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Adicto al 'perico'

Perico
(Karina Vargas)

PERICO MANDA A SU DUEÑO A ‘EL TORITO’
Al grito de “¡está borracho, está borracho!”, la mascota dio el pitazo a los policías y junto con el infractor cumplió la sanción.
José Antonio Belmont. MILENIO Diario. 12/01/2014. 03:16 AM.

 

Rubén reconoció que era un solterón cuando cumplió 50 años. Por más que se esforzaba, nunca había logrado conquistar a ninguna mujer. Las colmaba de regalos, les escribía poemas y las invitaba a buenos lugares, pero solo se aprovechaban de él y terminaban con algún patán más joven y más guapo.

En su 50 aniversario decidió comprarse una mascota que aliviara su soledad. Deambuló entre las jaulas, mirando perritos, gatitos, peces de colores, pero el animal que conmovió su corazón fue un pequeño perico, quien lo miró con ojos pispiretos y le dijo: “¡Te amo!”

Subió la jaula con el ave dentro de su Chevy azul, y durante el trayecto a su departamento, el perico aclaró: “No soy gay”. Rubén lo miró intrigado, el perico recalcó: “A leguas se nota que estás necesitado de calor, pero a mí no me va el sexo anal, si quieres intentarlo te arrancaré el pene a picotazos”.

Rubén se encogió de hombros, ruborizado, no tanto porque el perico lo hubiese tomado por un depravado, sino porque era la primera vez que alguien, aunque fuera un ser alado irracional, le dejaba muy en claro que se le notaba su desesperación. “Descuida, Fabián”, musitó el hombre solitario, “solo te daré semillas de girasol y únicamente espero que me reconfortes de vez en cuando con tus cariñosas palabras”. “¡Un momento, compadre!”, protestó el Perico, “Antes que nada, no quiero un nombre maricón, olvídate de Fabián, quiero que me llames Ice Daddy. Y nada de semillas, yo como carne con cervezas, como los verdaderos machos, ¿tienes tabaco?” Rubén negó con la cabeza, por lo que Ice Daddy lo hizo parar en un minisúper, para abastecerse de un puro y una lata de cerveza. Conforme consumía sus golosinas, el ave resolvió: “Mira compadre, voy a hacer algo por ti. Alguna vez pertenecí a Charlie Sheen, quiero decir, como mascota, quien me vendió en un momento de quiebra para comprar crack. Conozco algunos trucos que cambiarán tu vida”. Rubén le lanzó una mirada esperanzadora. “Serás el mujeriego que siempre has soñado. Pero tienes que obedecerme en todo. ¿Lo prometes?” “Lo prometo”, y así fue como Rubén le vendió su alma a su mascota.

Ice Daddy le hizo adquirir un préstamo y sacar tarjetas de crédito, para comprar un Lamborghini rojo, un costoso guardarropa de chulo, cadenas de oro, anteojos Ray-Ban, lociones, relojes y drogas que le permitieran liberarse de su timidez.

Rubén seleccionaba sus conquistas mirando sus fotos en Facebook, a quienes mandaba solicitud de amistad. El perico le dictaba sus mensajes por Inbox, que básicamente consistían en decirles lo que ellas querían escuchar: que eran bellas, talentosas e insuperables, compartiendo sus mismos gustos (con datos de discos, programas de tv y películas que sacaba por internet). Luego, Ice Daddy hablaba por teléfono con las chicas, imitando la voz de Barry White, haciendo gala de picante ingenio; cuando las víctimas aceptaban visitar su departamento (redecorado con pieles de fieras salvajes), en la semipenumbra, el perico le daba voz a su amo, quien gozaba plenamente de aquellos cuerpos, mientras el perico vouyerista y lujurioso se masturbaba.

Fue una época de rocanrol, alcohol y cocaína; efectivamente, la vida de Rubén cambió y tuvo todas las mujeres que quiso, pero la factura fue alta: Debía dinero en todas partes: bancos, amigos y dealers lo acosaban; únicamente dormía los domingos y comenzó a sentir ataques de pánico y delirios de persecución. Por un momento, quiso regresar a su apacible vida de solterón, pero le resultaba imposible, ya que Ice Daddy siempre se las arreglaba para sonsacarlo: “Hey, compadre, hoy corre Ajenjo en el hipódromo, ¿Por qué no llevamos a las gemelas danesas que conociste en el club de golf?” “Hoy me siento un poco cansado, quisiera ven una película por televisión y dormir un rato” “¿De qué mierda estás hablando? Quítate el pijama, te prepararé un martini y estarás como nuevo. ¡Carpe diem!” Y así, temiendo no parecer un mediocre Godinitos ante los ojos del gallardo Ice Daddy, regresaba al torbellino pasional en que se había convertido su vida.

Una noche, Ice Daddy lo convenció de robarse el dinero de la empresa donde laboraba Rubén, para continuar su desenfrenada vida de lujos y poder. Se dieron valor con ginebra y perico; ingresó a las oficinas de madrugada, despertando sospechas de los guardias, quienes solicitaron una patrulla; así inició la persecución que duraría cerca de una hora, hasta que perdió a las seis patrullas que lo perseguían. Lo que no pudo evadir fue el alcoholímetro, donde el traidor de Ice Daddy lo delató.

Ambos fueron recluidos esa noche. Mientras Rubén dormía (gracias al paquete de somníferos que tragó al bajar del auto), el perico le guiñó el ojo a una dama cruda que estaba por salir, a quien espetó con dulzura: “¡Te amo!”

Rafael Tonatiuh

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