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"Blanco Trópico": novela de formación a la inversa

Adrián Curiel Rivera, autor de Bogavante, A bocajarro y Vikingos, publica una nueva novela, con la editorial Alfaguara. Aquí nos habla sobre sus temas, sus críticas y el proceso de pasar de la adultez a la infancia entre isleños, académicos enfurecidos, pulpos, tiburones y esas responsabilidades tan propias de los mayores.


¿Qué porcentaje de autobiografía hay en “Blanco Trópico”?

Inevitablemente en toda novela hay una carga autorreferencial. He intentado habitar esta isla, que está a la mitad del océano Atlántico y se llama Blanco Trópico, y entender lo que le pasa a Juan Ramírez Gallardo —un adulto que se empeña en ser niño— al llegar ahí. La carga autorreferencial puede percibirse en mi propia experiencia de tener que trasladarme a la hermana República de Yucatán, donde, como Juan, he tenido que empezar a trabajar en una unidad académica que depende de la UNAM. Con sorpresa me he topado con que un espacio así puede ser más beligerante que una secretaría de justicia mexicana.

Hay muchos referentes intertextuales, además. Por ejemplo, una novela de Philip K. Dick que se llama Laberinto de muerte, en donde un grupo de científicos está esperando que pase un cometa, el cual no llega pero comienzan a florecer las vanidades, los egos, y se comienzan a matar entre ellos. Mis colegas han estado a punto de hacerlo también.

¿Y qué opinan los yucatecos al respecto?

En Yucatán muchos lectores se han sentido aludidos, favorable y desfavorablemente. Algunos han interpretado la novela como una crítica muy sabrosa de las costumbres y prejuicios de los meridanos y yucatecos en general; otros se han sentido ofendidos, diciendo que soy un escritor fuereño, un yucawash que lleva varios años ahí, pero no entiende nada y es injusto. También me pasa en la comunidad académica. En cualquier caso me reconforta que eso pase, porque confirma la magia de la literatura.

Además, tienes un capítulo en la novela ambientado en España, donde también viviste.

Efectivamente. Juan Ramírez Gallardo y Marcia, su mujer, después de vivir una época paradisiaca y romántica en España, salen de ahí tras el desencanto y la desilusión cuando la realidad los alcanza y es necesario tomar una decisión de adultos. El protagonista se obceca en encontrar un paraíso. En lugar de buscar un trabajo, se esmera en terminar su libro de relatos La garza ojona; en lugar de dedicar tiempo a su proyecto posdoctoral, se arriesga a que lo corran. Me gusta explicar a Blanco Trópico como una novela de formación pero al revés. Hay una corriente clásica de la novela, que es la novela de la constitución del héroe, traduciendo el término que le dan los alemanes. Aquí es un adulto que vive situaciones que lo van infantilizando, hasta un punto en que tiene que hacer algo porque si no, corre peligro su vida.

Destaca el humor a lo largo de la novela, ácido pero muy divertido.

El humor es un personaje más de la historia. No se puede decir que sea una parodia, sátira o vodevil, pues hay momentos muy tristes, de enorme desconsuelo para Juan, que es muy crítico de él mismo, de su entorno, de las obligaciones y lo que implica el éxito, pero quise narrarlos con humor.

Además de pasar por España y por la isla, llega a la jungla, en un pasaje delirante de batalla contra otra académica en busca de un puesto.

Es en homenaje a La casa verde, a La vorágine. Una novela de la selva protagonizada por un tipo totalmente urbanita al que le da diarrea, le salen ronchas, no soporta el calor y va con la peor competidora. Es un reflejo del mundo de tiburones corporativos cuyo modelo ha pasado a las universidades. He visto casos de personas que han tenido que competir realmente por una plaza. Me gustó la posibilidad de escribir sobre esa situación ridícula de trabajar con base en modas académicas.

La idea del extranjero me parece interesante. Juan Ramírez Gallardo todo el tiempo vive como fuereño, incluso en la ciudad donde nació y se encuentran sus padres.

Me interesaron las potencialidades de trabajar con la extranjería, el exilio y la isla, porque no solo va a lugares extraños sintiéndose extraño en donde ya estuvo, sino que va a una isla que es muy hostil por momentos. No sabemos hasta qué punto las trabas que vive son reales o son mentales, ni hasta qué punto la isla, como espacio geográfico real, material, existe o va siendo configurada por sus miedos y pequeños triunfos. ¿Hasta qué punto te puedes apropiar de un lugar y hasta qué punto el mismo lugar te lo impide?, me preguntaba.

Además, el protagonista tiene un hijo y espera otro. Creo que la paternidad es similar a visitar un país desconocido, una zona en donde no te ubicas hasta meses después.

Por supuesto. Él está atormentado porque no ofrece seguridad a su familia, mientras quiere escribir su libro. Va a las cafeterías, ve a las señoras, comienza a desearlas, le gustaría acostarse con ellas, pero las odia porque se burlan de un tipo que está haciendo rayones en un cuadernito afeminado. Son tribulaciones propias del personaje. Mi objetivo era crear un mundo verbal autónomo persuasivo, como dice Vargas Llosa. Espero haberlo logrado.

Verónica Maza Bustamante

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CIUDADES DE FICCIÓN

Comala

El pueblo imaginario de Pedro Páramo tiene similitudes con Pulco, la aldea mexicana donde nació su autor, Juan Rulfo. “Mis paisanos creen que los libros son historias reales; no distinguen la ficción de la historia. Creen que la novela es una transposición de hechos que debe describir la región y los personajes que allí vivieron. La literatura es ficción y, por tanto, mentira”, dijo alguna vez el escritor.

Macondo

Su nombre se lo debe a una finca bananera colombiana cuyo nombre le gustaba a Gabriel García Márquez, quien decidió bautizar así el lugar en donde se desarrolla su novela Cien años de soledad. Tiempo después, leyó en la Enciclopedia Británica que en Tanganyika existe la etnia errante de los macondos, aunque nunca lo confirmó.

Santa María

El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti afirma que la ciudad creada inicialmente para su libro La vida breve “surgió cuando, debido al gobierno peronista, yo no podía ir a Montevideo. Me busqué una ciudad imparcial, mezcla de ésta y de Buenos Aires”. En su superficie siempre es invierno y llueve con frecuencia. “Si existiera, si pudiera vivir allí, inventaría una ciudad que se llamara Montevideo”, sentenció. 

Río Fugitivo

El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, representante del boom de literatura latinoamericana de 1990 (conocido como McOndo), crea Río Fugitivo, una región posmoderna que, sin embargo, sigue alimentándose del pasado. Tiene algo de Macondo, algo de Comala y de Santa María, pero en versión latinoamericana de ciberpunk.

YoknapatawphaCounty

Son 16 las novelas que se desarrollan en este condado ficticio al noroeste de Misisipi, creado por la imaginación de William Faulkner. Su capital es Jefferson, está rodeado por bosques de pinos y, según dijo el escritor, su nombre significa “agua que fluye lentamente sobre la pradera”.

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