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Sábado , 23.06.2018 / 17:38 Hoy

50 años con Masters y Johnson

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EL SEXÓDROMO

Verónica Maza Bustamante

elsexodromo@hotmail.com

@draverotika

FB: La Doctora Verótika


Ella se llamaba Virginia y era una mujer adelantada a su tiempo o, quizás, acorde a él pero con una libertad de ser, saber, comprender y sentir poco conocida en la década de los cincuenta del siglo pasado. Él se llamaba William y era un investigador serio que logró romper las barreras del qué dirán para embarcarse, junto con ella, en una exploración inaudita de las profundidades del ser humano. Juntos, son Masters y Johnson, pioneros en el estudio de la conducta sexual humana, un hito en la historia de la sexualidad, los ahora llamados “maestros del sexo”.

Si no fuera porque la serie de televisión Masters of Sex nos acerca a su vida, quizá muchos lectores pensarían que estos calificativos son exagerados, pues jamás habían oído hablar de ellos (a menos que su juventud hubiera acontecido en los setenta), pero quienes nos dedicamos a la sexología sabemos del gran impacto y, sobre todo, del enorme valor de sus investigaciones. Hoy en día, en buena medida debido a ellos, la ciencia sigue metida en asuntos relacionados con la sexualidad y gracias a eso cada vez conocemos un poco más sobre nosotros, aunque nunca lo suficiente, pero lo suyo fue una verdadera revolución en la comprensión del deseo, el placer y, en general, el ser de los humanos, bases para que las personas se pueden acercar al bienestar.

En conjunto estudiaron la respuesta sexual humana —su gran aportación científica— y fue hace ya medio siglo, en 1966, cuando publicaron los resultados de su investigación, explicando el conjunto de cambios físicos y hormonales que experimentan las personas ante el estímulo sexual, los cuales englobaron en un ciclo de cuatro fases, con sus propias características según el sexo: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

Pareciera que esto es información exclusiva para estudiosos, investigadores o médicos, pero es algo que modificó el mundo a nivel social, cultural, científico. Que años después impactó lo mismo en los medios de comunicación que en las religiones, a las parejas que al crimen organizado, a la vivencia personal y a la colectiva. ¿Se imaginan cómo era no saber que eso que se vive durante la fase de la excitación o la meseta es común y satisfactorio, sino pensar que algo estaba mal o se había caído en una posesión demoniaca? ¿Qué significaba vivir sin saber que todas las mujeres podrían sentir orgasmos y no únicamente aquellas que se querían curar “la histeria”? ¿Que los hombres no comprendieran cómo funciona el periodo refractario y supusieran que algo había mal en ellos porque no podían recuperar la erección de inmediato o, por el contrario, que los encuentros llegaban hasta ahí y no había posibilidad de seguir en el hedonismo erótico?

Además de la respuesta sexual humana, William y Virginia estudiaron muchos temas más: la masturbación, la homosexualidad, la capacidad multiorgásmica femenina, la incompatibilidad sexual humana. También desarrollaron técnicas terapéuticas de comunicación sexual (que ahora se integran, en ciertos casos, en la terapia sexual de pareja), le dieron una base científica y respaldaron la idea de que el placer es un derecho y una posibilidad tanto para hombres como para mujeres e impulsaron los anticonceptivos, pues les tocó vivir la era de la píldora.

Este año, en el que se celebran 50 de la aparición de su primer libro, Respuesta sexual humana (con el que Masters dio una clase de igualdad de género al firmarlo junto con Johnson en una época en que las mujeres no podían pasar de secretarias o asistentes), vale la pena recordarlos, quitarse el sombrero ante su trabajo y abogar porque universidades e institutos continúen con su legado en la investigación relacionada con la sexualidad humana.

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WILLIAM MASTERS

“Todos usamos en mayor o menor grado la fantasía. Es una forma de autoestimularnos. Nos ayuda a pasar de donde estamos a donde queremos estar, cuando la ocasión lo permite. La fantasía es un puente, y puede ser muy útil.”

“(Que el hombre limite la expresión erótica de la mujer) puede privarlo de su propio placer; disminuyen sus probabilidades de vivenciar esa forma total de respuesta corporal que ofrece el coito. Claro que si un hombre jamás lo ha experimentado, no sabe lo que se pierde. Pero una vez que llega a vivenciarlo, se puede apostar que lo querrá de nuevo. A la larga, la tendencia hacia la igualdad sexual significará muchísimo, tanto para el hombre como para la mujer.”

“El aburrimiento resulta también de lo que se podría llamar, y con justicia, especialización laboral en el dormitorio. Tal es, en efecto, la consecuencia de estereotipar los roles sexuales. Ahí, cada miembro de la pareja tiene su propia responsabilidad particular. Del marido, por ejemplo, se espera que inicie el contacto sexual, porque tanto él como su mujer creen que eso es ‘tarea’ del hombre. Así es como la secuencia de lo que sucede se vuelve completamente rutinaria y, tarde o temprano, la relación sexual se hace superficial y, finalmente, objetable.”


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VIRGINIA JOHNSON

“Ser solicitado, ser deseado —e inversamente, desear y solicitar—, son cosas de importancia básica en un matrimonio. Es eso lo que se debe salvaguardar. Cada uno de ustedes debe sentirse libre para acercarse al otro y expresar su deseo físico, y expresarlo incluso con urgencia, si eso es lo que sienten.”

“Cualquier mujer que exija el derecho de la culminación sexual de la misma manera que exige los mismos derechos laborales, ignora lisa y llanamente la fisiología sexual. Para alcanzar la igualdad, debe preservar aquellos aspectos de sí misma, en cuanto mujer, que el varón ha aprendido a valorar… porque de ellos depende su propia reacción fisiológica. Eso no significa que la mujer tenga que fingir ni fastidiar ni manipular, como tampoco someterse o representar ninguno de los mil y un papeles que se escribían para ella en el pasado.”

“El sexo no hay que categorizarlo, no hay que convertirlo en una ‘cosa’ que se reserva para una ocasión específica o para usos específicos… es peligroso dejar que las tareas y responsabilidades cotidianas se interpongan entre marido y mujer, de modo que constantemente se esté posponiendo el placer de estar cada uno en compañía del otro porque siempre hay trabajo que hacer.”*

* Masters y Johnson. "El vínculo del placer". Editorial Grijalbo, 1978.

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