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Cuento de Navidad 2014

Mundos para-lelos
(Fotoarte: Karina Vargas)

MUNDOS PARA-LELOS
Rafael Tonatiuh


“INFANTA CRISTINA DEPOSITA MULTA EN CUENTA EQUIVOCADA

LA DEFENSA DE LA HERMANA DEL REY DE ESPAÑA, QUIEN ESTÁ ACUSADA DE DELITOS FISCALES, INGRESÓ LA MULTA DE CASI 600 MIL EUROS EN LA CUENTA DE UN JUZGADO QUE NO LE CORRESPONDÍA.”

MILENIO. 20/12/14.


La infanta Cristina viajaba en su Rolls-Royce, acariciando a Marc Anthony (su gato de angora, graciosamente ataviado de rumbero en chillante seda china y lentes graduados Ray-Ban Highstreet), resguardada por cuatro Opel, atiborrados de guardaespaldas. La comitiva se detuvo frente a un humilde chamizo de la calle Pedroches, en el barrio de Entrevías, Madrid, en cuya entrada reposaba un simpático elefante.

Adrián Lorenzo Romualdo de Íñiguez, jefe de guardaespaldas, descendió del coche y tocó la ennegrecida puerta de paja, misma que deshizo al contacto del puño, por lo que saco la pistola y soltó un tiro al aire. De chozas aledañas salieron disparadas diversas personas y se dispersaron, asustadas, entre los callejones del arrabal. Inmediatamente, se apersonó en la entrada la señora Alfonsa, enfundada en un radiante abrigo de mink, luciendo un Rolex con incrustaciones de diamante y portando gafas oscuras Ray-Ban Flight Extreme.

—¡Pero qué servicio, tronco! ¡Avaios estamos! ¡Cada vez llegan más tarde ustedes, coño! ¡Así no se puede comer caliente la tortilla de caviar con Jabugo a la vizcaína, joder! ¡Ahora noy ha propina, macho!...

—¿Vive aquí, por ventura, la señora Alfonsa?

—Si eres uno de esos tíos que intenta seducirme después de que han visto que heredé una fortuna, estoy disponible dentro de una hora, después de digerir la tortilla de caviar con Jabugo a la vizcaína.

—Señora Alfonsa, no vengo a entregarle ningún pedido gastronómico ni a seducirla, sino en nombre de mi patrona, la infanta Cristina, para notificarle que su excelentísima majestad depositó por error en su cuenta bancaria, una desmedida cantidad económica que, apelando a su honradez, usted devolverá gustosa, si no quiere tener un litigio con una casta inmensamente rica y despiadada, lo cuál, personalmente, no se lo recomiendo.

—Niño pijo, dile a tu inútil patrona ladrona que digo yo, la señora Alfonsa, que toda la nobleza es estúpida, pero que la más estúpida de toda la nobleza es ella por depositar dinero en cuentas ajenas, y dile también que el dinero ya me lo gasté, y personalmente te recomiendo que recojas ese culo tan majo que dios te ha dao y te lo lleves por donde lo trajiste, porque ya mismo suelto a Gila, mi feroz elefante, alimentado con paella de caviar, Jabugo y multivitamínicos, quien te asestará tamaño tortazo para que aprendas a respetar a la gente ex pobre, pero honrada. ¡Ale, que ya suelto a Gila!

—Mi patrona, la infanta Cristina, está estacionada unos metros atrás de nosotros, escogiendo la manera más dolorosa, infrahumana y eficaz para convencerla a usted, Señora Alfonsa, de devolver cortés e inmediatamente ese dinero. Personalmente, le recomiendo que coopere.

—¡La infanta estaba unos metros atrás de nosotros, tío, porque ahora mismo está parada detrás de tu agraciado culo! ¡Pero qué gracia, la infanta en persona!

El guardaespaldas giró el rostro y se topó con la infanta Cristina, sin zapatos, sin corona y sin Marc Anthony; detrás de ella hallábanse cabizbajo su pelotón de guardaespaldas sin zapatos ni ropa, pero conservando sus gafas oscuras Ray-Ban Outsiders RB3026.

—¡Patrona! ¿Dónde está Marc Anthony?

—Se entretuvo jugando con un elefante. Adrián Lorenzo Romualdo de Íñiguez, nos asaltaron, es mejor que esa tía te haya dado ya los duros, que necesitamos coger ahora mismo un taxi, que a las cinco tengo mi clase de salsa y el maestro es mi amante, mi primo y mi socio en el tráfico de somalíes.

—Contrariando su capricho, debo informarle que la Señora Alfonsa…

—¡Alfonsa, La Faraona de Entrevías, para servir a Dios, a usted, al Rey, a la Reina, a la Sota y a toda la baraja!... ¡Pétete, llévate a Manolillo, Juancho y Curro a lo de los rusos y mércate una tortilla, una paella, tres tintos y perico, que la infanta Cristina está en casa!... ¡Y la tablet, pa’ la selfis!

—No se moleste, señora Alfonsa, sólo vine por unos minutitos a pedirle gentilmente, como es deber de la nobleza, que me devuelva usted el dinero que, por error deposité en su cuenta. Es para unos juzgados ¿sabe? como retribución al fisco, dinero del cual saldrá seguramente para el empedrado de este barrio que buena falta le hace.

Súbitamente se asomaron dos ancianas desdentadas y harapientas.

—¡Casto Señor San Vicente, que es verdad!

—¡Dejé el bordado para comprobar que estaba aquí!

—¿Qué les dije, granujas? ¡La Infanta Cristina es mi comadre! ¿Por qué creen que tengo ahora la vida que tengo?

—¡Dejen de besarme las manos! ¡Adrián Lorenzo Romualdo de Íñiguez, el desinfectante!

—¡La tablet, ya era hora! ¡Pónganse con la infanta, pa’ la selfis!

—¡Yo quiero una con mi cámara!

—¡Y yo con la tuya, mi cámara se la quedaron los rusos en prenda!

—¡Basta! ¡Banda de paparazzis!... Bueno, una foto más y ya, antes de que me devuelvan mi dinero y regrese al maravilloso mundo del Hola!

Sonó un disparo. Gila, el elefante, se aproximó trastabillando, dio un giro que salpicó de sangre a la concurrencia y, llevándose la pata delantera sobre el pecho, cayó muerto.

Detrás de Gila apareció Juan Carlos I de Borbón, cargando una escopeta humeante, luciendo un gorro de Santa Claus.

—¡Papá! ¿Qué haces aquí?

—Vengo siguiéndote, para cuidar que no vayas a meterte en un lío ¡menudo asunto tenemos ya con el caso Nóos!

—¡Pero papá, mataste un elefante!

—Perdón, ya sabes que son mi debilidad.

—Oiga, Juan Carlos, mi Gila era el ser más querido de Entrevías. No sé en cuánto piense usted compensar ésta pérdida irreparable.

—Señora mía, tendrá usted un elefante, un caballo y un camello.

—Deje usted el camello, que ya bastante tenemos con Julito, y también la mirra y el incienso, lo que hace falta en esta casa es el oro.

—¡Todo el que quiera! ¡Estamos en Navidad!

—¡Alfonsa, que ya está la mesa servida con la tortilla, la paella, los tintos y el perico!

—¡Fenómeno! ¿Vamos hija?

—No gracias, que llego retrasada a mi clase de salsa. Voy a tomar tu Cadillac, me llevo a Adrián Lorenzo Romualdo de Íñiguez, que se conoce el camino. A ver si consigues que al menos la tía te de mis intereses. Ciao, papá.

—¡Feliz Navidad, ex súbitos míos!

—¡Que viva la Navidad! ¡Que viva el ex Rey!

Fin.  

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