QrR

Crónica de un tartamudo

porky
(Especial)

Recargado en una de las esbeltas columnas de los pasillos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM platicaba con mi amigo Jorge, cuando quise decirle algo que salió más o menos así: “Es q-q-que ayer te iba a hablar por t-t-t-t-t-t…..¡t-t-teléfono!”. Es importante decir que mientras repetía cual ametralladora la t, abrazaba cada vez más fuerte el poste en el cual me recargaba y parpadeaba a la par del fonema.

Esa frase, dicha hace unos veinte años, marcó mi vida en la facultad. Tanto así que a la fecha, cuando veo al buen Yors, me la recuerda con cierta sorna. Y como esa frase han existido tantas, que no vale la pena rememorarlas ahora. Esa situación viene desde la primaria, donde empecé a hablar más y más rápido, como si tuviera algo importante que decir y poco tiempo para hacerlo. Después de unos treinta y tantos años del inevitable bullying que me provocó la lengua, ésta ahora me resulta intrascendente, tengo todo bajo control y hasta hago escarnio del problema. A estas alturas he escuchado desde el “me rehu-me rehu-me rehu… me niego” de Porky hasta “…laaaaa manecilla chica está pa-paaaaara arriba y laa maaanecilla grande está paaara abajo…” de Demóstenes en Don Gato y su pandilla. Ya estoy vacunado contra la pena generada por la tartamudez.

Todo esto viene a colación porque el 22 de este mes es el Día Mundial del Conocimiento de la Tartamudez, lo que sea que eso signifique. No sé si la tartamudez se quita, no tengo idea si haya asociaciones que la combatan; menos aún si es enfermedad, si es hereditaria, si es cosa física o psicológica, si provoca ansiedad o la ansiedad te la provoca. Solo sé que no conozco una sola mujer tartamuda.

En mi caso el tartamudeo es selectivo —eufemismo para medio mamila— pues casi nunca me pasa cuando tengo que hablar fuerte y claro. Recuerdo que cuando terminé la exposición de mi examen profesional y antes de las preguntas, mi maestro, Oseas Martínez (sí, así se llama), me dijo sorprendido “¡pinche Piolo, si sí puedes hablar bien!”. Incluso llegué a grabar unos comerciales para el radio donde daba los datos finales con una velocidad sorprendente.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas; además del mencionado bullying, está la vez que aparecí en un sketch de Canal Cuarenta, donde todo me salió mal. Recuerdo que tenía calor porque, además de que soy “de la familia que suda”, como diría mi abuela, iba de traje, usaba una máscara de hule del ex presidente Fox, las luces del lugar incrementaban los grados centígrados y nunca había actuado, por lo que estaba muy nervioso. Tenía que entrar al set, saludar, sentarme y decir, entre otras cosas, el famoso “comes y te vas” que nuestro ex mandamás le espetó a Fidel Castro; pero en vez de eso inició el acabose. Entré a escena, el sudor me empapaba la cara y me entró en el ojo, lo que provocó ardor y ceguera momentánea que me hizo trastabillar, trastabilleo que ladeó la máscara dejando en ubicaciones distintas los ojos de Chente y los míos. Con la máscara de lado, además de parecerme a Linda Blair en El Exorcista, no podía ver nada. Aún así, a tientas, logré sentarme donde debía, y dije… nada. Me quedé trabado, igual que aquella vez del teléfono. Quería decir mi línea, pero sabía que no saldría, y aclaro, los tartamudos sabemos cuándo podemos decir algo y cuándo no; somos, de hecho, maestros en el arte de buscar sinónimos para no trabarnos tantas veces. Pero aquí no podía hacerlo sin estropear el gag. No tuve alternativa, el reloj corría, todos callaban esperando mi línea y tuve que decir algo así como “después de comer, te puedes ir”. Mi carrera de actor fue, además de breve, pésima. Casi digna de aparecer en No se aceptan devoluciones.

El que para mí no sea un problema no significa que para todos sea igual. Habrá quien se deprima, quien no hable en público, quien nunca se ligue a alguien desconocido, quien busque dedicarse a cosas escritas en vez de habladas. Existimos locos así. Y citando a Porky: “Eso es to-eso es to- eso es todo, amigos”.

 @pioloelhermoso

 

< Anterior | Siguiente >