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Crónicas desde el mundial: ¡Así se celebra una victoria!

Fiesta brasileña.  (Pablo Pérez)
Fiesta brasileña. (Pablo Pérez)

 Luis Alfonso Escobedo

-“Imbécil, dejaste la regadera abierta”.

-“No es la regadera, está lloviendo, tarado”.

A muchos les parecerá extraño pero esa puede ser la primera conversación de dos amigos excitados que van rumbo al estadio para ver el México vs Camerún en Natal. 

Lo único seguro no era el marcador sino la lluvia intensa y empapada segura. Nos alistamos y salimos temprano con rumbo al estadio después de pasar por otros tres personajes. Estacionamos el coche a un par de kilómetros del Arena das Dunas y caminamos bajo la lluvia que subía y bajaba de intensidad a placer. 

Como muchos mexicanos precavidos, contábamos con boletos de sobra y pensábamos que los podríamos revender, pero a final de cuentas, dichos boletos los terminamos regalando o perdiendo en otros casos. 

Ya dentro del estadio y completamente empapados comenzamos por localizar a nuestro cartero de cabecera. Con todo y la lluvia no dejaríamos de consumir cerveza para tratar de controlar los nervios. Una, otra, otra... Perdimos la cuenta. Instalamos en nuestra zona de confort, acomodamos las banderas y comenzamos a pronosticar. 

Salieron los equipos al campo y se cantaron (berrearon) los himnos; el mexicano, a todo pulmón como tiene qué ser en cada Mundiales. Si eso implicara ser campeones, ya seríamos tetras. 

Cayó el primer gol de Gio, sin embargo pronto vimos que había sido anulado así que se ahogó nuestro grito. Después el segundo; también anulado. Estábamos totalmente enfurecidos. Por eso es que pedimos más cervezas. Y así de entonados, los "Cielitos Lindos" se cambiaron por mentadas de madre al árbitro. Otra cerveza por favor, de puro coraje.

Terminó el primer tiempo y todos al baño en donde las porras no pararon. La gente aprovechaba para comprar algún refrigerio y ¿qué creen? Pues más cervezas. Al arrancar el segundo tiempo, en la tribuna se respiraba un ambiente de confianza, pues todos sabíamos que el 0-0 no decía nada. Al minuto 61 tras un rebote cae el gol de Peralta. ¡El estadio con muchos seguidores de México, explotó! Esa ansiedad contenida durante 61 minutos se liberó en gritos y gritos de festejo. 

Luego de angustiantes 10 minutos finales, acabó el encuentro y todos a festejar. Salimos del estadio muy contentos y por las sobredosis de emoción y chelas consumidas. 

Seguimos nuestro trayecto al coche con tequila en mano, porque, qué más da si habitualmente no tomas tequila; estás en un Mundial y TIENES que hacerlo. Así que sin limón sin sal sin gestos y a la Pedro Infante, nos terminamos la botella en ese trayecto. 

A estas alturas, ¿quién se acuerda donde habíamos dejado el coche? Pues nadie por lo que tuvimos que buscarlo por un par de horas. La emoción por ya estar dentro del estadio hizo que ninguno de los 5 se fijara donde quedó nuestro transporte que finalmente apareció. 

Una vez dentro del coche, con cervezas varias y tequila, nos fuimos a comer. Elegimos en el camino un lugar de espadas brasileñas donde pudiéramos saciar nuestra feroz hambre y salvaje sed. Llegamos al Sal e Brassa que estaba repleto de mexicanos haciendo un escándalo digno de victoria de México en una Copa del Mundo. 

Entre ellos, estaba Cuauhtemoc Blanco quien se echaba sus cubas y saludaba, bromeaba y se tomaba fotos con todos. Después de un rato donde ya no podíamos comer más, pedimos los digestivos. Todo el mundo quería seguir la fiesta y la invitación estaba hecha al Decky, un bar que había sido adoptado por los mexicanos desde el día anterior. 

México tiene pocas victorias en los Mundiales. Así que éstas se festejan como nunca. 

Esperemos que ante Brasil saquemos la segunda.


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