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Cincuen… Tona

Tona 50
(Eduardo Salgado)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


“Sabes que estás envejeciendo cuando las velas cuestan más que el pastel”:
Bob Hope


Al toparnos con la cifra 50, inmediatamente pensamos en la mitad de algo, lo cual provoca cierta felicidad si se estampa en la etiqueta de una mercancía de oferta, pero ya no resulta tan alegre si se trata de nuestra propia edad, pues muy pocos humanos llegan a los cien años y, al cumplir 50, uno ya rebasa la razonable cantidad de años asignados por Dios. El 29 de agosto comencé mi cuenta regresiva, por esa razón hoy publicaré un En el Tono de el Tonaconmemorativo, en lugar del habitual Mundos Para-Lelos.

Antes vivía solo y borracho y no le encontraba gracia a celebrar mi cumpleaños (la gente que estaba pendiente de la fecha era por el caldo de almeja que preparaba mi difunto padre, El Pocho). Pero ahora, mi juvenil ahijada Mayita Mazariegos, una hermosa y chispeante actriz tabasqueña (a quien le debo mi reintegración a la sociedad de los sobrios), me convenció de hacer un memorable festejo por llegar a un tostón de vida. Alegre y fantasiosa como es, empezó a planear este magno evento, dos meses antes de mi cumpleaños. Mayita me hizo ver que se cerraba un ciclo importante, argumentando que “ya no soy un niño de 49 años” y debería celebrar con madurez el regalo de una nueva y mejor vida. Gracias a ella sé que ahora debo ser un gran ejemplo para los niños. Ella me organizó esa fiesta genial.

Había muchas especulaciones acerca del lugar indicado para celebrarlo y busqué uno grande, así que le pedí a mi colega y amigo, el caballeroso Tacho, y a su gentil y sensual esposa Ana Laura Santos, me prestaran su azotea para el festejo (al cabo les encanta el desmadre); aceptaron gustosos.

Un par de días antes de la celebración, en vez de darme dinero, el cajero automático me ofreció una bonita notificación: “Saldo insuficiente”.

Mediante un préstamo logré hacerme de la liquidez básica para salvar la tan esperada fiesta. Renté 30 sillas, compré 200 tacos de canasta (que al final, a medida que todos manoseaban los taquitos, se convirtieron en sabrosos chilaquiles a los que con enjundia todo mundo le entró) y una piñata (también sugerencia de Mayita: el Mostruo Comegalletas, con galletas Marías pegadas al cuerpo, que como ella y el pequeño Balam sabiamente atinaron a decir que es igualito a mí).

Economizando, en vez de cien tazas, Mayita tuvo la gran idea de comprar 30 plumas a las que se les imprimió la leyenda: “Tona 50 años”. Fuimos a comer al restaurante California (donde “el cumpleañero no paga”), me serví ensalada y me fracturé una muela con el hueso de una aceituna negra, sufriendo doble: 1: Por el dolor físico, y 2: Por el probable pago imprevisto a un dentista. Después de que los meseros me cantaran “Las mañanitas”, probamos los lapiceros y descubrimos que no pintaban, de modo que tuvimos que comprar otros nuevos para intercambiarles el repuesto. Siguiendo con la economización Mayita me regaló 50 pesos (un peso por año), aunque el verdadero regalo que me dio, aparte de su maravillosa presencia, fue un pastel de frutas, una camisa azul celeste con golondrinas negras y un perfume que contrarresta mis naturales olores corporales.

Por no escuchar las noticias no nos enteramos que habría tormenta tres días seguidos, así que ya estando en la fiesta, de la azotea de Tachito bajamos a la casa y nos apretamos como en la película El Ángel Exterminador. Partí tres pasteles al mismo tiempo. En un momento que aminoró la lluvia, subimos en chinga a romper la piñata y bajamos a seguir el cotorreo, donde hubo tocada unplugged con miembros de mi vieja y amada banda de rock La Capa de Batman (Nostragamus y Dososito) integrándose al palomazo Fernando Rivera Calderón, Tacho y Juan Santiago Huerta Navarro. Todos los asistentes nos tomamos fotos con un hermoso marco que me regaló La Negrita, con el tema de la mafia. Agradezco también la presencia de Verónica Maza Bustamante, Jachen Duri Schleich, Eduardo Salgado, Guadalupe Rosas, Eduardo Limón, Armando Casas, Mireya Torres, Samuel Meléndrez Bayardo, Wendy Portillo, Juan Alberto Vázquez, Pixhell Lowsky, Ligia Oliver Manrique de Lara, La Osa, Óscar Ocampo Chiquibeibi, Karina Vargas, mi hermano Marco Antonio González, mi sobrino Rodrigo González Orellán, mi mamá Silvia Leticia y los niños Balam, Luis y Paola.

En este cumpleaños descubrí tres cosas: que puedo hacer el ridículo sobrio, que los invitados son seres humanos que merecen respeto y regalos (como los lapiceros) y que si el universo mima a quien no se lo merece, es porque le da una oportunidad de ser agradecido. Mayita: ¡Gracias por regalarme un punto de vista más juvenil, sano y positivo! Es la primera vez que en mi propia fiesta de cumpleaños la pasó tan a todo dar sin necesidad de drogarme ni beber. La alegría fluyó por mis venas naturalmente y todos los presentes en aquella lluviosa tarde del sábado 30 de agosto, en casa de Tacho y Ana Laura, fuimos muy felices. Hasta la vista, amig@s.

 

NOTA:

Algunas personas se han quejado porque eliminé En el Tono del Tona, pues les divertían mis estupideces cotidianas. Para evaluar si vale la pena volver a publicarla (aunque sea una vez al mes), les pido a quienes deseen que vuelva a salir, que escriban a qrr2000@hotmail.com  y hagan su petición por Twitter a @Milcosas y @JairoCalixto, con el hashtag #QueRegreseEnElTonoDelTona. ¡Besitos cincuentones!

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