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El Brasil de Wagner Moura

El Brasil de Wagner Moura.
(Especial)

Un espectacular del actor Wagner Moura caracterizado como el mayor traficante de cocaína de la historia en el interior del Metro de Copacabana y su rostro en la portada de la revista Rolling Stone ponen en claro que es uno de los personajes más influyentes en la cultura pop carioca.

Después de pasar una temporada en Río de Janeiro, Moura viajó a Medellín para hacer la segunda temporada de Narcos, serie donde interpreta a Pablo Escobar. Más allá de su trabajo como actor, es considerado un líder de opinión sobre temas de políticas de drogas en Brasil. Aquí una charla con él.

Los intelectuales en Brasil están divididos entre los que apoyan a Dilma y los que creen que el PT no debería continuar en el poder. ¿Como llegaron a polarizarse tanto las opiniones?

Vivimos una polarización y eso es una mala señal. La inteligencia y la razón siempre pierden espacio en momentos de crisis. La última elección presidencial fue muy apretada y una crisis moral, política y económica se apoderó del país en los primeros meses del gobierno. Eso hizo que una derecha radical, que siempre tuvo vergüenza de afirmase de esa manera, saliera de las tinieblas con mucha violencia. Hay gente en la calle pidiendo que vuelva la dictadura militar. A la vez, la izquierda en Brasil está en jaque y no sabe cómo lidiar con este momento. Es una izquierda que niega la crisis y culpa a la derecha, en vez de pensar en nuevos caminos. Todavía hay gente de la izquierda que cree que nunca hubo el mensalão (escándalo político)… o sea, una derecha violenta y atrasada, y una izquierda perdida y arrogante.

Parece que en el Congreso se ha dejado de discutir la desmilitarización de la policía que tanto has respaldado. En cambio, fue aprobada hace unos días una enmienda constitucional para reducir la edad penal a 16 años. ¿Qué ha pasado en Brasil para que se apoye la idea de que condenando jóvenes como si fueran adultos se reducirá la violencia?

Yo no me acuerdo de un ambiente tan conservador en el país y eso se refleja en éste, uno de los peores Congresos de la historia de Brasil. Enviar a jóvenes pobres a la cárcel es solo parte de la agenda retrógrada de un Legislativo dominado por fanáticos religiosos, representantes del agronegocio, de las constructoras y del negocio de las armas.

El neurocientífico estadunidense Carl Hart visitó Brasil para dar una serie de conferencias en torno al tema de políticas de drogas. En Salvador le hicieron esta pregunta: “¿Cree usted que el Estado (brasileño) usa la guerra contra las drogas para matar jóvenes negros?” Él respondió: “Yo no creo que ese sea el caso. Yo tengo certeza que esa es la cuestión”. ¿Crees que las políticas de drogas en Salvador y Río de Janeiro son racistas de facto?

Creo más aún que la política de enfrentamiento a las drogas, concebida y patrocinada por Estados Unidos, resulta en una guerra que no pasa en el territorio estadunidense, sino en los países productores y exportadores de drogas. La política es racista en el sentido de que somos nosotros los latinos quienes estamos muriendo en esta guerra, sobre todo los jóvenes pobres; en Brasil casi todos son negros. Esta guerra no existe en Nueva York o en Los Ángeles, sino en México, Colombia, Brasil… Entonces está claro que la política de enfrentamiento ya es mala conceptualmente, porque las drogas son un problema de salud y no de seguridad. Sobretodo es una mala política para nosotros los latinos, porque mata diariamente a los que viven en áreas pobres de nuestros países.

Ya te has manifestado a favor de legalización de las drogas. Pero, ¿qué tan realista parece esto en un país mayoritariamente conservador como Brasil?

 Creo que aunque sea un momento de extremo conservadurismo en Brasil, la tendencia a la legalización es inevitable. El Supremo Tribunal brasileño está votando en este momento para que no se considere más al consumidor de drogas como criminal, lo que ya es un buen primer paso. Puede ser que por el momento conservador eso se demore más, pero a la larga las drogas van a ser legalizadas no solo en Brasil, sino en todo el mundo.

Para entrar en la piel de Pablo Escobar aprendiste español y pasaste dos años en Medellín, ciudad que vivió de lleno las consecuencias del "narco". ¿Qué más aprendiste sobre América?

Aprendí mucho. Brasil es un país completamente aislado culturalmente dentro de America Latina. Estar en Colombia y trabajar con actores de México, Chile, Argentina, Colombia y Perú me llevó a tener un sentimiento de pertenencia a algo más grande que ser brasileño. Eso nunca lo había sentido y se lo debo a la serie. Yo nunca me sentí un extranjero en Colombia.

PABLO PÉREZ-CANO

 

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