QrR

'Birdman': La revolución del plano-secuencia

Birdman
(Especial)

EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Rafael Tonatiuh

La cinta ganadora del Oscar a la Mejor Película, dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu, generó cierta discusión bizantina: ¿se puede considerar rigurosamente como un solo y largo "plano-secuencia", o cada "zurcido invisible" implica una serie de "planos-secuencias"?


Algunas personas hablan del “plano-secuencia”, sin entender del todo qué significa realmente. En mi opinión, lo que genera confusiones es el término en sí mismo, pues lo que por costumbre llamamos “plano-secuencia” es en realidad una “toma-secuencia”, ya que en todos los llamados “planos-secuencia” que han existido en el cine, los movimientos de cámara, objetos y personajes hacen que haya una variedad de planos, dentro de la misma secuencia. Revisando mis apuntes estudiantiles del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM (soy generación 1985-90, cercana al Chivo Lubezki), encontré algunas definiciones que podrían iluminarnos (nota, estas definiciones se siguen usando, aunque algunos guionistas como Robert McKee las hayan resignificado).

Escena: cada escena implica un emplazamiento de cámara con una altura (nivel normal, picada, contrapicada), un plano (close up, medium shot, plano general, etc.), y si es el caso, un movimiento de cámara (Dolly-in, travelling, tilt-up, paneo a la izquierda, etc.)

Toma: todo lo que registra la cámara entre la voz: “¡Corre cámara!” y la voz: “¡Corte!”

Secuencia: Todo lo que ocurre dentro de un mismo espacio-tiempo (por ejemplo: Interior. Camerino teatro. Día.) Si cambia el espacio (escaleras teatro) o cambia el tiempo (noche, o el mismo lugar 10 años después), cambia la secuencia.

Filmar un plano-secuencia (que insisto, debería llamarse toma-secuencia) implica mucho esfuerzo, pero ofrece grandes satisfacciones: por un lado, se logra una tensión especial al meter al espectador dentro del tiempo real de lo que está ocurriendo (la narración cinematográfica normalmente usa la elipsis, o síntesis temporal, eliminando sucesos que no aportan nada al desarrollo de la trama); y por otro lado, permite al realizador el uso coreográfico de diversos planos, o al revés, coloca todo el peso dramático en la inmovilidad, aproximándose un poquitín a otras artes escénicas.

En 1948 Alfred Hitchcock sorprendió al mundo con una película que estaba filmada en un solo plano-secuencia: Rope (La Soga), con nueve actores y una sola locación. Desde aquel entonces ya se decía que era imposible filmar toda una película en un solo plano-secuencia, ya que el pietaje de las cámaras no almacenaba material suficiente para filmar más allá de 20 minutos, y Hitchcock tuvo que ensayar varias veces, cronómetro en mano, para que los movimientos de actores y cámara lograran que hubiera un fade-out natural (es decir, que algo se pusiera frente al lente, haciendo que la pantalla se ennegreciera, para cambiar el rollo y seguir rodando sin que el espectador se diera cuenta).

Hasta la fecha, algunas personas se refieren a Rope como una serie de planos-secuencias, lo cual me parece injusto, ya que la intención del realizador siempre fue crear la ilusión del tiempo real, requisito para disfrutar el suspenso del filme, por ello, Hitchcock se tomó la molestia de crear sus “zurcidos invisibles”.

El año pasado, el mexicano Alfonso Cuarón ganó el Oscar como Mejor Director con la película Gravity (2013), que también se apoyó en este tipo de plano-secuencia, pues durante casi la totalidad de la película, estamos viviendo el drama de Sandra Bullock perdida en el espacio, en tiempo real, y junto a ella experimentamos ataques de meteoritos, pesadillas, esperanzas de salvación al hallar una base espacial abandonada. Con Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance), es indispensable que el espectador experimente en tiempo real el punto de vista del personaje principal, Riggan Thomson, interpretado por Michael Keaton (salvo en el final, que lo perdemos para estar con Emma Stone), pero con una nueva facultad, que solo nos permite la narrativa cinematográfica: estar conscientes de que sí hay cambios de espacio y tiempo, sin que nuestro cerebro rechace ambas percepciones por incompatibles.

Independientemente del mensaje de la historia, del personaje con aspiraciones de trascenderse a sí mismo, de la crítica-homenaje al mundo del teatro, de la mágica ayuda de un alter-ego mefistofélico, el uso de un plano-secuencia (o toma-secuencia tecnologizada) que niega sus características de secuencia, sin perder el efecto de la percepción del tiempo real, es lo que hace de Alejandro González Iñárritu una especie de D.W Griffith, quien en 1916 demostró que se podían intercortar dos o más secuencias distintas, sin que el espectador se volviera loco.  

< Anterior | Siguiente >