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Tres del Chopo tres

Las series policiacas de Europa vienen a refrescar la espera de los adictos a estos programas, aquí unas inesperadas recomendaciones.

El Tal Borgues

Cuando las series televisadas comienzan a perder punch, cuando uno piensa que en el Tianguis Cultural del Chopo ya no puede haber más milagros (alguna vez cambié mis viejos cd de Agustín Lara por unas óperas victorianas hasta entonces desconocidas por mí), cuando uno se ha olvidado de la vieja Europa; entonces brota el milagro. Solo porque estuve ahí podrían creérmelo. En los cambios de películas y discos, merced a los buenos consejos del jefe Heladio, pude conseguir tres series policiacas europeas de la mejor manufactura y totalmente originales. Nunca me había sacado la lotería. Aquí la hazaña, por si quiere ir a ver si el rayo vuelve a caer en el mismo lugar.

Salamander, serie belga transmitida en 2012, con locaciones en Bruselas, gira alrededor del robo a un banco de donde saquean las cajas de seguridad y el peine va saliendo para mostrar la presencia de un grupo de empresarios que están en franco compló para acabar con el mundo mundial. El detective de barba blanca, Paul Gerardi, tiene que vérselas con malos muy malos, capaces de sacarles los trapitos al sol a cualquier funcionario público que hubiera tenido vela en el entierro nazi, que ya ven que allá la impunidad apenas se conoce. Notables locaciones, personajes consistentes y una trama que, a los de este lado del charco, nos suena de la lejana guerra fría. Divertida y eficaz, sobre todo cuando hampones y políticos deben aliarse contra este peculiar, por honesto, policleto. Más ahora, cuando los polacos-chilangos se pitorrean de las acusaciones de trata de secretarias y Fox anuncia que pondrá su compañía de exporta-mota y que ya lleva décadas probando el producto, que por eso gobernó como gobernó. Medio hablan de “los haberes de retiro”.

El puente, serie policiaca escandinava, transmitida en 2011, que parte de dos cadáveres montados como uno, en la mera rayita del Puente de Oresund, que une Suecia y Dinamarca. La pareja de la sueca y el danés enfrentarán a un asesino en serie que usa a la prensa para legitimar sus fechorías con asesinatos, incluido el poli infiel y su familia. Buenísima serie, donde, más que presenciar una trama muy armada, estamos ante una ciudad que parece de otro planeta y costumbres sociales ajenas a nuestra hipócrita sociedad llena de manierismos y “buenas costumbres”. El personaje de la policía es excelso: fría, calculadora, le valen gorro las opiniones de los demás, pero es capaz de ser humilde, y buena a la hora de resolver. Una reina fría que no pierde peso dramático. En cambio, el poli danés casi es mexicano: engaña a la esposa con la viuda millonaria (como en corrido de Chava Flores), se brinca cuando puede las reglas, pero logra enfrentar sus miedos. Superserie que hace de la fotografía un regalo a la vista. Es tan buena que los gringos no pudieron quedarse sin plagiarla y en 2013 Fox sacó El puente, con el buenazo de Demián Bichir y la tabla Diane Kruger, con la misma trama, pero adaptada a las muertas de Juárez. Muy bien armada, la serie decae por la mala adaptación de la poli gringa, pues aquí, más que una fría y directa mujer como la sueca, es una inadaptada que por ratos parece afectada mentalmente por no comprender qué pasa a su alrededor. Tal vez, sin el antecedente de El puente europeo, pueda funcionar, pero en la comparación apenas se salva por la actuación impecable de Bichir y una fotografía que trata de dar el efecto de la serie europea.

Esos que matan (Den som draeber), serie danesa, 2011. Donde una policía de Copenhague y su amigo, el sicólogo criminal, se enfrentan con matones dentro y fuera de las cárceles. La policía sufre ataques en casi todos los capítulos, la secuestran, la golpean, la tratan de violar y, por supuesto, le dicen feo; y el sicólogo va evolucionando en su lucha contra el crimen, pues de pronto se mete con el secuestrador y asesino de familias para confundirlo con trucos de sicólogo y lograr que suelte a los rehenes por propia iniciativa; o se mete, de improviso, como infiltrado en una banda de hampones donde ha habido varias muertes. El cascarrabias capitán de policía se la pasa insultándole hasta que, nobleza obliga, el sicólogo saca la casta. Incluso se divorcia y se reconcilia con la pelirroja mujer y hasta al chamaco le secuestran para hacer intercambio por el hijo del hampón. Más involucrados no podrían estar los personajes centrales. El único problema de esta serie es que son unos cuantos capítulos.

Si ya no sabe qué hacer de su vida luego de Breaking Bad y Los Sopranos, o se resiste a ver la epopeya gandalla de The Shield con el jefazo Vic Mackey, o se truena los dedos con la espera de la siguiente temporada de Sons of Anarchy o Juego de tronos o Boardwalk Empire, vaya al Tianguis Cultural del Chopo, donde la videocultura está más viva que en varios “centros culturales” de la República. Pregunte por el peculiar Virgilio, Juan Heladio y su puesto, para salir sonriente de este infierno punketo-rasto-darketo-equis.

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