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Chulada de monarquía

En el tono de tona
(Karina Vargas)

EN EL TONO DEL TONA
Rafael Tonatiuh


"¡No sabía que tuviera hijos tan pendejos!"
Isela Vega (cuando le gritaban "¡mamacita!")

El cabaret, ¿qué es el cabaret? Podría emplear más de mil palabras para expresarlo, pero en primer lugar no sé ni madres de cabaret (solamente que tiene que ver con chupe y un show vulgar, así que tomarse un Tonayan frente al payasito de la esquina, ya es cabaret); en segundo lugar, porque estamos aquí para recordar lo que aconteciera aquel miércoles 10 de junio, en Madrid 13, Coyoacán, México Distrito Federal, cuando las Reinas Chulas, principales monarcas del cabaret actual, celebraron 10 años como compañía cabaretera: Marisol Gasé, Ana Francis Mor, Cecilia Sotres y Nora Huerta (recién ganadora del Ariel); artistas, empresarias, divulgadoras y promotoras del cabaret, tanto sobre las tablas como en la Academia, además de organizar el ansiado Festival Internacional de Cabaret en agosto.

Llegué al aniversario después de las 10 de la noche y el Teatro Bar el Vicio estaba a reventar. Todo el patio de la entrada tenía mesas para acomodar a los que no cupieron dentro. Saludé a algunos cuates que departían alegremente al aire libre: Fernando Rivera Calderón, Ana Laura Santos, Tacho, Rictus, Alarcón, Dodosito, la Negrita, Regina Orozco, e ingresé al foro que conociera en tiempos de El Hábito, cuando lo regenteaban Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe; Luis Usabiaga, amigo y colega guionista, escribía entonces para Regina Orozco y ella me invitó a bailar y cantar un rap en náhuatl con su hija Sol (quien entonces tenía 10 años) en el estreno de uno de sus shows. En esa función conocí a María Renée Prudencio (otra adorable amiga y colega guionista), quien me felicitó por mi acto.

De pie, recargado al fondo del salón vi sobre el escenario a las Reinas Chulas vestidas de charros con bigotes, lo cual es normal en una cabaretera, pero lo inusual era que estuviera entre ellas Lydia Cacho, disfrazada como cantante grupero, rememorando los Demonios del Edén. Felicitaron, entre tantas personas importantes para el desarrollo del cabaret en El Vicio, a Susana Zabaleta, por sus actuaciones a favor de la causa en tiempos críticos. Se despidieron con una canción cuya letra me causó harta gracia: "¡Por un buen güagüis te trapeo hasta el comedor!". El flautista Horacio Franco se aventó un palomazo. Divisé, hasta el fondo del salón, a Eduardo Limón y me desplacé de volón pimpón para ver si no había un asientón; resultó que sí, me senté, me encargó sus cosas y se fue al baño.

Verónica Velasco dijo cosas muy interesantes de las cuales lamentablemente no me acuerdo (pues andaba cazando al que sirve las bebidas), pero el cotorreo se puso bueno cuando Epigmenio Ibarra comenzó a rememorar cosas bien intensas, cuando un 10 de junio atendiera a un estudiante golpeado en el hospital, y José Revueltas le preguntaba: "¿Qué recuerdas?". "Nada, que estaba ahí golpeado". "Pero ¿llevaba calcetines? ¿De qué color eran sus zapatos? ¡Toda información es esencial!", y entonces José Revueltas le reveló una enseñanza memorable, que lamentablemente no puedo trasmitirles, porque los que estaban en las mesas de afuera se traían un escándalo y no me dejaron oír. Sin embargo, lo que estuvo de antología fue cuando Epigmenio confundió a Trino con Jis (lo cual también solía sucederle a Lennon con McCartney), desde entonces se agarraron de carrilla como "Jis" al monero tapatío, quien en una época alivianara a las Reinas Chulas con diseños gráficos gratuitos.

Con tanto discurso (y con la cualidad que tienen las sillas de El Vicio para aplanarte las nachas) ya quería que Eduardo Limón regresara por sus cosas y salir a estirar las piernas, cuando comenzó la variedad musical de aniversario.

Pedro Kominik, en falda escocesa, cantó algo de repertorio clásico cabaretero (lo mismo que la madre de las reinas: Tito Vasconcelos, quien también incorporó coplas dedicadas a las Reinas Chulas). Lo mejor de Pedro es que criticó a "los de la Condesa, que no dejan oír", en relación a los ruidosos que estaban en las mesas de afuera.

Roma, un imperio hecho carne, vino desde Madrid, España, con su show de pinup kitch de cabello pelirrojo para la celebración. Con un ukulele y unos pedales para hacer loops rítmicos, interpretó algunas melodías de lounge experimental (Roma regresa al Festival Internacional de Cabaret, no se la pierdan).

En el cabaret uno descubre nuevas propuestas, como la de un grupo cuyo nombre lamentablemente no se lo puedo transmitir (más que nada por pendejo), que hacían unos extraordinarios juegos vocales con el menú de una fonda. Creo que se llaman Los Cardenenses (o Los Cardigans, pero no me hagan mucho caso, luego les rectifico el dato).

Astrid Hadad salió soberbia, como de película de Fellini, con un vestido bombacho iluminado, como una gran lámpara blanca con dibujos de gatos, un sombrero antiguo y una estola de gatos de peluche, pues el cabaret no solo son chistes y crítica social.

El festejo concluyó con la actuación de Son de Corazón, una orquesta de salsa de puras mujeres. También actuó Fernando Rivera, con quien volví a agarrar las noches de cabaret y le pido mil disculpas a mi colega y amigo Juan Alberto Vázquez, quien cumpliera 50 y dejara plantado en su celebrada celebración del Back Horse. Le pido perdón, y le pido perdón al amable lector, porque esto no salió tan sobrio.

¡Muchas felicidades a las Reinas Chulas y a Juanito! ¡Que viva el Cabaret! ¡Que viva Tachito, que se llevó la noche, pendejos!

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