodísticas del club formado por un negro, un judío, un gay y un anglosajón, fue la antesala al vitoreo que Boy George generó al aparecer sobre el escenario con un look tal vez creado por la firma del también DJ y diseñador de modas. Un frac, pantalón y camisa negros estampados con cruces rosas más un sombrero y tenis blancos, vistieron al alegre y envidiablemente maquillado George Alan O’Dowd, quien junto a la alineación original de Culture Club: Roy Hay (guitarra), Mikey Craig (bajista), Jon Moss (batería), algunos instrumentistas invitados y un trío de coristas al estilo Ray Charles emprendieron la interpretación de “Church of the poison mind”, recibida por el público con aplausos y movimientos corporales inspirados en el “Noa, noa” de Juan Gabriel. Acto con el que dieron pie a más de sesenta minutos de soul, funk, reggae y new romantic con canciones como “It’s a miracle”, “I’ll tumble 4 ya”, “Move away” o “Let somebody love you”, para empezar.

Con los acordes del cóver de The Bread “Everything I own”, “Black money” y “Victims”, el alimento melódico para los espectadores continuó, manteniendo el ánimo risueño y condescendiente en la pista, mientras en una de las plateas, varios asientos eran ocupados en espera de que algún éxito de la radio llegara y así los villamelones de Culture Club pudieran corear algún single conocido. La frustración de Boy George por su poco dominio del español así como sus interpretaciones, eran transmitidos en vivo por un imitador cuarentón de Arne Aus Den Ruthen y su Periscope, quien transmitió en vivo y apreció el concierto de principio a fin a través de su celular, viendo de reojo al escenario, a las pantallas y a su acompañante que no cesaba de contonear sus hombros de un lado a otro al ritmo de “Time”.

Treinta años después de su formación, de ocupar los primeros lugares de las listas de música inglesas y estadounidenses, de recibir un Grammy como “Mejor artista nuevo” en 1984 y tras recuperarse de los tabloides que anunciaron el esplendor, las pugnas, las adicciones, los romances, el declive y el aparente final de la agrupación, el anuncio de un primer concierto en México no fue suficiente para desbordar el amor por los ochenta en un público que si bien bailó y sonrió cuando sonaba “Like I used to” o los ansiados  “Miss me blind” y “Do you really want to hurt me?”, dejaba espacios llenos de un humor volando bajo. “The war song” cerró el setlist, dando un respiro al escenario e incitó al público a solicitar un remate digno de aplaudir.

Luego de unos minutos, los músicos retomaron sus lugares, las luces se encendieron, Boy George luciendo un traje colorido y un sombrero hecho con piel de la Pantera Rosa, tomó el micrófono y con una mueca de satisfacción en los labios comenzó a cantar: “Desert loving in your eyes all the way” con lo que obtuvo la ovación del público que se animó a corear con él las siguientes estrofas: “If I listened to your lies would you say/ I’m a man without conviction/I’m a man who doesn’t know/ how to sell a contradiction/ you come and go/ you come and go” hasta alcanzar el climax de la canción y gritar al unísono: “karma, karma, karma, karma, karma chameleon”.


Dos camaleones a escena

Al frente de una audiencia complacida por escuchar en vivo “Karma Chameleon”, Culture Club se dispuso a tocar una siguiente melodía para rendir tributo a una de las mayores influencias de Boy George. Con “Starman”, el vocalista reconoció que fue gracias a David Bowie por quien decidió cantar, vestirse y presentarse en el plató como lo ha hecho desde inicios de su carrera, haciéndome recordar fragmentos que aquí transcribo de la carta que escribió en enero de 2016 al enterarse de la muerte del Camaleón del rock: “Vi por primera vez a David Bowie como Ziggy Stardust en el Lewisham Odeon (Londres) en 1973, justo antes de mi cumpleaños número doce… fue un evento que cambió mi vida y de afirmación vital. No tenía idea de que se retiraría Ziggy Stardust la noche siguiente, pero me siento bendecido por haber estado allí… siempre temía el día de hoy. Tenía la esperanza de que fuera inmortal. Yo estaba seguro de ello. Hoy se siente como el fin de todo”.

Inesperadamente con “Starman” y “Get i ton (Bang a gong)” de T-Rex, algunos de los espectadores se sentaron con rostro de desconcierto, a su vez, otros que en toda la presentación se mantuvieron más bien indiferentes, comenzaron a aplaudir y tararear junto a los británicos. Boy George interpretó las últimos palabras del tributo a la agrupación de glam rock y cerró la función  presentando a los integrantes de Culture Club y sus acompañantes musicales, quienes en armonía lograron el cometido que sentenció Alan O’Dowd al presentarse: “Culture Club está aquí para construir puentes, no para crear muros”.

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