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Lunes , 23.07.2018 / 13:03 Hoy

Hoy hace 50 años el Sargento Pimienta enseñó a tocar a la banda

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EL ÁNGEL EXTERMINADOR

Fernando Rivera Calderón

@monocordio


El Sargento Pimienta cumple 50 años de vida y el mundo que somos no se puede explicar sin esas canciones que lo enloquecieron y revolucionaron. Cuando salió los efectos fueron tan impredecibles como sus trece cortes. Brian Wilson se terminó de quebrar tras escucharlo, al tiempo que Jimi Hendrix hizo una enorme versión del tema Sgt.Pepper´s Lonely Hearts Club Band que estrenaría en un show en Londres a solo tres días de su aparición. Lo que Hendrix no sabía es que perdidos entre el público estaban George Harrison y Paul McCartney asombrados de atestiguar las primeras señales de que habían creado mucho más que un disco con un puñado de bellas canciones.

Esto les pareció bien al principio. Desde su encuentro con Bob Dylan entendieron que las canciones también podían decir cosas importantes, que no solo se trataba de ser guapos y jóvenes y vender muchos discos. Paul lo había intentado previamente cuando escribió “Eleanor Rigby” bajo la premisa de que podía hacer una obra de arte, ¡y vaya que lo logró! En el Sgt.Pepper’s jugaron a lo mismo, pero pronto se dieron cuenta de que habían creado un monstruo que súbitamente puso a toda la prensa musical a reflexionar sobre el sentido de la música, la muerte del pop y el significado secreto de las canciones a tal grado que se hartaron de las lecturas que su obra estaba despertando.

Podríamos decir que el Sgt. Pepper´s dio pie a una sobre significación de la obra de los Beatles que tuvo su momento más trágico dos discos después cuando Charles Manson asumió que los Beatles le mandaban mensajes secretos y señales del apocalipsis, que lo llevaron a cometer diversos crímenes junto a su familia de enajenados.

Ante los insospechados efectos de esta mítica grabación, John Lennon —ya encabronado— dijo: “Está bien que a la gente le guste, pero cuando empiezan a ‘apreciarlo’ y se ponen a sacar conclusiones profundas de todo ello, convirtiéndolo en otra cosa, entonces es todo un montón de mierda. Demuestra lo que siempre hemos pensado del mal llamado arte… Que es un montón de mierda. Apuesto a que Picasso hace trampas. Apuesto a que lleva cagándose de la risa los últimos ochenta años”.

SPLHCB es el pináculo musical de una época donde ocurría una revolución sexual así como otros movimientos por la reivindicación de los derechos de las mujeres, de los migrantes, de gays y lesbianas, afro-descendientes y demás víctimas de la ignorancia y de la intolerancia; pero sobre todo es la obra máxima de lo que podríamos llamar la revolución psicodélica. La liberación de las conciencias a partir de las drogas, particularmente del LSD. Los Beatles lo experimentaron y les transformó profundamente, aunque no de la misma manera. La obra del Sargento Pimienta es una bella traducción musical de ese momento en que el Cuarteto de Liverpool se convirtió en el estandarte de una revolución lisérgica. El bello sueño que años después John declararía terminado.

Lamentablemente el ácido que se tomaron los Beatles no fue igual para todos. Lo que a algunos llevaba al cielo con diamantes, a otros los llevó a la disolución y al aislamiento. Ahí están Brian Wilson y Syd Barret como tristes víctimas de lo que para otros era el nacimiento de una nueva conciencia cósmica.

Detrás de este disco hay muchas historias: las de su mítica portada, bocetada por Paul McCartney en una hoja, y realizada por Peter Blake, en donde puede verse el árbol de la vida de Metepec que —cuenta la leyenda— le mandó Tin Tán a Ringo Starr. Sin embargo, mi historia favorita sobre el Sgt.Pepper´s es la del diálogo musical que se dio entre el genio estadunidense Brian Wilson y los Beatles. Primero Wilson escuchó Rubber Soul y quedó impresionado, le parecía el mejor álbum de todos los tiempos. Tras escucharlo “estuve dos noches sin poder dormir”, comentó en una entrevista. Los hallazgos sonoros y musicales del cuarteto lo catapultaron a la creación de esa obra maestra incomprendida que es Pet Sounds, que de inmediato resonó del otro lado del mundo, aunque el mismo Wilson pensaba que no era tan bueno como Rubber Soul. Los Beatles no compartían el punto. “Pet Sounds fue mi inspiración para hacer Sgt.Pepper´s”, dijo Paul, “cuando lo escuché dije: este es el mejor LP de todos los tiempos, ¿qué vamos a hacer ahora? Se lo puse a John tantas veces que era imposible escapar de su influencia”.

Sabiendo del reconocimiento que los Beatles habían hecho de su Pet Sounds Brian Wilson se puso a trabajar en su ambiciosa sinfonía adolescente llamada Smile, pero todo se vino abajo el día que escuchó en la radio de su auto “Strawberry Fields Forever”, primer anticipo del Sgt.Pepper´s. Brian movió la cabeza y dijo: “lo hicieron ya”. Su amigo Michael Vosse le preguntó que qué era lo que habían hecho. Él respondió: “lo que yo quería hacer”. Wilson sintió que perdió la batalla. Se retiró de la música, sus problemas mentales se agravaron y su ambicioso Smile tuvo que esperar 35 años para ser escuchado. La historia no es feliz pero por lo menos hoy podemos escuchar todas las piezas de esa alucinante charla musical.

Sgt.Pepper´s Lonely Hearts Club Band cambió la manera de crear y de escuchar música. Nos hizo ver que las canciones guardan secretos y que pueden crear mundos fantásticos. Si bien es un disco que reproduce el espíritu de la época, no ha envejecido. Sigue siendo una obra reveladora y visionaria, la más grande de su época, pero bien acompañada por otros trabajos que muestran que los Beatles no llegaron solos hasta allá. Un buen banquete psicodélico para entender ese momento debe incluir Sell Out, de The Who; Their Satanic Majesties Request, de los Rolling Stones; Pet Sounds, de los Beach Boys y por supuesto The Piper and the gates of down, de Pink Floyd, el niño oscuro del verano del amor.

Habría que decir que muchos de los méritos y hallazgos sonoros en estas grabaciones atribuidos a George Martin, Brian Wilson o Phill Spector, entre otros, ya habían sido explorados por el genio mexicano Juan García Esquivel, primero en los discos que realizó para la RCA a finales de los cincuenta para que la gente estrenara sus aparatos estereofónicos y entendiera las posibilidades de ese sonido, y luego en su obra maestra, See it in sound, enlatada 30 años por su misma disquera, que la consideró demasiado extraña para 1960; unos años antes de que los ingleses se quedaran con el crédito de revolucionar la música. Podríamos decir que antes que los Beatles, Esquivel inventó la psicodelia. Y sin haber probado nunca el LSD.

Sin el Sgt.Pepper´s Lonely Hearts Club Band el mundo no sería igual. Sin él jamás habríamos tenido la sarcástica respuesta de Frank Zappa en We´re only in it for the money, misma que molestó a McCartney a tal grado que hizo que Zappa modificara el arte del disco. Una gran parodia crítica del mundo que se debatía entre la guerra y la evasión lisérgica del flower power. Tampoco los Stones hubieran enloquecido un poco en Their Satanic Majesties Request, ni se hubiera filmado esa alucinante película mejor conocida como Yellow Submarine. No existiría esa versión maravillosa de With a little help from my friends de Joe Cocker y el Grupo Morsa invertiría mucho menos en vestuario.

Para muchos, este disco es la obra maestra del pop, para otros del rock, unos dicen que es ácid rock o rock psicodélico. Personalmente creo que debería inscribirse más en una corriente literaria. El Sgt.Pepper´s Lonely Hearts Club Band es más una obra de realismo mágico, al más puro estilo de “Cien años de Soledad”, de Gabriel García Márquez, curiosamente también publicada en 1967, donde la realidad y lo fantástico se mezclan incesantemente y los sonidos de pronto remiten a otros tiempos con un dejo de sorna.

Al final del libro “Vida y milagro de Sgt.Pepper´s Lonely Hearts Club Band”, de Clinton Heylin, cita una entrevista con Paul McCartney sobre el disco visto a la distancia: “Algo como Pepper era absolutamente inevitable. Simplemente tenía que ocurrir. Cuando finalmente ocurrió, fue apocalíptico. Era una fiesta que tenía que producirse a causa de todo ese pensamiento victoriano con el que habíamos crecido”. Una fiesta que muchos conjuramos de vez en cuando escuchando nuevamente esta obra de resonancia infinita.

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