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Los Beatles en Abbey Road

Los Beatles en Abbey Road
Los Beatles en Abbey Road (Fotoarte: Karina Vargas)

En 1969 no había selfies ni Instagram ni se tomaban las fotos con los teléfonos celulares —que tampoco había— así nada más, porque sí. Se requería de una cámara fotográfica, que por más sencilla que fuera, necesitaba tener la luz adecuada, buen enfoque, ojo del fotógrafo y, sobre todo, que el objeto fotografiado estuviera posando para la posteridad.

Así, en aquel agosto de 1969, los cuatro Beatles posaron —como tantas veces lo habían hecho a lo largo de su carrera— para la memorable fotografía que tomó Iain Macmillan a partir de una idea de John Kosh, director creativo de Apple Records.

La intención era hacer la portada del álbum que estaban apenas concluyendo de grabar y que habría de titularse simplemente Abbey Road. El álbum saldría al mercado a finales de septiembre de 1969 y la foto era parte fundamental del diseño.

Después de considerar la posibilidad de una fotografía para la portada tomada en Egipto o en los Himalayas, los Beatles decidieron quedarse en su entorno inmediato para ilustrar su obra. Y es que la calle de Abbey Road, localizada en el distinguido barrio de St. John’s Wood en el noroeste de Londres, era donde se encontraban los estudios de la compañía EMI Music, y donde habían grabado todos sus discos.

Aquella mañana del 8 de agosto de 1969 se tomaron una cuantas fotografías para elegir la mejor. Se escogió una, que fue la que se inmortalizó. En ese momento se generó un referente generacional y una de las imágenes más emblemáticas de la cultura popular del siglo XX.

Desde entonces, la fotografía de los Beatles en el cruce peatonal de Abbey Road ha sido parodiada de todas las maneras imaginables e inimaginables. Y de hecho, algunas de las tomas alternas realizadas ese día han sido vendidas en subastas en cantidades estratosféricas.

Para poder tomar la foto hubo que detener el tráfico por unos minutos y quedó lo que quedó. Tanto el vochito blanco que aparece estacionado al lado izquierdo de la calle como el turista que pasaba por ahí se convirtieron en parte integral de la histórica portada.

Y hoy, como hace 45 años, el cruce peatonal de Abbey Road continúa siendo lugar obligado de peregrinación en toda visita a Londres.

Lo más interesante es que el álbum Abbey Road, al que pertenece la emblemática portada, fue el último álbum grabado por los Beatles en estudio. Para ese momento, las tensiones entre los miembros de la banda se habían agudizado, sin embargo, la madurez creativa y musical de todos ellos era notable. Una vez más, la fortuna de contar con el buen oído y la supervisión paternal de la producción de George Martin fue un elemento definitivo para la consistencia y calidad excepcionales de Abbey Road.

La fotografía retrata la emoción del momento, un momento que detenía el movimiento. Como si en ese cruzar de la calle se presagiara ya la desintegración de los Beatles. El firme caminar, uno detrás del otro, hacia el otro lado de la calle, simbólicamente, hacia un “otro lado”, que nadie, ni ellos mismos, imaginaban lo que sería.

En 1969, como era costumbre en la cultura psicodélica de la época, se suponía que tanto las canciones como las portadas de los discos contenían un mensaje oculto que había que descifrar. Entre otras cosas, el rumor de que Paul había muerto, se mantenía presente desde años atrás y el hecho de que apareciera descalzo en la fotografía para muchos simbolizaba que en verdad ya había fallecido.

El estar descalzo fue una coincidencia, ya que llegó a tomarse la fotografía con sandalias y precisamente en la foto seleccionada, se las había quitado. Paul y los otros tres Beatles aparecen en actitudes totalmente desenfadadas, derecho ganado a través de los años. Desde 1966, habían dejado de dar conciertos; su “descubridor” y mánager, Brian Epstein, había fallecido en 1967, y desde 1968 se habían convertido en empresarios, con su propio sello discográfico, Apple Records. Su vida era otra.

Abbey Road presagiaba, con su portada, el final de los Beatles y, con ello, el final de una década y de toda una era. Entre las canciones extraordinarias que contiene el álbum está “The End”, con la célebre frase: “Y en el final, el amor que tomas es igual al amor que haces”. Una especie de epílogo existencial para toda una generación que en ese 1969 había quedado marcada por la música y la vida de los Beatles.

Julia Palacios

@JuliaPalacios


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