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Candidatos estrambóticos

Candidatos estrambóticos.
Candidatos estrambóticos. (Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR

EL PEZ SOLUBLE

Jordi Soler


La campaña de Donald Trump puede parecer una escandalosa anomalía, pero basta hurgar un poco en la historia reciente de aquel país para darnos cuenta de que ahí se apuntan, para ser presidentes, personajes verdaderamente estrambóticos y algunos incluso han conseguido ganar las elecciones. Me parece que ahora que la campaña de Trump (de Donald, como le dice Clinton, para recordarnos al pato del cómic) está entrando en una vistosa barrena, que bien podría reconvertirse en un inconveniente rizo invertido, es momento de recordar la ocasión, nada lejana, en que el famoso rapero Kanye West aprovechó su minuto de gloria en la gala de los premios de MTV, para hacer un anuncio sobre su futuro político, un futuro que nadie, ni su mujer y puede ser que ni él mismo, se había planteado. El minuto de gloria, que duró bastante más, empezó cuando subió al escenario a recoger el premio que le tocaba y, ya con la estatuilla del astronauta en la mano, se lanzó con un discurso, más bien errático, que poco a poco fue centrándose en su preocupación por la forma en que se cría y se educa a los niños de Estados Unidos, su país. Antes de manifestar esta preocupación se ocupó de acabar con la preocupación del público que lo escuchaba; dijo que si alguien se preguntaba si había fumado algo antes de subir al escenario, la respuesta era que efectivamente había fumado. Fumado ¿qué? No lo aclaró, pero es verdad que cuando uno se fuma un Delicado sin filtro no se siente impelido a confesar nada. Después de su alocución sobre los niños dijo que, como era evidente por el contenido de su discurso, en el año 2020 se postularía como candidato a la presidencia de Estados Unidos.

Si la estatuilla del Oscar está inspirada en la proporción aurea (en el cuerpo en pelotas) del Indio Fernández, ¿en qué astronauta está basada la de los premios MTV?

Después de soltar esa bomba Kanye West, el rapero más premiado de todos los tiempos, abandonó el escenario en medio de la ovación de sus colegas.

Aquello que tenía el aspecto de una broma, un arranque cuyo origen debe estar entre el crescendo del momento y lo que haya sido que se fumó, fue fijado en la prensa, y en la conciencia de los ciudadanos de aquel país, por la declaración que hizo su amiga Rhiana: “¿Si la gente va a votar a Donald Trump, porque razón no votarían a Kanye?”. La pregunta es interesante porque Trump se ha convertido en candidato gracias a su fortuna y a sus ideas radicales que dice con mucho aplomo, dos elementos de los que fácilmente podría echar mano Kanye West. Además Estados Unidos ya fue gobernado por Ronald Reagan, que era un cowboy que salía en las películas de Hollywood. ¿Si ya fue presidente un vaquero del cine, porque no puede serlo un millonario racista y misógino o el mismísimo rey de los raperos? Pero la gesta del rapero no es muy original, no es el primer músico que quiere ser presidente de su país y, si lo consiguiera, como ha dicho, en el año 2020, tampoco sería el primero.

Michel Martelly, el ex presidente de Haití, era un famoso músico que, antes de comenzar su carrera política, se llamaba Sweet Micky (El dulce Miguelito). Además su rival en las elecciones fue Wyclef Jean, líder de The Fugees, que hace unos años cantó con Shakira el éxito Hips Don’t Lie (las caderas esconden verdades como templos). También Susilo Bambang, expresidente de Indonesia (2004-2014), era cantante con discos grabados. Y entre los que no llegaron, como podría ser el caso de Kanye West, están Youssou N’ Dour, que lo intentó en Senegal en el año 2012, y Rubén Blades, que lo hizo en Panamá en 1994. Por otra parte están los presidentes con veleidades de cantantes, como Hugo Chávez que, cuando se quedaba en blanco en un acto político, frente a un tumultuoso auditorio, se arrancaba con una ranchera a todo pulmón, o Silvio Berlusconi, que acompañado por su amigo Mariano Apicella, grabó canciones de altísima cursilería bajo el seudónimo, que él mismo se encargaba de revelar, de Vito Cambialegge. Y en Estados Unidos, la arena política que propiamente le toca a Kanye West, tenemos a Richard Nixon, que tocaba el piano en las fiestas de la Casa Blanca, a Clinton que tocaba el saxofón y a Barack Obama que hace muy poco cantó con B.B King, con una voz que parecía de estrella de la Motown, la célebre Sweet Home Chicago. El mismo Obama, en cuanto tuvo oportunidad, aprovechó para lanzar una punzante ironía al proyecto presidencial del rapero: después de citar el título de uno de sus álbumes, para dejar establecido que sabía de lo que estaba hablando, le advirtió que le parecía una locura que los votantes eligieran “a un chico negro de la parte sur de Chicago, con un nombre gracioso, para ser presidente de Estados Unidos”; lo cual se parece mucho a su propia historia. La punzante ironía de Obama nos invita a pensar, con cierto escalofrío, en la posibilidad de que Donald, con todo y su racismo y su misoginia, gane las elecciones o ¿no parecía más improbable que las ganara un chico negro de la parte sur de Chicago con un nombre gracioso?

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