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Crónica de una región travesti

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Miriam Canales
@miricaiba

De día era horrible la zona de tolerancia de Torreón. De noche era Hollywood. Toda la perversión sexual ahí la encontrabas. Aprendí la supervivencia, a que tenías que ser loba y no oveja. En ese entonces yo tenía 17 años. Todas luchábamos por un cliente. Era pelearse a golpes para mantener un lugar. La maldad así como el deseo siempre han existido”. Maciel Dupeyrón es una estilista que relata su vida. Experta y elegante en el transformismo, sobrevivió a la década de los 80, al sida y a las persecuciones policiacas. Merece un lugar emblemático por ser pionera. Inició en la zona roja, pasó por el bar La Rueda, la prostitución y luchó por los derechos de los gays y las mal llamadas “vestidas”. Desafiando a la autoridad, desde muy joven pisó la cárcel en numerosas ocasiones por deambular en la calle ataviada de mujer; los policías la llamaban La Güera. “Ella es como una Barbie de carne y hueso, una chica Almodóvar”, así la describe el escritor torreonense Carlos Reyes Ávila en Travesti, novela dedicada a estos personajes urbanos.

En el pasado, Torreón contó con un gueto conocido también como “Sector Cuatro” dentro del barrio Alianza, colindante al poniente con Gómez Palacio, Durango. Atraídos por la oferta sexual barata, fue muy recurrido por machos oriundos y otros más provenientes de distintas partes de la República quienes encontraban un vasto acervo lascivo para saciarse. Un pequeño reino turbio dentro de la colonia Maclovio Herrera, donde convergían prostitutas, proxenetas, travestis, cantinas, droga, dinero y muerte. Maciel lo adoptó como su escuela y ejerció ahí una doble vida como meretriz. “Cerraron porque los centros nocturnos de travestis eran súper abundantes y el de la mujer no. Las prostitutas se empezaron a quejar de que los gays no teníamos hijos que mantener, así que el presidente dijo que ni fu ni fa. Había de todo el país, de Chihuahua, de Zacatecas. Los tuvieron que sacar a rastras”.

Año de 1991: una vez clausurado por el alcalde priista Carlos Román Cepeda, la diáspora sórdida emigró a distintos puntos de la ciudad; en la céntrica avenida Morelos se estableció la prostitución femenina y masculina y desde finales de los ochenta, los travestis se habían alojado en La Rueda. Para 1996, la zona quedó sepultada por un parque ecológico de cuatro mil metros cuadrados bajo el elitista nombre de Fundadores. Llamado así en honor a las etnias extranjeras que se establecieron en Torreón y de donde proceden la mayoría de las familias “de abolengo”. Todo por iniciativa del panista de Jorge Zermeño quien posteriormente fungió como embajador en España. “Cuando paso por ahí ahora pienso que mis mejores pompis se volvieron una banca. ¡No es justo!”, dice Dupeyrón con ironía.

La Rueda fue un tugurio sucio y sombrío, como un hijo huérfano de la aniquilada zona. Pululaban alcohol barato, fetidez y clientela excéntrica: vándalos, rancheros afeminados, gays, lesbianas y “vestidas” que se paseaban por doquier como muñecas voluptuosas; el único destello de belleza en medio de la decadencia. Aquí solía celebrarse el certamen de Miss Gay Laguna, que alguna vez la entrevistada ganó. Dejó de girar en 2009 debido a la violencia local.

Hoy en día, Maciel reside en Gómez Palacio laborando en su propia estética y ha abandonado la prostitución callejera. Tras vivir durante años lo intenso del sexo, el dinero y la perversión, prefiere llevar una vida pacífica, aunque sin dejar de vanagloriarse del prestigio que adquirió su personaje mientras que sus contemporáneas murieron por sida o asesinadas. “Cuando yo me muera sé que va a ir mucha gente a mi funeral porque me odian o aprecian. A mí me van a recordar como una perra maldita desgraciada. Yo me lo gané y quiero que se quede así”.

Una nueva generación de travestis y centros nocturnos gays más aceptada y menos clandestina han surgido en La Laguna. Su nuevo nicho es un moderno bar llamado Play, distante a la sordidez de antaño. Una de sus figuras sobresalientes es Keta Rubio, quien ha obtenido la corona en los certámenes estatales Miss Gay 2011 y Miss Trans Coahuila 2014. Como si se tratase de una auténtica fémina, la sutileza entre lo que es verdad y mentira en ella es mínima. “Desde que tengo uso de razón, mi preferencia ha sido la misma. Siempre tuve el deseo de verme como una mujer, pero fue complicado dar el paso a cambiar y ser ahora lo que soy”. Comenta.

“Yo no he cambiado totalmente de sexo y es cosa que nunca haré, ya que así soy feliz. Lo único que he hecho es ponerme implantes de bubis, ya que por fortuna siempre fui muy femenino. Es por eso que no batallé para tener esta apariencia”. Veinteañera y despampanante, es una de las principales atracciones de Play, pero también se formó en La Rueda. Sin revelar mayores detalles sobre su vida personal, se dedicaba al estudio antes de incursionar en el espectáculo y aunque en un inicio Keta no era de su agrado, lo eligió como nombre de batalla. “Mis amigos siempre me llamaron así, cosa que me molestaba mucho. Por más que trataba de cambiármelo al final terminé por aceptarlo”.

Al formar parte de una nueva casta de travestis, Keta considera que existe más apertura en la que incluso pueden manifestarse por las calles mediante marchas y desfiles promoviendo su aceptación. “Siento que ya hay menos discriminación que antes y más tolerancia a la comunidad”.

A raíz de los últimos hechos violentos, la apertura de nuevos espacios públicos como parques y centros comerciales permite que algunos gays laguneros recurran a estos y nuevas formas de conquista, abandonando así la avenida Morelos, otrora “Celestina urbana”: “La inseguridad fue la única que nos benefició a los gays porque dejamos de ser blanco de persecución de las autoridades y porque desparecieron los antros bugas; como únicas opciones quedaron Play y La Bugambilia. Explica Raymundo Valadez, director del proyecto Por ti y activista de los derechos homosexuales. Para resguardarse de un levantón policiaco, prefiere métodos más modernos de ligue como aplicaciones de iPhone como Manhunt y Grindr.

Otro joven que ha utilizado el travestismo como expresión artística es Shui Flowers, alguna vez Sofía, prostituta en “la Morelos”. “Mi trabajo ahora es entretener a la gente en Play. Por la inseguridad fue que llegaron ahí muchos heterosexuales y les cambiamos la forma de ver. No sólo se trataba de hombre-mujer. Queríamos que vieran más allá de lo que nosotros hacemos”.

A pesar de los cambios en la sociedad lagunera, algunos vestigios de discriminación quedaron diseminados en la historia, según Raymundo Valadéz: “Todo empezó en la zona desde los sesenta. Lo que les quedaba a los travestis de ese entonces era prostituirse o ser estilista. Para eso también hay que tener talento, si no lo tienes vas a quedarte frente a un espejito con unas tijeras. No puedes ser secretaria ni, mucho menos, gerente de una tienda. La sociedad los orilló a eso”.  

@miricaiba

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