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Acapulco ¿para qué?

El goberador del estado, Ángel Aguirre ordenó que se mantenga el programa de limpieza a través de la Promotora y Administradora de Playas.
(Javier Trujillo)

Óscar Ocampo

Podríamos decir que al grueso de los capitalinos no nos alcanza para ir a mojarnos las patas a la dorada arena del Acapulco, sin embargo, la realidad es que los clichés no nos gustan y preferimos los encantos de la capirucha, que no le piden nada a los del puerto guerrerense (además, por allá matan). Aquí un comparativo de lo que allá hay pero aquí también

El SISI, parque acuático : ya que no existen más las albercas de Ebrard y Ebrard, las fuentes danzarinas bien pueden servir para irnos a mojar un rato con todo y camiseta puesta para esconder nuestros senos garnacheros.

El Tabares: quién necesita el internacionalmente conocido table dance de Acapulco cuando tenemos una exquisita selección de chicas aquí cerquita, en las oficinas del PRI-DF. Los topogigios de peluche se venden por separado.

El tráfico de la costera: si uno de los atractivos es el desmadre que se origina en la costera Miguel Alemán, aquí podemos irnos a Tláhuac para vivir en carne propia el tráfico y la polución que trajo consigo el cierre de la línea 12.

Refrescante brisa: para sentir una brisa similar a la de Acapulquirri, mi rey, qué mejor que un clásico del subterráneo, hablamos de los ventiladores con brisa del Metro. Puede que el agua que emiten sea poco menos puerca que la de Caleta y Caletilla.

Zona hotelera: si extrañamos el Ritz, la Tortuga, el Presidente y el Romano Palace, acá podemos darnos una vuelta a la zona hotelera de Tlalpan, donde los cincoletras abundan y son más baratos (por hora).

La Quebrada: y para no extrañar a la kamikaze atracción de los clavaditas, podemos visitar a La Quebrada, conocida travesti de la Zona Rosa, famosa por los mameyes que propina.


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