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Cannes, edición 67

Cannes
(Ilustración: Waldo)

En Cannes, “el” festival más glamoroso del mundo, se reúnen cientos de periodistas de todas partes del mundo y seguimos siendo tratados como “ganado”; hacemos largas filas para entrar a una película bajo el sol, bajo la lluvia y con el mistral soplando tan fuerte que casi te lleva volando. Ahora todo mundo tiene un smartphone y se siente que no es nada sin él; la sala de prensa tiene pocas computadoras, porque ya todos llevan sus laptops y se sientan hasta en el piso para terminar sus notas diarias. Los locales corren apresurados desde el casco antiguo, por la Croisette y por la calle Antibes, vestidos de gala para desfilar por la alfombra roja y sentirse divas por una vez en su vida; la verdad es una experiencia que hay que vivir. Afuera del Palais del Festival se paran diariamente personas con letreros en mano: “Busco un boleto para la película Mommy de Xavier Dolan o para Maps to the Stars de David Cronemberg…” Me pregunto si alguna vez lograrán que les regalen un boleto, su persistencia es admirable.

Una vez estando allá es como andar en bicicleta: nunca se olvida y poco a poco te sientes como pez en el agua y comes como rey, ¡claro, si logras sentarte a comer en algún momento!, cosa que hay que hacer mínimo una vez al día y tomarse un vino rosado de Provence.

Aun cuando se tiene un mundo de gente alrededor puedes llegar a sentirte muy solo, como inmerso en una realidad paralela a la vida diaria, la realidad del placer de estar en la sala de cine y ver diariamente tres o más películas. Correr de un lado a otro, de función en función, haciendo entrevistas; platicar toda la cena con la comensal de a lado y comentar las películas que se han visto puede ser muy enriquecedor y gracias a esas pláticas con otros “festivaleros” uno se entera de pequeñas joyas de cine independiente escondidas entre tantísimas películas en secciones paralelas, como Whiplash, que formó parte de la Quincena de realizadores del joven estadunidense Daniel Chazelle, cuya cinta fue todo un éxito en Sundance y ahora en Cannes tuvo una gran ovación. Caminar a la orilla del mar a lo largo de la Croissete, viendo desfilar la fauna de “animales humanos” es cosa de todos los días, es lo que le da colorido y sabor a Cannes, pasar por todos los hoteles elegantísimos: el Carlton, el Martinez, el Miramar, todos ellos con el sello de la Costa Azul y ver a los fans unos encima de los otros, con la esperanza de ver a una estrella de cine. Eventualmente salen y todos gritan desaforados.

Es extraño, pero a veces uno se encuentra gente más interesante fuera de las salas de cine que dentro de ellas que te cuentan sus historias, los años que llevan viniendo al Festival, todo el esfuerzo que hacen para llegar a Cannes y al final solo ganar 40 dólares por una nota, como un periodista retirado que me encontré en la fila para ver Paris, Texas. Aun así sigue yendo cada año, es la misma historia de muchas de las personas que vamos a Cannes

—¿Qué por qué seguimos yendo?

—Pues en mi caso por amor al cine, al cine de lugares recónditos que uno no podría ver sino fuera en Cannes, como Charlie’s Country, del australiano Rolf De Heer, de la selección Una cierta mirada, la segunda más importante del festival, en la que David Gulpilil ganó el premio a mejor actor de esa selección.

Los grandes directores y los no tan conocidos que se dieron cita este año en Cannes

La películas que más dieron de que hablar en la selección oficial este año fueron la argentina Relatos Salvajes, de Daniel Szifrón, producida por los hermanos Almodóvar. Una comedia que lleva al extremo la naturaleza humana: todos los protagonistas de los diferentes relatos dejan de lado todo lo políticamente correcto y, ante situaciones en las que normalmente uno debería guardar la compostura, sacan lo peor de sí mismos, actúan como salvajes; esta fue la única comedia de la selección oficial y mantuvo desternillados de risa a periodistas, público y jurado. El estaunidense Bennett Miller (director de Capote, con Philipp Seymour Hoffman) demostró una vez más su maestría con la cinta Foxcatcher, basada en una historia de la vida real de lo más extraña; cuenta un episodio del excéntrico multimillonario John du Pont y su relación con dos luchadores profesionales, ganadores del oro en los Juegos Olímpicos de 1984. Una película que seguramente estará nominada al Oscar en 2014.

También estuvieron en la selección oficial algunos consentidos de Cannes, realizadores de renombre con un estilo muy bien definido y cuya filmografía ya es conocida por todos y han participado en los festivales de cine más importantes del mundo, como Mike Leigh, con Mr. Turner; los hermanos Dardenne, con Deux jours, une nuit; Ken Loach, con su entrañable cinta Jimmy’s Hall; Jean-Luc Godard, con Adieu au Langage; Olivier Assayas, con Sils Maria, y Nuri Bilge Ceylan, con Winter Sleep, entre otros.

Algo notable fue que tres películas canadienses estuvieron en la selección oficial y que la más sobresaliente fuera la del joven realizador Xavier Dolan:  Mommy, una cinta que con un estilo único del realizador, que te absorbe y te aplasta al mismo tiempo, de una intensidad y una tensión dramática que dura dos horas 14 minutos; Atom Egoyan se presentó con Captives y David Cronemberg con Maps to the stars, que, como siempre, creó controversia y los críticos lo aman o lo odian.

Wim Wenders regresa a Cannes con Bombo y Platillo y gana un premio especial del Jurado en la sección ‘Una Cierta Mirada’

Este año se cumplieron 30 del triunfo de Paris, Texas en Cannes; en 1984 la cinta de Wenders ganó la Palma de Oro. Durante esta edición de Cannes hicieron una función especial el miércoles 21 de mayo, el mismo día en que la proyectaron hace 30 años, con la copia restaurada de la cinta (transfer en alta definición). “Cannes Classics” es crucial para el festival, una sección de la que pocos hablan, en la que cada año hacen homenajes a grandes directores y actores, íconos de la historia del cine.

La función de Paris, Texas fue muy emotiva; entre el público había gente que la vio hace 30 años, jóvenes periodistas que nunca la habían visto y fans de Wim Wenders, como la que escribe este texto, que la hemos visto muchas veces. Es un road movie que un buen cinéfilo tiene que ver.

Y para cerrar con broche de oro, la película The salt of the earth, de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, ganó un premio especial del jurado en la sección “Una cierta Mirada”. La cinta está inspirada en las fotografías del famoso Sebastiao Salgado, quien ha viajado a más de 100 países y ha trabajado para agencias como Sygma, Gamma y Magnum.

MI TOP TEN

The disappearance of Eleanor Rigby, Ned Benson.

Hermosa Juventud, de Jaime Rosales.

The salt of the earth, Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado.

Charlie’s Country, de Rolf De Heer.

Coming Home, de Zhang Yimou.

Relatos Salvajes, de Damián Szifrón.

Foxcatcher, de Bennett Miller.

Deux Jours, une nuit, de Jean-Pierre y Luc Dardenne.

Futatsume No Mado (Still the Water), de Naomi Kawase.

Mommy, de Xavier Dolan 

La vie de Châteu, de Jean-Paul Rapennau (1965).

SÍ HUBO PRESENCIA MEXICANA EN EL FESTIVAL

Asistieron los que ya todos sabemos que fueron: Gael García Bernal, como jurado de la Selección Oficial, y Daniela Michel, como jurado de la Semana de la Crítica, y, por supuesto, Salma Hayek que nunca deja de sorprender a la gente con nuevos proyectos. También estuvieron presentes todos los directores de los cortometrajes ganadores en el Festival de Cine de Morelia. Algo fuera de serie fueron los más de 50 jóvenes mexicanos —entre los veintes y los treintas— que participaron en la sección Short Film Corner; todos ellos se financiaron el viaje por cuenta propia, algunos viajaba cada día desde Niza a Cannes, otros dormían como cinco en un pequeño estudio y se turnaban el piso, todos estaban felices de haber llegado a Cannes y estaban celebrando en la famosa “Última noche”, fiesta que ofrece la semana de la Crítica junto con el festival de Cine de Morelia.

Isabel Cárdenas Cortés

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